Archivo mensual: febrero 2014

24 de Febrero de 1915: Shackleton convierte el Endurance en una estación de invierno

Para el 24 de Febrero había quedado claro que no se liberarían del hielo, así que Shackleton decidió hacer planes para convertir el barco en una estación de invierno. Esto incluía cambiar la rutina de la tripulación, acondicionar espacios para la vida a bordo (una serie de cubículos que llamarían The Ritz) y construir habitáculos para los perros sobre el hielo (dogloos). A partir de entonces el trabajo consistiría esencialmente en el entrenamiento de los equipos y el aprovisionamiento.

NSW State Library a285005h

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Sin embargo, lo más difícil no era establecer un sistema para afrontar los meses venideros, sino comunicar a los hombres que, hasta que las circunstancias cambiaran, el barco quedaría detenido en un mar de hielo e incertidumbre. Peor aún, que el invierno se acercaba, y con él las bajas temperaturas, la noche eterna y la escasez de provisiones.

Macklin, uno de los médicos, recogió  en su diario la forma en que su jefe gestionó aquella situación:

“Shackleton mostró en ese momento uno de sus destellos de verdadera grandeza. No se enfureció en absoluto, ni mostró el más ligero signo externo de disgusto; simplemente nos comunicó con calma que pasaríamos el invierno en la banquisa, nos explicó los peligros y posibilidades; nunca perdió su optimismo, y se preparó para el invierno”.

Este es uno de los ejemplos más claros de la impresionante capacidad que Shackleton tenía para el liderazgo: no solo fue completamente consciente de la situación y afrontó la adversidad con verdadero realismo, sino que transmitió el mensaje de una manera sosegada, explicando con detalle las amenazas y las oportunidades, y se dispuso a enfrentar con serenidad lo que el futuro traería. Y, por encima de todo, brillaba su legendario optimismo, una emoción positiva que era capaz de contagiar a sus hombres y que, en gran medida, fue una clave del éxito de la expedición Endurance.


14 de Febrero de 1915: segundo intento de liberar el Endurance

“La segunda mitad de febrero no produjo un cambio importante en nuestra situación. El 14, por la mañana temprano, ordené una buena carga de vapor a las máquinas y envié a todos los hombres a la placa con cinceles para hielo, punzones y piquetas.” (Sur, p. 86).

Poco más tarde de que se abriera la vía en el hielo, Shackleton intentó por segunda vez liberar el barco. La tripulación se esforzó a fondo en ello, pero resultaba una lucha imposible porque, a pesar de que lograron avanzar hasta un punto, cada metro que ganaban al hielo a partir de ahí, se volvía a congelar rápidamente. Cuando llevaban más de un día trabajando Shackleton se dio cuenta de que no lo conseguirían, y dio la orden para que se detuvieran. Esto constituyó una importante desilusión para los hombres, que se habían afanado a fondo. Sin embargo, pese al titánico esfuerzo que habían hecho, aún cuatrocientos metros de hielo separaban un barco de trescientas cincuenta toneladas de la vía más cercana.

Meses más tarde Shackleton tendría la sensación de que el barco jamás ganaría la desigual lucha contra el hielo, y pronunciaría unas certeras y premonitorias palabras que mostraban al tiempo su profundo conocimiento de la Antártida y el temor de que todo acabara en tragedia:

“lo que el hielo conquista, el hielo se lo queda”.