Archivo mensual: enero 2015

26 de Enero de 1916: escasez de agua y alimentos

“Hoy, 26 de enero, cazamos un pingüino de Adelia y apareció otra ballena en las cercanías, pero ninguna foca. Nos queda muy poca grasa y, por consiguiente, hay que clausurar una de las cocinas. Sólo recibimos una bebida caliente por día, el té del desayuno. Durante el resto del día bebemos agua helada. A veces, incluso, nos falta el agua, entonces nos llevamos a la cama unos pocos trozos de hielo en una lata de tabaco. Por la mañana, hay casi una cucharada de agua en el lata, y uno tiene que permanecer inmóvil para no derramarla.” (Sur, p. 195).

Con el año nuevo comenzaba la que posiblemente iba a ser una de las peores etapas de la expedición Endurance. La Antártida es el desierto más grande del mundo, con más de trece mil kilómetros cuadrados. Ello explica la terrible paradoja de que, a pesar de vivir sobre el hielo, los hombres experimentaran escasez de agua. Hay que hacer serios esfuerzos de imaginación para pensar en cómo es la vida cuando uno tiene que tener a su  lado mientras duerme un poco de hielo en una lata de tabaco, con cuidado para no verterla, con el único propósito de tener apenas un sorbo de agua por la mañana.

El otro gran peligro era la escasez de alimentos. De hecho, a causa de ello no hubo otro remedio que sacrificar a casi todos los perros, excepto dos grupos que de momento sobrevivieron. Ello debió suponer un impacto en el ánimo de la tripulación, puesto que estos animales, además de una fuente de actividad, también significaban una compañía para los hombres.

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Enero de 1916: elogios para el cocinero

“El cocinero merece grandes elogios por la manera en que se ha comprometido con su trabajo en medio de toda esta severa ventisca. El espacio de su cocina consta solo de unas pocas cajas dispuestas a la manera de una mesa, con una pantalla de lona levantada a su alrededor sostenida sobre cuatro remos y las dos cocinas de grasa en el interior. La protección que brinda la pantalla es solo parcial, y los remolinos llevan el humo acre de la grasa en todas las direcciones.” (Sur, p. 194).

Shackleton no perdía oportunidad de elogiar a Charles Green, el cocinero. Siendo una época en la que la ciencia de la nutrición ni siquiera estaba en sus inicios, llama la atención la gran preocupación que Shackleton tenía en todo momento por la comida, debido sin duda a la importancia que le daba, no solo como alimento, sino también como regulador del estado de ánimo de los hombres.

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Green fue uno de los últimos reemplazos que hizo Shackleton en su tripulación, ya en Buenos Aires, debido a que la persona que ocupaba esa posición bebía demasiado. Su labor fue ejemplar durante toda la expedición, y resultó tan agotadora que en Isla Elefante un día simplemente se desplomó.

Su historia es igualmente curiosa y dramática, porque cuando por fin regresaron descubrió que su familia, pensando que había fallecido, se había gastado todo el dinero del seguro, y además su novia se había casado con otro hombre. Como no podía ser de otra manera, Charles Green se enroló de nuevo en una aventura con Shackleton: la expedición Quest.