20 de mayo de 1916: Stromness, al fin

Stromness (c) Jesús Alcoba 2014

Stromness (c) Jesús Alcoba 2014

“A las 6:30, pensé que había oído el sonido del silbato de un barco de vapor. No me atrevía a afirmarlo, pero sabía que los hombres de la estación ballenera se levantarían cerca de esta hora. Cuando bajé al campamento, se lo conté a los otros y, con intensa excitación, miramos el cronómetro esperando las 7:00, cuando los balleneros serían llamados a trabajar. Justo en ese minuto, el silbido llegó hasta nosotros, traído claramente por el viento a través de los kilómetros de roca y nieve que nos separaban. Ninguno de nosotros había oído jamás una música más dulce. Era el primer sonido creado por otros seres humanos que llegaba hasta nuestros oídos desde que partimos de la bahía Stromness en diciembre de 1914 (…) Fue un momento difícil de describir. El dolor y el sufrimiento, los viajes en bote, las caminatas, el hambre y la fatiga parecieron pertenecer al limbo de las cosas olvidadas, y sólo quedaba la satisfacción total que llega con la tarea cumplida” (Sur, p. 330).

Fueron momentos de una intensidad formidable. Aquellos tres hombres habían sufrido todo tipo de penurias, privaciones y adversidades, pero al fin lograron su recompensa. Tras oír el silbato, lo más apresuradamente que pudieron recorrieron el camino hasta Stromness. Al llegar buscaron al jefe de la estación, Thoralf Sorlle, a quien conocían, pero este no les reconoció. La leyenda dice que cuando al fin aquel andrajoso vagabundo se identificó como Ernest Shackleton, Sorlle se echó a llorar.

Los investigadores han querido ver en la prosa que Shackleton utilizó para recrear el momento de la llegada la intención de crear una narrativa de corte profundo y espiritual, como debió ser su vivencia. De hecho, los tres expedicionarios coincidieron en que durante todo el viaje habían sentido la presencia de un cuarto caminante a su lado. Es la idea del acompañante espiritual que aparecería más tarde en La tierra baldía del poeta T.S. Eliot, dentro del poema Lo que dijo el trueno: “¿Quién es ese tercero que camina siempre a tu lado? / Cuando cuento, solo somos dos, tú y yo, juntos / pero cuando miro delante de mí sobre el blanco camino / siempre hay otro que marcha a tu lado”. 

Esa narrativa intensa, llena de sentido, tiene su punto culminante en las frases que Shackleton escribió para expresar la profundidad de su vivencia. Es imposible escoger mejores palabras:

“Habíamos sufrido, pasado hambre y triunfado, nos habíamos arrastrado y nos habíamos aferrado a la gloria, habíamos crecido en la inmensidad del todo. Habíamos visto a Dios en Su esplendor, oído el texto que nos brinda la Naturaleza. Habíamos llegado al alma desnuda del hombre.” (Sur, p. 335).

 


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