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Marzo de 1916: el incidente de la foca leopardo

“Ahora nuestras comidas consistían casi por completo en carne de foca, con una galleta al mediodía, y calculé que a esa velocidad, previendo que se cazaría un cierto número de focas y pingüinos, podríamos durar casi seis meses.” (Sur, pp. 200-201).

Marzo de 1916 no fue un mes especialmente intenso en cuanto a incidencias, pues en el diario de Shackleton apenas ocupa unas pocas páginas. Fundamentalmente continúan las constantes alusiones a la comida y al hambre que estaban pasando. Aún quedaban raciones para cuarenta días que estaban destinadas a los viajes en trineo (que nunca llegarían a realizarse), pero Shackleton eran consciente de que de momento no podían tocarlas, pues en el momento en que por fin pudieran lanzar los botes al agua para escapar del hielo tendría que aumentar las raciones considerablemente.

Quizá uno de los episodios más llamativos ocurrió el día en el que una foca leopardo saltó al témpano sobre el que estaban y atacó a uno de los hombres. Las focas leopardo son animales grandes, dotados de dientes afilados y altamente peligrosos para los seres humanos. La que atacó a Orde-Lees medía casi cuatro metros y pesaba en torno a los 500 kilos. Afortunadamente Wild se dio cuenta y, de manera sorprendente, en el mismo lapso en el que la foca saltó a la placa y amenazó a Orde-Lees, a él le dio tiempo a coger su rifle, apuntar, disparar y abatirla de un solo tiro. Una prueba más de la experiencia, preparación y valor de Frank Wild, hombre de confianza de Shackleton y sin duda uno de los grandes héroes de la expedición Endurance.

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26 de Enero de 1916: escasez de agua y alimentos

“Hoy, 26 de enero, cazamos un pingüino de Adelia y apareció otra ballena en las cercanías, pero ninguna foca. Nos queda muy poca grasa y, por consiguiente, hay que clausurar una de las cocinas. Sólo recibimos una bebida caliente por día, el té del desayuno. Durante el resto del día bebemos agua helada. A veces, incluso, nos falta el agua, entonces nos llevamos a la cama unos pocos trozos de hielo en una lata de tabaco. Por la mañana, hay casi una cucharada de agua en el lata, y uno tiene que permanecer inmóvil para no derramarla.” (Sur, p. 195).

Con el año nuevo comenzaba la que posiblemente iba a ser una de las peores etapas de la expedición Endurance. La Antártida es el desierto más grande del mundo, con más de trece mil kilómetros cuadrados. Ello explica la terrible paradoja de que, a pesar de vivir sobre el hielo, los hombres experimentaran escasez de agua. Hay que hacer serios esfuerzos de imaginación para pensar en cómo es la vida cuando uno tiene que tener a su  lado mientras duerme un poco de hielo en una lata de tabaco, con cuidado para no verterla, con el único propósito de tener apenas un sorbo de agua por la mañana.

El otro gran peligro era la escasez de alimentos. De hecho, a causa de ello no hubo otro remedio que sacrificar a casi todos los perros, excepto dos grupos que de momento sobrevivieron. Ello debió suponer un impacto en el ánimo de la tripulación, puesto que estos animales, además de una fuente de actividad, también significaban una compañía para los hombres.

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29 de diciembre de 1915: Patience Camp

“Habíamos caminado doce kilómetros en línea recta y, a esta velocidad, nos llevaría más de trescientos días llegar a la tierra que se encontraba hacia el oeste. Como sólo teníamos alimentos para cuarenta y dos días, no había alternativa entonces, salvo acampar una vez más en la placa y armarnos de toda la paciencia posible hasta que las condiciones se vieran más favorables para renovar el intento de escape. (…) Llamamos a nuestro nuevo hogar, que ocuparíamos durante tres meses y medio, Patience Camp.” (Sur, p. 192).

