9 de abril de 1916: por fin, hacia Isla Elefante

“El día siguiente fue domingo 9 de Abril, pero no fue un día de descanso para nosotros. Muchos de los acontecimientos importantes de nuestra expedición ocurrieron los domingos, y este día en particular sería testigo de una partida obligada de la placa en donde habíamos vivido durante seis meses y del inicio de nuestro viaje en los botes.” (Sur, p. 216).

Por fin, de una manera ciertamente extraña, un poco por propia decisión, y otro poco impulsado por los acontecimientos, llegó el gran día de la partida. Como en tantas otras ocasiones, cuesta imaginar lo que debió ser para aquellos hombres abandonar la placa de hielo en la que, es cierto, de modo muy precario, habían encontrado refugio durante tanto tiempo. Lanzarse en aquellos pequeños botes al agua en medio de una Antártida siempre hosca e impredecible debió ser duro. En esos momentos, sin embargo, Shackleton encuentra fuerzas para reflexionar acerca de las cosas importantes en la vida:

“Los adornos de la civilización pronto se dejan de lado frente a realidades severas, y si el hombre tiene la mínima posibilidad de obtener comida y refugio, puede vivir e, incluso, descubrir que su risa es verdadera.” (Sur, p. 218).

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La primera noche, sin embargo, el infortunio volvería a golpearles. Lograron subir a uno de los témpanos de hielo para hacer noche, pero desafortunadamente éste se abrió en dos dejando caer a un hombre al agua. Afortunadamente Shackleton, haciendo gala de una rapidez y de una fortaleza formidables, logró sacarle antes de que su vida estuviera gravemente comprometida. Sin embargo, se quedó solo en uno de los dos fragmentos de hielo en los que quedó dividido el témpano, y a punto estuvo de perderse en la inmensidad oscura de aquel mar si no llega a ser porque lanzaron un bote para rescatarle. Escribió:

“Por un momento, sentí que el trozo de placa sobre el que yo estaba y que no cesaba de moverse era el lugar más solitario del mundo.” (Sur, p. 221).

Aquella noche aprendieron algo terrible, y es que no podrían intentar ese tipo de desembarco para pernoctar y descansar nunca más. A partir de ahí, deberían hacer noche en los botes salvavidas.


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