Archivo mensual: enero 2014

24 de Enero de 1915: una breve esperanza

“Justo antes de la medianoche, se hizo una grieta en el hielo de unos cinco metros de ancho y de kilómetro y medio de largo, cincuenta metros delante de la embarcación.” (Sur, p. 81).

Solo cinco días después de que el barco quedara atrapado se abrió una posible vía de escape, que se ensanchó aún más al día siguiente.

Shackleton y su tripulación intentaron por todos los medios posibles sacar el barco de donde estaba para que entrara en el canal, pero resultó imposible.

Tal y como describiría uno de los hombres, el barco estaba tan inmóvil “como una avellana en el medio de una tableta de chocolate”.

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19 de Enero de 1915: el Endurance atrapado

“Nuestra posición la mañana del 19 era 76o 34’ de latitud S, 31o 30’ de longitud O. El tiempo era bueno, pero no pudimos avanzar. El hielo había encerrado el barco durante la noche y, desde cubierta, no se podía ver agua en ninguna dirección.” (Sur, p. 79).

76o 34’ S, 31o 30’ O

76o 34’ S, 31o 30’ O

Shackleton continuaba intentando abrirse paso hasta el punto en el que debía atracar para comenzar la expedición a pie a través de la Antártida. Sin embargo, como venía ocurriendo desde días atrás, la navegación era francamente difícil. En muchas ocasiones debían utilizar el Endurance como rompehielos, embistiendo placas de hasta un metro de grosor aprovechando todo su empuje para partirlas en dos y así proseguir el avance.

La noche del 18 de enero decidió detenerse y esperar a que las condiciones cambiaran debido a que el avance se hacía prácticamente imposible.

Sin embargo, la mañana del día 19 el Endurance amaneció atrapado por el hielo, apenas a 50 kilómetros en línea recta hacia la costa.

Este no era un problema del todo infrecuente en los viajes de exploración que se dirigían a la Antártida, dado que navegaban entre placas de hielo y en ocasiones estas se cerraban aprisionando a los navíos. Lo más aconsejable en esas circunstancias, y debido a que no parecía posible arrastrar todo el equipo hasta tierra firme, era esperar a que el hielo liberase el barco.

Como es conocido, el bergantín no saldría ya de su encierro nunca, y moriría engullido por las aguas heladas de la Antártida meses más tarde, tras una lenta agonía. Sin embargo, todas las veces que se ha contado esta historia se ha omitido un detalle importante: ellos no lo sabían.


Los primeros días de 1915 en la Antártida

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El Endurance en la banquisa

El año de 1915 encontró a Shackleton y a su tripulación navegando entre los témpanos de hielo, con escasas oportunidades de navegar hacia el sur. Esta situación fue aprovechada para amarrar el Endurance a una placa y jugar un insólito partido de fútbol. El día de Reyes, aún amarrados, aprovecharon para hacer un poco de ejercicio con los perros.

De nuevo, tanto el fútbol como el entrenamiento con los perros hacían imposible pensar en lo que ocurriría apenas diez días más tarde. Y desde luego, contrastaba con uno de los peligros que en aquellos momentos les acompañaba: las orcas habían desarrollado el hábito de observar por encima de las placas de hielo buscando focas que se encontraran descansando. Y, a continuación, sumergirse y atacarlas desde abajo, a través del hielo. El problema, tal y como el mismo Shackleton escribe en su diario, es que estos animales no establecían diferencias entre las focas y los seres humanos.