30 de Octubre de 1915: se tiraron los soberanos y se guardaron las fotografías

“Será mucho mejor para los hombres en general sentir que, aunque el progreso sea lento, están en camino hacia la tierra, en vez de simplemente permanecer sentados y esperar a que la ansiada deriva hacia el noroeste nos libere de este cruel desierto de hielo. Haremos el intento de avanzar. No depende de mí predecir o controlar.” (Sur, p. 157).

En medio de la conmoción que supuso la pérdida del barco, Shackleton propuso el único plan que podía darles una oportunidad de sobrevivir. Cargarían un mínimo de pertenencias personales, en torno a un kilogramo por persona, en los tres botes salvavidas que tenían, y los empujarían hacia el norte, buscando mar abierto para navegar con ellos hasta una de las islas al norte del mar de Weddell.

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Si se tiene en cuenta que cada uno de los botes cargados pesaba en torno a una tonelada, y que el hielo sobre el que estaban no era una superficie lisa, es fácil concluir que la tarea era titánica. La otra opción era simplemente esperar a que la deriva les llevase hasta el norte. Pero Shackleton sabía que, al menos durante los primeros momentos, los hombres necesitaban un objetivo por el que luchar, pues de otro modo la desesperación acabaría con su moral y potencialmente con su vida.

Evidentemente la selección de los objetos que cada hombre portaría se hizo según un criterio afectivo, y así fue como los hombres de Shackleton comenzaron a aprender que la auténtica lucha por la supervivencia no acababa sino de empezar.

“Un hombre en tales condiciones necesita algo en que ocupar sus pensamientos, algún recuerdo tangible de su hogar y de las personas que dejó al otro lado del mar. Por lo tanto, se tiraron los soberanos y se guardaron las fotografías. Arranqué la guarda de la Biblia que la Reina Alejandra le había entregado al barco, escrita por ella misma, y también la hermosa página de Job que incluye el siguiente versículo:

«¿De qué seno sale el hielo?
Quién da a luz la escarcha del cielo,
cuando las aguas se aglutinan como piedra
y se congela la superficie del abismo?»
(Job 38: 29-20).”

(Ibíd., pp. 158-9).

 


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