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8 de agosto de 1916: de vuelta en Puerto Stanley

“Llegamos a Puerto Stanley en la goleta el 8 de agosto, y allí me enteré de que el barco Discovery iba a zarpar de Inglaterra de inmediato y que estaría en las Islas Falkland a mediados de septiembre. Mi buen amigo el gobernador me dijo que me podía instalar en Puerto Stanley y tomarme las cosas con calma durante algunas semanas. La calle de ese puerto tiene alrededor de dos kilómetros y medio de largo. En un extremo, está el matadero y, en el otro, el cementerio. La distracción principal es caminar desde el matadero hasta el cementerio. Para variar, se puede caminar desde el cementerio hasta el matadero (…) No podía contentarme con esperar seis o siete semanas sabiendo que, a mil kilómetros, mis camaradas estaban sufriendo una terrible necesidad.” (Sur, pp. 352-353).

El RRS Discovery era un barco que Shackleton conocía bien, pues entre 1901 y 1904 había servido para dirigir la primera de las expediciones del Capitán Scott a la Antártida, misión en la que Shackleton había participado y en la que, por cierto, aparecieron sus graves diferencias en cuanto al ejercicio del liderazgo. Pese a que fundamentalmente se propulsaba a vela, había sido construido como barco de investigación y eso lo hacía apto para el rescate. Con su eslora de 52 metros era casi tres veces más grande que la goleta Emma, que había servido en el tercer intento fallido de Shackleton por alcanzar isla Elefante.

El problema del Discovery es que tardaría más de un mes en llegar a las Falklands. Se percibe claramente en el diario de Shackleton que no estaba dispuesto a esperar tanto tiempo. No solo porque en Port Stanley no hubiera mucho que hacer, sino porque, como él mismo escribe con rotundidad, no podía permitirse estar simplemente esperando cuando sus compañeros estaban a mil kilómetros enfrentando todo tipo de dificultades. Una vez más, Shackleton daba muestras de que no abandonaría a sus hombres a su suerte, pese a que ya había fletado tres barcos sin éxito.

Necesitaba urgentemente una solución.

Port Stanley (c) Jesús Alcoba 2014

Port Stanley (c) Jesús Alcoba 2014


Septiembre de 1915: fútbol sobre los témpanos

James Caird Society Journal Nº5

James Caird Society Journal Nº5

“La rutina de trabajo y de entrenamiento en el Endurance discurría en forma regular. Habíamos hecho nuestros planes y preparativos ante cualquier contingencia que pudiera surgir durante el verano que se aproximaba, pero siempre parecía que había mucho que hacer en el barco aprisionado y fuera de él. Las carreras con los perros y los vigorosos juegos de hockey y de fútbol en la placa cubierta con nieve dura mantenían a todos los hombres con buenos ánimos” (Sur, pp. 129-130).

Una de las imágenes más insólitas de la expedición de Shackleton es ver a los hombres jugando un partido de fútbol sobre la placa de hielo. Es una fotografía que sirvió de portada para el libro “Shackleton´s Way”, de Margot Morrell y Stephanie Capparell, y que aquí aparece en una versión dibujada menos conocida, que apareció en el volumen 5 de la revista de la James Caird Society.

Por extraño e increíble que pueda parecer, mientras esperaban el verano y por tanto el deshielo que potencialmente les liberaría de la presión de los témpanos, los hombres invertían su tiempo libre en aficiones como el hockey y el fútbol. Cuesta creer que alguien pueda pensar en hacer deporte a miles de kilómetros de su hogar mientras su barco permanece a la deriva atrapado por el hielo. Sin embargo, estas actividades, sin duda fruto de la mentalidad optimista de Shackleton y de la habilidad para el liderazgo, mantenían los hombres con buen ánimo y en forma. Y, lo que es más importante, ocupaban sus mentes para evitar que el desánimo se apoderara de ellos.


15 de Junio de 1915: El Derby Antártico

nla.pic-an23478072-v blog shackleton jesus alcobaEl 15 de Junio de 1915 tuvo lugar una insólita competición, que fue bautizada como el “Derby Antártico”. Tal y como Shackleton refleja en su diario, continuaba la deriva del barco en la mas absoluta oscuridad, solo perturbada por alguna ocasional claridad hacia el mediodía.

