Archivo mensual: marzo 2014

31 de Marzo de 1915: la deriva

“Nuestra deriva total entre el 19 de enero, cuando el barco quedó atrapado en el hielo, y el 31 de marzo, período de setenta y un días, había sido de ciento cincuenta y dos kilómetros en una dirección norte 80º oeste”. (Sur, p. 100).

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Muy pronto apareció uno de los más silenciosos y sin embargo peligrosos compañeros de camino en la expedición Endurance: la deriva. En el mar de Weddell, que se encuentra en una bahía circular, hay un constante movimiento de las aguas en el sentido de las agujas del reloj. Los témpanos de hielo se dejan arrastrar por esa corriente, llevando consigo todo lo que está en su superficie, como era el caso del barco, el campamento y la tripulación que lo habitaba. Esa deriva era incontrolable e impredecible, y de momento les estaba alejando del punto donde debían haber llegado, que es donde alguien enviaría ayuda en el caso de que nadie supiera de ellos durante un tiempo prolongado, haciéndola inservible. Por otro lado, la corriente podía también provocar cambios en la temperatura y la estructura del hielo que atentaran contra la integridad del barco. En ese contexto, la observación de la posición en la que se encontraban cada día, y por tanto del efecto de la deriva, se convirtió en una preocupación habitual para Shackleton y su tripulación.


10 de Marzo de 1915: el Ritz

“Las dependencias de la entrecubierta se terminaron para el 10, y los hombres tomaron posesión de los cubículos que se habían construido”. (Sur, p. 95).

El 10 de Marzo El Ritz quedó terminado. Estaba dividido en varias estancias, a los que la tripulación también bautizó con diversos nombres: The Billabong, Auld Reekie, The Nuts, The Sailor´s Rest, The Anchorage y The Fumarole.

Shackleton permaneció solo a popa, acaso como una consecuencia de la distancia que solía mantener con los miembros de su tripulación a fin de conservar su autoridad. Una de las claves de la efectividad de su mando era la adecuada combinación entre ese espacio que mantenía con sus hombres, su honda preocupación por ellos, la activa gestión que hacía de las actividades para mantener la unidad del grupo y la rapidez y eficiencia con la que resolvía los conflictos.

Como era su costumbre, Shackleton estableció una nueva rutina que sirviera de marco a las actividades del día, con toda seguridad consciente de que, ahora más que nunca, era necesario imprimir un ritmo que les alejase del caos y la desorganización: el desayuno se servía a las 9.00, el almuerzo a las 13.00, el té a las 16.00 y la cena a las 18.00.

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