Archivo mensual: marzo 2015

23 de marzo de 1916: tierra a la vista

Joinville Island blog shackleton jesus alcoba

Isla Joinville

 

“Esta mañana se informó de que había tierra a la vista. Nos sentíamos escépticos, pero esta tarde se la vio en forma inequívoca hacia el oeste, y no puede haber más dudas al respecto. Se trata de la isla Joinville y de sus cordilleras dentadas, todas cubiertas de nieve, visibles en el horizonte. Esta tierra que se veía yerma e inhóspita sería un lugar de refugio para nosotros si pudiéramos llegar a ella. No obstante, sería ridículo hacer el intento, con el hielo roto como está, demasiado suelto y quebrado para avanzar sobre él, aunque no demasiado abierto para poder botar las embarcaciones.” (Sur, p. 207).

Los hombres de Shackleton habían seguido su deriva hacia el norte siguiendo la corriente que, en el sentido de las agujas del reloj, circula en el mar de Weddell. Y en un momento dado, apareció frente a ellos la isla Joinville, cuya posición es 63°15′S 55°45′O, en la punta de la península antártica. Mide tan solo unos sesenta por veinte kilómetros y está casi por completo cubierta de hielo, pero a un así a los hombres les pareció un refugio más seguro que el témpano de hielo sobre el que estaban derivando.

En ese momento apareció uno de los grandes dilemas de esta fase de la expedición. Con las islas de la península antártica a una distancia razonable, aparecía de manera cada vez más clara la oportunidad de bajar los botes al agua para intentar ganar tierra firme.

El momento de lanzar las embarcaciones, sin embargo, no parecía sencillo de determinar. Si lo hacían demasiado pronto, es decir, con excesivo hielo, no podrían abrirse paso a través de la banquisa y quedarían atrapados en el agua, con todas sus pertenencias en tres pequeños botes salvavidas, pues subirlos a un témpano de hielo era una tarea de extraordinaria dificultad, debido a su peso y a las condiciones de hielo. Por el contrario, si esperaban demasiado, el témpano de hielo sobre el que vivían podría partirse en dos, dejándoles caer al agua con el consiguiente riesgo de muerte por hipotermia.


Marzo de 1916: el incidente de la foca leopardo

“Ahora nuestras comidas consistían casi por completo en carne de foca, con una galleta al mediodía, y calculé que a esa velocidad, previendo que se cazaría un cierto número de focas y pingüinos, podríamos durar casi seis meses.” (Sur, pp. 200-201).

Marzo de 1916 no fue un mes especialmente intenso en cuanto a incidencias, pues en el diario de Shackleton apenas ocupa unas pocas páginas. Fundamentalmente continúan las constantes alusiones a la comida y al hambre que estaban pasando. Aún quedaban raciones para cuarenta días que estaban destinadas a los viajes en trineo (que nunca llegarían a realizarse), pero Shackleton eran consciente de que de momento no podían tocarlas, pues en el momento en que por fin pudieran lanzar los botes al agua para escapar del hielo tendría que aumentar las raciones considerablemente.

Quizá uno de los episodios más llamativos ocurrió el día en el que una foca leopardo saltó al témpano sobre el que estaban y atacó a uno de los hombres. Las focas leopardo son animales grandes, dotados de dientes afilados y altamente peligrosos para los seres humanos. La que atacó a Orde-Lees medía casi cuatro metros y pesaba en torno a los 500 kilos. Afortunadamente Wild se dio cuenta y, de manera sorprendente, en el mismo lapso en el que la foca saltó a la placa y amenazó a Orde-Lees, a él le dio tiempo a coger su rifle, apuntar, disparar y abatirla de un solo tiro. Una prueba más de la experiencia, preparación y valor de Frank Wild, hombre de confianza de Shackleton y sin duda uno de los grandes héroes de la expedición Endurance.

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