En ese contexto “no se ganaba nada dejando que la mente luchara con los problemas del futuro, aunque por momentos era difícil evitar la ansiedad.” (Sur, p 112). Como en cualquier otra situación humana dominada por la incertidumbre, lo complicado pero a la vez recomendable era controlar la conciencia y fijarla en el hoy, evitando así conjeturas catastrofistas acerca de lo que vendrá mañana. Y de ahí la organización del Derby, una competición entre equipos de trineos tirados por perros, en la que hubo fuertes rivalidades que se reflejaron en las apuestas:”6 a 4 para Wild, doble apuesta para Crean, 2 a 1 contra Hurley, 6 a 1 contra Macklin y 8 a 1 contra McIlroy.” (ibíd, p. 113).

Frank Hurley, orgulloso del líder de su equipo, un bellísimo ejemplar canadiense llamado Shakespeare, lo inmortalizó en esta espléndida fotografía.


1 de Mayo de 1915: el sol desaparece

“Nos despedimos del sol el 1 de mayo e ingresamos en un período de crepúsculo al que seguiría la oscuridad de pleno invierno.” (South, p. 105).

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A la incertidumbre causada por la deriva de los témpanos de hielo y a las temperaturas cada vez más frías por la llegada del invierno, se añadió la desaparición casi total de la luz del sol en los primeros días de mayo. Cuesta creer lo que un grupo de hombres perdidos e incomunicados en la Antártida debieron pensar en aquellos momentos en los que estaban a punto de enfrentarse a largos meses de casi completa oscuridad e inactividad. Y cuesta aún más creer que, contra todo pronóstico, combatieron sus penalidades de una forma insólita, que es provocando activamente momentos de entretenimiento y diversión. Una gran lección para todas aquellas personas que piensan que en los peores momentos no hay otro remedio que sentirse mal. Shackleton escribió:

“Sin embargo, la compañía del Endurance se negó a abandonar la jovialidad acostumbrada, y un concierto por la noche convirtió al Ritz en una escena de ruidoso regocijo, en extraño contraste con el mundo frío y silencioso del exterior.” (Ibíd.).


10 de Marzo de 1915: el Ritz

“Las dependencias de la entrecubierta se terminaron para el 10, y los hombres tomaron posesión de los cubículos que se habían construido”. (Sur, p. 95).

El 10 de Marzo El Ritz quedó terminado. Estaba dividido en varias estancias, a los que la tripulación también bautizó con diversos nombres: The Billabong, Auld Reekie, The Nuts, The Sailor´s Rest, The Anchorage y The Fumarole.

Shackleton permaneció solo a popa, acaso como una consecuencia de la distancia que solía mantener con los miembros de su tripulación a fin de conservar su autoridad. Una de las claves de la efectividad de su mando era la adecuada combinación entre ese espacio que mantenía con sus hombres, su honda preocupación por ellos, la activa gestión que hacía de las actividades para mantener la unidad del grupo y la rapidez y eficiencia con la que resolvía los conflictos.

Como era su costumbre, Shackleton estableció una nueva rutina que sirviera de marco a las actividades del día, con toda seguridad consciente de que, ahora más que nunca, era necesario imprimir un ritmo que les alejase del caos y la desorganización: el desayuno se servía a las 9.00, el almuerzo a las 13.00, el té a las 16.00 y la cena a las 18.00.

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24 de Febrero de 1915: Shackleton convierte el Endurance en una estación de invierno

Para el 24 de Febrero había quedado claro que no se liberarían del hielo, así que Shackleton decidió hacer planes para convertir el barco en una estación de invierno. Esto incluía cambiar la rutina de la tripulación, acondicionar espacios para la vida a bordo (una serie de cubículos que llamarían The Ritz) y construir habitáculos para los perros sobre el hielo (dogloos). A partir de entonces el trabajo consistiría esencialmente en el entrenamiento de los equipos y el aprovisionamiento.

NSW State Library a285005h

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Sin embargo, lo más difícil no era establecer un sistema para afrontar los meses venideros, sino comunicar a los hombres que, hasta que las circunstancias cambiaran, el barco quedaría detenido en un mar de hielo e incertidumbre. Peor aún, que el invierno se acercaba, y con él las bajas temperaturas, la noche eterna y la escasez de provisiones.