El intento de Shackleton y sus hombres de intentar caminar de nuevo hacia el norte no dio resultado. Siete días después de comenzar se vieron en una situación en la que el hielo estaba demasiado blando como para avanzar con los trineos, pero sin vías de agua a través de las cuales lanzar los botes. Según Shackleton refleja en su diario, los hombres estaban débiles y no tenían muchas provisiones. Por otro lado, la tierra parecía inalcanzable. En esa situación, y mostrando una vez más su capacidad para aceptar las circunstancias, volvieron a instalar un campamento al que llamaron Paciencia, evidenciando así la cualidad que más les haría falta durante los meses que les esperaban.

Hurley y Shackleton en Ocean Camp

Hurley y Shackleton en Patience Camp


12 de Diciembre de 1915: el increíble optimismo de los hombres de Shackleton

“Una vez que crucemos el círculo Antártico, parecerá que prácticamente estamos a mitad de camino de casa; y es posible que con vientos favorables podamos cruzar el círculo antes de Año Nuevo. Una deriva de sólo cinco kilómetros por día nos ayudaría a lograrlo, y con frecuencia hemos hecho eso y más durante tres o cuatro semanas aproximadamente” (Sur, p. 175).

La mayoría de la tripulación de Shackleton estaba formada por hombres irlandeses, escoceses e ingleses. Por tanto, es altamente probable que el marinero de identidad desconocida que anotó esta frase en su diario a mediados de diciembre sentía que al cruzar el círculo polar antártico estarían ya a medio camino respecto a uno de esos lugares de origen. Un sencillo cálculo da como resultado que en el momento de escribir esa frase la distancia entre el campamento de Shackleton y el círculo polar era de apenas cien kilómetros, mientras que la que separa ese punto de Dublín es aproximadamente de mil quinientos en línea recta. De este modo es fácil ver aquí una soberbia muestra del irrefrenable optimismo de los hombres de Shackleton, una cualidad que él buscaba cuando les contrataba, además de la lealtad, y que sin ningún género de dudas todos poseían. Una cualidad que transformó en esperanza sus deseos de salir de allí, y que al final convirtió esa esperanza en acciones concretas que fueron las que les salvaron. Lejos de ser una sonrisa hueca, el optimismo de Shackleton y sus hombres era un optimismo productivo.

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21 de Noviembre de 1915: la pérdida definitiva del Endurance

“Esta tarde, cuando estábamos en nuestras tiendas, oímos al Jefe gritar: ‘¡Se está yendo, muchachos!’. Salimos en un segundo y llegamos a la estación de guardia y a otros puntos estratégicos y, efectivamente, allí estaba nuestro pobre barco a dos kilómetros y medio de distancia luchando en su agonía de muerte. Se hundió primero la proa, la popa se elevó en el aire. Luego se zambulló rápidamente y el hielo se cerró sobre él para siempre. Verlo nos dio una sensación espeluznante, puesto que, aunque no tenía mástiles y era inútil, parecía nuestro vínculo con el mundo exterior.” (Sur, pp. 182-182).

El relato del episodio de la pérdida del barco no detalla que debido a las bajas temperaturas el hielo cubrió de nuevo el lugar que antes ocupaba el Endurance en apenas unos pocos minutos. Debió de ser como una pesadilla, como si el barco jamás hubiera estado allí. Esto sin duda debió provocar sentimientos de desolación y abandono en los marineros, como así lo expresa el diario de Shackleton:

“Dudo que hubiera uno entre nosotros que no haya sentido alguna emoción personal cuando Sir Ernest, de pie en lo alto del puesto del vigía, dijo con cierta tristeza y voz queda: ‘se ha ido, muchachos’.” (Sur, p. 182).

 

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7 de Noviembre de 1915 en Ocean Camp: observando la deriva

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“Los dos temas de mayor interés para nosotros eran nuestra velocidad de deriva y el clima (…). Un creciente viento del noroeste, que comenzó el 7 de noviembre y que duró doce días, nos desanimó durante un tiempo, hasta que descubrimos que sólo habíamos derivado cinco kilómetros hacia el sur, de modo que ahora estábamos veintisiete kilometros en buena dirección. Esto fortaleció nuestras teorías de que el hielo del mar de Weddell estaba derivando en círculos en sentido horario, y que si podíamos mantenernos en nuestro bloque el tiempo suficiente, terminaríamos siendo transportados hacia el norte, donde se extendía el mar abierto y el camino hacia una relativa seguridad.” (Sur, pp. 174-175).

