Archivo mensual: julio 2015

Frank Wild: el hombre clave en isla Elefante

“En gran medida, gracias a Wild y a su energía, iniciativa y recursos, el grupo se mantuvo alegre en todo momento y, de hecho, los hombres salieron vivos y coleando. Asistido por los dos cirujanos, los doctores McIlroy y Macklin, siempre cuidó muy de cerca la salud de cada uno. Su alegre optimismo nunca falló, ni siquiera cuando la comida era muy escasa, y la perspectiva de rescate parecía remota” (Sur, p. 381).

Frank Wild fue un hombre clave durante toda la expedición Endurance, pero sin duda mucho más en isla Elefante. Posiblemente Shackleton se hubiera sentido mucho mejor si le hubiera acompañado en la travesía hacia South Georgia, pero una vez más su conciencia y sentido de la responsabilidad le llevó a dejarle junto con los otros 21 hombres, pues sabía que solo él podría liderarlos durante el tiempo, en principio incierto, que debían esperar.

Frank Wild tenía conocimientos, experiencia y valor más que suficientes como para haber liderado cualquier misión, y sin embargo encontró su lugar como hombre de confianza de Shackleton. Su labor no fue quizá muy visible, pero fue decisiva. No en vano un conocido documental de la BBC llevó por título “Frank Wild, el héroe olvidado de la Antártida”, haciendo precisamente referencia al escaso tratamiento que ha tenido su figura pese a su significativa aportación a la exploración Antártica.

Los restos de Frank Wild descansan hoy en la remota South Georgia junto a los de Shackleton. Su lápida es mucho más sencilla que el monolito que señala el lugar donde reposa su jefe, y la inscripción recoge una vez más el admirable espíritu de un hombre que, pudiendo haber sido primero, escogió ser segundo: “Frank Wild 1873-1939. La mano derecha de Shackleton.”

(c) Jesús Alcoba 2014

(c) Jesús Alcoba 2014


21 de julio de 1916: tercer intento fallido

“En la madrugada del viernes 21 de julio, nos encontrábamos a cien millas de la isla y nos topamos con el hielo a media luz. Esperé a que amaneciera del todo y luego intenté abrirnos paso.” (Sur, p. 351).

Shackleton intentaba por todos los medios abrirse paso hacia isla Elefante. El tiempo era realmente malo, y había un fuerte oleaje que agitaba la goleta Emma como si fuera un corcho en el agua. Shacketon intentó abrirse paso a través de la banquisa, pero en menos de diez minutos el barco chocó contra el hielo, y como resultado una de las piezas del mástil de proa resultó dañado. Tampoco tenían ya motor, así que únicamente podían navegar a vela. En esas condiciones lo mejor parecía evitar el hielo, pero cada vez que Shackleton lo intentaba, la banquisa volvía a aparecer impidiéndoselo.

Banquisa antártica (c) Jesús Alcoba 2015

Banquisa en la Antártida
(c) Jesús Alcoba 2015

Su diario refleja, con la brevedad y dramatismo de otras ocasiones, el momento en el que, por tercera vez, tuvo que abandonar su idea de rescatar a sus hombres:

“Era difícil tener que regresar por tercera vez, pero me di cuenta de que no podríamos llegar a la isla en esas condiciones, y debíamos dirigirnos hacia el norte a fin de que el barco no tuviera que navegar entre pesadas masas de hielo.” (Sur, p. 352).

 


12 de julio de 1916: la goleta Emma

“El gobierno chileno nos prestó un pequeño vapor, el Yelcho, para que nos remolcara parte del viaje. Sin embargo, no podía tocar el hielo, pues estaba hecho de acero. No obstante, el 12 de julio, le pasamos nuestro cabo de remolque y emprendimos el viaje. Al día siguiente, anclamos con mal tiempo y, aunque el viento se convirtió en un vendaval, no podía perder más tiempo, de modo que levamos anclas temprano la mañana del 14. La tensión que soportaba el cabo de remolque era demasiado fuerte. Con un ruido como el de un disparo, el cabo se cortó.” (Sur, p. 350).

La goleta Emma era el tercer intento de Shackleton de rescatar a sus hombres. Era un barco pequeño, de solo 18 metros de eslora que, remolcado parcialmente por el Yelcho, intentaría llegar a isla Elefante. Shackleton comenzaba a temer por la vida de sus hombres, pues había partido de la isla el 24 de Abril, y por tanto habían pasado ya casi tres meses. Al cabo de unos días de difícil navegación, el Yelcho informó al Emma de que había entrado agua en la sentina y de que les quedaba poco carbón, así que Shackleton les comunicó que podían regresar. A partir de ese momento la pequeña goleta se quedó sola en la misión de llegar a isla Elefante.

histarmar.com.ar

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La fiesta de los sábados por la noche

“Casi todos los sábados por la noche se realizaba algún concierto, en el que cada uno cantaba una canción acerca de algún otro miembro del grupo. Si ese otro objetaba alguna de las observaciones, se escribía una peor para la semana siguiente.” (Sur, p. 380).

Todos los sábados los hombres se juntaban para hacer una celebración. Estuvieron observando esta costumbre durante el desarrollo de toda la expedición Endurance, incluso en la terrible isla Elefante. En muchas ocasiones el formato era de concierto, en el que se acompañaban del banjo de Hussey, que fue el último objeto que se rescató antes del hundimiento. Shackleton había decidido llevarlo como “tónico mental”. Las canciones solían seguir un estilo socarrón, con intención de ridiculizar a los miembros de la expedición. Tal y como Shackleton escribe, si el hombre objeto de la broma se quejaba, se escribía otra aún peor para el siguiente sábado. Estos son los dos primeros versos de una canción dedicada a Frank Wild, cuya versión original tiene cuatro más:

My name is Frankie Wild-o! and my huts on Elephant Isle,
The most expert of architects could hardly name its style.
But as I sit all snug inside while outside blows the gale,
I think the pride is pardonable with which I tell my tale.

O Frankly Wild-o Wild-o tra-la-la-la
Mr.Franky Wild-o tra-la-la-la-la-la-la.
My name is Franky Wild-o and my hut’s on Elephant Isle
The wall’s without a single brick, and the roof without a tile,
But nevertheless you must confess, for many and many a mile
It is the most palatial dwelling place you’ll find on Elephant Isle. 

Otra opción muy frecuente era el teatro. Cuesta creer que en una roca congelada en medio del peor mar del mundo los hombres se esforzaran para preparar este tipo de representaciones. Más aún cuesta creer que en una de sus últimas celebraciones el programa constara nada menos que de 26 actos. 

El banjo de Hussey © NMM, London

El banjo de Hussey
© NMM, London