Macklin, uno de los médicos, recogió  en su diario la forma en que su jefe gestionó aquella situación:

“Shackleton mostró en ese momento uno de sus destellos de verdadera grandeza. No se enfureció en absoluto, ni mostró el más ligero signo externo de disgusto; simplemente nos comunicó con calma que pasaríamos el invierno en la banquisa, nos explicó los peligros y posibilidades; nunca perdió su optimismo, y se preparó para el invierno”.

Este es uno de los ejemplos más claros de la impresionante capacidad que Shackleton tenía para el liderazgo: no solo fue completamente consciente de la situación y afrontó la adversidad con verdadero realismo, sino que transmitió el mensaje de una manera sosegada, explicando con detalle las amenazas y las oportunidades, y se dispuso a enfrentar con serenidad lo que el futuro traería. Y, por encima de todo, brillaba su legendario optimismo, una emoción positiva que era capaz de contagiar a sus hombres y que, en gran medida, fue una clave del éxito de la expedición Endurance.


Los hombres de confianza de Shackleton

Tripulación. NSW State Library-DN a285006p

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A pesar de que durante la expedición todos los miembros de la tripulación fueron claramente necesarios, como en todos los proyectos hubo una serie de figuras sin cuya contribución la supervivencia del grupo simplemente no hubiera sido viable. Evidentemente una aventura como la del Endurance tiene tantas lecturas como personas puedan acercarse a ellas, y cualquier selección de una serie de hombres frente a otros es evidentemente subjetiva y por tanto la siguiente lista responde a criterios personales:

Ernest Shackleton. Sin ningún género de dudas no sólo era el líder formal de la expedición sino que conforme las condiciones se fueron haciendo más y más duras se reveló también como punto de referencia indiscutible a todos los niveles.

Frank Wild. Hombre de confianza de Shackleton y la persona que se quedó al frente del grupo en Isla Elefante. Un aventurero con una rara habilidad para liderar cualquier misión y sin embargo permanecer en un segundo plano, siendo en todo momento fiel a su líder y realizando una aportación de incalculable valor.

Frank Worsley. Capitán del Endurance, un marino nato cuya capacidad para navegar en las condiciones más increíbles hace que la admiración hacia él sea mayor cuanto más se conocen las durísimas condiciones en las que tuvo que guiar diferentes embarcaciones a lo largo de la misión.

Frank Hurley. El fotógrafo de la misión, sin cuyo soberbio trabajo no existiría hoy la valiosa colección de imágenes de la expedición Endurance. Su capacidad para vivir en condiciones extremas estuvo por encima de lo esperado, máxime teniendo en cuenta que su cometido principal no estaba relacionado con el objetivo prioritario de la misión, sino con documentar las diferentes etapas de la misma.

Harry McNish. Carpintero. Realizó todo tipo de trabajos de adaptación tanto del Endurance como de los botes, acomodándolos a las necesidades de cada momento. Entre otras cosas gracias a él la tripulación dispuso de camarotes durante los meses en que el barco permaneció atrapado. Además pudieron trasladar los botes de un punto a otro tras dotarlos de patines para la nieve, y también los tres botes pudieron contar con las mejores condiciones de navegabilidad posibles en la travesía a Isla Elefante.

Charles J. Green. Cocinero. Seguramente incluir a Green dentro del grupo de hombres imprescindibles pueda sorprender. Sin embargo la alimentación fue un factor clave a lo largo de toda la expedición, y en buena medida dependía de su trabajo, que conllevaba las jornadas regulares más extensas de todo el grupo.


Competencias para una misión extrema en la Antártida

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Si tenemos en cuenta que la misión a cumplir era de una dificultad extraordinaria y requería de amplios conocimientos y experiencia, resulta chocante que no se haya documentado ninguna entrevista de selección llevada a cabo por Shackleton que superara los cinco minutos. La impresión que da es que su talento le permitía identificar rápidamente si un hombre debía o no formar parte de la tripulación. Y lo sorprendente es que, dentro de cada perfil y supuesto un nivel mínimo, la competencia técnica no parecía ser la parte que más pesaba en la decisión final puesto que había, al menos, dos características más importantes.