Shackleton y sus hombres habían detenido su camino hacia el norte debido a que la tarea de empujar los botes salvavidas cargados con sus cosas era extenuante y bastante improductiva. Por otro lado, las condiciones eran constantemente cambiantes, y existía la posibilidad de que se abrieran canales que les permitieran remar en lugar de caminar, facilitando así su misión.

Se detuvieron en una placa de unos dos kilómetros y medio cuadrados y montaron un campamento al que llamaron Ocean Camp. Este témpano, que se iría reduciendo poco a poco como consecuencia del cambio en las condiciones climáticas, sería su hogar durante casi dos meses. Como no llevaban mucha distancia recorrida desde el lugar donde el barco yacía destrozado, regresaron allí para recoger todo cuanto les pudiera ser necesario.

Cuesta imaginar la constante vivencia de incertidumbre en la que se encontraban Shackleton y sus hombres. No sólo porque no sabían cuánto tiempo permanecerían en aquellas circunstancias en las que tanto las provisiones como el abrigo eran objeto de preocupación constante, sino porque las condiciones climatológicas, contra las que nada podían hacer, modificaban constantemente su posición y con ello su destino. Un viento del noroeste era siempre portador de malas noticias, puesto que les arrastraba hacia el sur cuando ellos pretendían ir al norte, empujados por la corriente circular del mar de Weddell. La paciencia, la aceptación de los hechos, el optimismo y la resistencia a la adversidad fueron nuevamente las constantes durante aquellas semanas en Ocean Camp.


12 de Octubre de 1915: llega la primavera

“La temperatura permaneció relativamente alta durante varios días. Todos los hombres se pasaron a sus alojamientos de verano, en los camarotes superiores, el día 12, con el acompañamiento de mucho ruido y risas. La primavera se sentía en el aire, y si no había nada verde creciendo para alegrar nuestros ojos, al menos había muchas focas, pingüinos e, incluso, ballenas que se divertían en los canales. La época en que se renovaba la acción se acercaba, y aunque nuestra situación era bastante seria, hacíamos frente al futuro con esperanzas.” (Sur, p. 137).

NSW State Library a090033p

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Cuando Shackleton habla de temperatura relativamente alta en general se refiere a una sensación térmica que ronda por abajo los cero grados. Poco antes en su diario refiere que en los últimos días la temperatura había ascendido de -23,3 ºC a -1,2ºC, provocando un deshielo incómodo por la humedad que generó.

Ese hecho aparte, lo cierto es que con la llegada de la primavera Shackleton y sus hombres se sentían con ánimos renovados, producidos entre otras cosas por la subida de las temperaturas, la creciente proporción de luz solar y la llegada de animales que suponían provisiones.

Es de suponer que Shackleton y sus hombres suponían que el hielo liberaría el barco. Primero por que parecía el lógico desenlace para compensar los largos meses de temperaturas extremas, completa oscuridad y escasez de provisiones.


30 de Septiembre de 1915: un mal día

“El 30 de Septiembre fue un mal día (…) El barco sostenía una terrible presión en la parte de babor hacia proa, pero las peores tensiones se soportaron en la zona del casco, por debajo de la jarcia prole. Fue el peor apretón que experimentamos. Las cubiertas se estremecieron y saltaron, los baos se arquearon y los candeleros se pandearon y estremecieron. Ordené a todos los hombres que estuvieran listos para cualquier emergencia que hubiera. Incluso los perros parecían sentir la tensa ansiedad del momento. No obstante, el barco resistió con valentía, y justo cuando parecía que llegaba al límite de su fortaleza, la enorme placa que nos presionaba hacia abajo se rajó a lo largo y nos alivió.” (Sur, p. 133).

El mes de septiembre, que había comenzado con fuertes movimientos en la placa, finalizó con un tremendo ataque de los témpanos contra el Endurance, que volvió a acusar el embiste. Los baos son las vigas que cruzan el barco de babor a estribor, sobre los que está colocada la cubierta. Si se tiene en cuenta que deben resistir presiones de todo tipo, entre ellas la producida por todos los objetos y personas que puede haber en cubierta, es obvio que el tamaño y grosor de estas vigas es considerable. Por ello es significativo que Shackleton relataba que los baos se arquearon. Eso da una idea de la terrible presión que estaba sufriendo el barco. En aquellos momentos la mezcla de sentimientos que albergaban los hombres debía ser altamente contradictoria: por un lado, los movimientos en la placa significaban que con el aumento de las temperaturas el hielo podría al fin liberar el barco. Por otro lado, los continuos ataques del hielo sobre el barco podrían destruirlo. Worsley escribió:

“Sería triste si una embarcación pequeña tan valiente es finalmente aplastada por las garras implacables de la banquisa de Weddell que lentamente la estrangulan después de diez meses del combate más audaz y valiente alguna vez presentado por un barco”.

 

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Mediados de septiembre de 1915: las provisiones escasean

“Para mediados de septiembre, nos estábamos quedando sin carne fresca para los perros. Las focas y los pingüinos parecían haber abandonado nuestro vecindario por completo. Casi habían pasado cinco meses desde que matamos una foca, y los pingüinos habían sido escasos”. (Sur, p. 131).

La comida fue una constante en la expedición Endurance. A lo largo del diario de Shackleton son incontables las ocasiones en las que hace alusión a las raciones asignadas, a las provisiones almacenadas, a los horarios en los que se servía, y así sucesivamente. Durante el largo periplo que constituyó aquella arriesgada aventura, el suministro de comida estaba constantemente amenazado. En primer lugar, porque en sí las raciones que llevaban almacenadas desde la partida eran escasas en comparación con el esfuerzo que debían realizar. En segundo lugar porque, como ocurrió en  septiembre de 1915, el invierno antártico hizo difícil la caza y por tanto las provisiones escaseaban. Y en tercer lugar, y no menos importante, porque a pesar de que cazaban pingüinos y focas, ninguna dieta basada casi exclusivamente en proteínas puede ser satisfactoria.

 

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2 de Septiembre de 1915: movimientos en el hielo

“Sabíamos que el Endurance era sólido y leal, pero ningún barco jamás construido por el hombre podría sobrevivir si era atrapado completamente por las placas y se le impedía que se elevara hasta la superficie del hielo que rechinaba. Fueron días muy angustiosos. Temprano por la mañana del 2 de septiembre, el barco saltó y se estremeció al acompañamiento de crujidos y gemidos, y algunos de los hombres que habían estado en sus cuchetas* se apresuraron a la cubierta. La presión cedió algo más tarde aquél día, cuando el hielo de la banda de babor se separó del barco hasta detrás de los aparejos principales.” (Sur, p. 127).

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Uno de los aspectos interesantes de la expedición Endurance es el que hace referencia al bloqueo del barco. En nota a pie de página del diario Sur de Interfolio, el editor hace referencia al Fram, el barco de Nansen y Amundsen, que podía ser rodeado por el hielo y derivar así durante meses (de hecho fue expresamente diseñado para ese propósito). Efectivamente, el casco del Fram tenía una sección redondeada que facilitaba su resistencia al atrapamiento, puesto que cuando la presión del hielo actuaba horizontalmente sobre él, ascendía hacia la superficie. Por el contrario, el Endurance era un barco de construcción más clásica, con paredes verticales que lo hacían más vulnerable al empuje de las placas. Si embargo, la sección redonda del Fram lo hacía poco ágil y complicado de gobernar. Si se tiene en cuenta que solo el camino de ida a la Antártida era de más de diez mil millas, y que ser atrapados por el hielo era una posibilidad a considerar, pero no era seguro que iba a ocurrir, es más bien evidente por qué Shackleton pudo no optar por un barco como el Fram.

 

* literas de un barco.