Archivo mensual: junio 2015

25 de junio de 1916: tormentas de nieve y vientos del noreste

“Así continuó, alternando entre tormentas de nieve del suroeste, durante las cuales estaban todos confinados en la cabaña, y los vientos del noreste que traían tiempo frío, húmedo y brumoso. El 25 de junio, se registró una severa tormenta del noreste, acompañada de fuertes vientos y un mar revuelto que penetró en la pequeña playa hasta llegar a escasos cuatro metros de su cabaña.”

Isla Elefante era un lugar inhóspito. Como lo era en particular Point Wild, el lugar donde los hombres habían establecido su campamento. Hacia mediados de mayo se levantó una ventisca que soplaba con rachas de hasta ciento cincuenta kilómetros por hora, en eso muy parecida a la que les recibió cuando llegaron a la isla. Con la diferencia de que esta levantaba láminas de hielo del tamaño de una ventana y de un centímetro de grosor, que amenazaban con producir severos daños a quien encontraran caminando por ahí. Por extraño que parezca, sin embargo, este viento que venía del sur era bien recibido por los hombres, puesto que alejaba la banquisa de la isla haciendo más viable un posible rescate.

Point Wild (c) Jesús Alcoba 2014

Point Wild (c) Jesús Alcoba 2014


18 de junio de 1916: 900 terrones de azúcar

“Para el 18 de junio, quedaban solo 900 terrones de azúcar, es decir, apenas algo más de cuarenta piezas por persona (…) En estas circunstancias, no es sorprendente que todos sus pensamientos y conversaciones se centraran en la comida, en banquetes pasados y futuros, y en segundas porciones que alguna vez habían rechazado.” (Sur, p. 378).

Son muchos los lugares del diario de Shackleton en los que se hace alusión a la comida: inventarios, cálculos, ingredientes, recetas, y un sinfín de detalles más dan muestra de que realmente la alimentación constituía una gran preocupación.

Sin embargo, lejos de intentar no pensar en ello, de todos los temas  de conversación que surgían en aquel grupo de náufragos antárticos la comida ocupaba un lugar preponderante. Los hombres se entregaban a entretenidos diálogos sobre sus platos favoritos, dando la la impresión de que aquellas conversaciones saciaban en parte su necesidad de comida. En aquel mes de junio en el que se hizo recuento de los terrones de azúcar que restaban se realizó un censo según el cual cada hombre debía decir qué le gustaría comer, si fuera posible conseguir cualquier tipo de comida. El plato más votado fue  budín de sebo. A partir de ahí los marineros fueron aportando sus ideas por turno y aquello acabó en una animada conversación sobre  diferentes platos y preferencias culinarias.

Marston, uno de los artistas de la expedición, había traído consigo un libro de cocina. Otro de los entretenimientos favoritos de los marineros era leerlo por la noche, pero solo una receta cada vez, a fin de poder disfrutarlo más tiempo. La receta era comentada por todos, y se realizaban aportaciones y sugerencias, con lo que al final los hombres se dormían pensando en suculentas recetas que servían de compensación imaginaria a la precaria situación alimenticia en la que se encontraban.

 

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10 de junio de 1916: el Instituto de Pesca Nº1

“El Almirantazgo británico me informó que no había ningún buque apropiado en Inglaterra y que no podía esperarse ninguna ayuda antes de octubre. Contesté que octubre sería demasiado tarde. Entonces, el ministro británico en Montevideo me telegrafió y me informó acerca de un buque de arrastres llamado Instituto de Pesca Nº1, perteneciente al Gobierno uruguayo. Era un barco pequeño y resistente, y el gobierno generosamente se había ofrecido a equiparlo con carbón, provisiones, ropa y otros elementos y enviarlo a las Islas Falkland para que yo lo llevara a isla Elefante. Acepté con gusto este ofrecimiento, y el barco llegó a Puerto Stanley el 10 de junio. Zarpamos hacia el sur de inmediato.” (Sur, pp .347-348).

“Zarpamos hacia el sur de inmediato.” Era en este tipo de frases donde se evidenciaba la determinación de Shackleton. Pese a haber atravesado el infierno, como él mismo escribió a su mujer tras regresar de la Antártida, no dudó ni un minuto ni en embarcarse en el Southern Sky, ni en aceptar la ayuda que le ofrecía el Instituto de Pesca Nº1, un pequeño vapor a carbón de 45 metros de eslora.

Desafortunadamente, y como en el peor de los presagios, este segundo intento de rescate que comenzaría el 10 de junio de 1916 no tendría éxito. Tal y como Shackleton escribió en su diario, a menos de veinte millas de la isla encontraron una barrera de hielo que resultó impracticable. Ante el intento de Shackleton de atravesarla el hielo respondió capturando el barco, con lo que tuvieron que dar marcha atrás para salir de un atrapamiento cuyas fatales consecuencias conocían perfectamente. Las condiciones climatológicas y la limitada reserva de carbón que tenían les hizo regresar a puerto, pese a que podían divisar perfectamente la isla por la banda de estribor.

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)