La primera era el optimismo. Shackleton sabía muy bien que a pesar de que los conocimientos eran imprescindibles, en una situación límite es fundamental que la tripulación supiera enfrentarse a lo desconocido, a lo impredecible, y por supuesto a las condiciones más adversas que pudieran imaginarse. En un contexto como ese, solo una actitud positiva podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

La segunda era la lealtad. Se ha escrito mucho sobre la forma que tenía Shackleton de liderar a sus hombres, y debido al espíritu de camaradería que reinaba en todas sus misiones se podría pensar, equivocadamente, que él se situaba como uno más del grupo. Nada más lejos de la realidad: quizá porque él era el responsable último de la misión y por tanto de las vidas de todos sus hombres, porque él poseía un conocimiento y experiencia únicos en la exploración antártica, o simplemente porque se había comprometido personalmente ante los patrocinadores, mantenía siempre la última palabra y no toleraba desacatos de ningún tipo una vez que una decisión estaba tomada. Para Shackleton la lealtad de sus hombres a la misión y a él mismo eran condiciones imprescindibles para el éxito.


La importancia del equipo en una expedición polar

nla.pic-vn3082159 The members who remained behind at Elephant Island

Shackleton se había pasado la vida navegando y había participado ya en dos expediciones a la Antártida: la Discovery y la Nimrod. Y era perfectamente consciente de los riesgos de una aventura de ese tipo, donde la línea que separa la vida de la muerte es muy delgada.

Posiblemente un episodio durante la expedición Nimrod le marcó en cuanto a la selección de la tripulación. Habían dividido a los hombres en dos equipos, cada uno con una misión, y habían fijado un tiempo límite en el que el barco debía zarpar aunque alguno de los equipos no hubiera llegado. El equipo de Shackleton tuvo que atravesar dificultades gravísimas durante el regreso, pero demostrando una vez más su increíble capacidad para vencer las dificultades logró llegar a tiempo, solo para descubrir que el capitán había dado orden de partir dos días antes de lo acordado. Ello significaba que tendrían que esperar nada menos que un año hasta que un barco pudiera llegar a ellos de nuevo. Por fortuna finalmente no fue ese el caso debido a la coincidencia de una serie de hechos, pero seguramente Shackleton sacó la conclusión de que debía ser sumamente cuidadoso al seleccionar a sus hombres.

La combinación de diferentes habilidades en una misión de este tipo era clave, puesto que como en toda empresa la fuerza estaba en el equipo. Al pensar en las competencias requeridas para un viaje como el del Endurance seguramente cualquier persona se centraría en destrezas que tienen que ver con la navegación, la supervivencia o incluso el esquí. Pero Shackleton se fijaba además en otros aspectos, también imprescindibles, que posiblemente a cualquier persona le hubieran pasado inadvertidos. Por ejemplo, uno de sus últimos movimientos antes de partir definitivamente rumbo a la Antártida fue reemplazar al cocinero. Seguramente debido a que, a pesar de que la ciencia de la nutrición no existía como la conocemos hoy día, Shackleton sabía que sin una adecuada alimentación era imposible enfrentarse a los riesgos que la misión implicaba, como él mismo había experimentado cuando estuvo a punto de morir de escorbuto durante la expedición Nimrod.


La tripulación de Shackleton

anuncio 1914 Shackleton para expedición Endurance

Se ha convenido en aceptar que para reclutar a los hombres que formarían parte de la expedición Shackleton publicó el siguiente texto en la prensa, aunque lo cierto es que el anuncio original no ha sido nunca documentado:

“Se buscan hombres. Viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. Regreso con vida dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

Fuera como fuera el anuncio, lo que sí es cierto es que recibió nada menos que 5000 solicitudes, pero solo tan solo 56 formarían parte de las dos tripulaciones que iban a llevar a cabo la misión: la mitad a bordo del Endurance, que llegaría a la Antártida por el mar de Wedell, y la otra mitad a bordo del Aurora, que entraría por el mar de Ross.

El equipo que cruzaría la Antártida constaría de seis hombres y debería recorrer 2900 kilómetros a pie, apoyados por perros y dos trineos con motor. De esa distancia 1300 kilómetros se harían por territorio desconocido, dado que las anteriores expediciones, incluyendo la de Amundsen, el primero en llegar al Polo Sur, habían comenzado en el mar de Ross.