30 de abril de 1916: bien encaminados

“Cuando amaneció el séptimo día, no había mucho viento. Soltamos la mano de rizo de la vela y volvimos a poner rumbo, una vez más, hacia Georgia del Sur. El sol apareció resplandeciente y limpio, y en ese momento, Worsley pudo calcular la longitud. Esperábamos que el sol permaneciera claro hasta el mediodía, de modo que pudiéramos obtener la latitud. Habíamos pasado seis días sin hacer observaciones, y nuestro cálculo a ciegas era, naturalmente, incierto.” (Sur, p. 288).

Como Shackleton escribió, el relato del viaje en el James Caird hacia Georgia del Sur es del de una lucha suprema contra los elementos. La lista de todas y cada una de las dificultades que tuvieron que superar aquellos hombres es prácticamente infinita. Para empezar, el agua brava constantemente saltaba sobre el bote empapándolo todo. Como en esa latitud todo lo que se moja se congela, sus ropas y sacos de dormir también lo hacían. Por si eso fuera poco, una capa de hielo cada vez más gruesa se formaba en la cubierta, amenazando con hundir el bote. Jugándose la vida, los hombres tenían que subir a la resbaladiza cubierta manteniéndose como podían contra la zozobra para intentar picar el hielo y así aligerar el bote. Además habían lastrado la embarcación para mejorar su comportamiento con una tonelada de rocas, que yacían en el fondo y sobre las que tenían que dormir. Eso sin contar con que sus provisiones de agua eran escasas, dado que uno de los barriles se había golpeado, dejando entrar agua de mar.

James Caird Society-Thomson

James Caird Society-Thomson

A pesar de todo, el séptimo día salió el sol, y aquello fue como un bálsamo para los hombres. Shackleton, haciendo gala una vez más de su tenaz optimismo, escribió: “Ese día, nos deleitamos con el calor del sol. Después de todo, la vida no era tan mala. Sentimos que estábamos bien encaminados.”

Con todo ello, una de las mayores dificultades consistía en mantener el rumbo, dado que el material con el que contaban era mínimo. Georgia del Sur dista 1.300 kilómetros de Isla Elefante, y mide tan solo 150 kilómetros por su lado más ancho. Es decir, una mínima desviación provocaría que pasaran de largo la isla sin siquiera verla, perdiéndose para siempre en las aguas del océano.

Afortunadamente ese día al mediodía pudieron comprobar que la sensación de Shackleton era correcta. Las observaciones de Worsley determinaron que habían recorrido más de 380 millas y se estaban aproximando a la mitad del camino.

 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: