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24 de Enero de 1915: una breve esperanza

“Justo antes de la medianoche, se hizo una grieta en el hielo de unos cinco metros de ancho y de kilómetro y medio de largo, cincuenta metros delante de la embarcación.” (Sur, p. 81).

Solo cinco días después de que el barco quedara atrapado se abrió una posible vía de escape, que se ensanchó aún más al día siguiente.

Shackleton y su tripulación intentaron por todos los medios posibles sacar el barco de donde estaba para que entrara en el canal, pero resultó imposible.

Tal y como describiría uno de los hombres, el barco estaba tan inmóvil “como una avellana en el medio de una tableta de chocolate”.

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19 de Enero de 1915: el Endurance atrapado

“Nuestra posición la mañana del 19 era 76o 34’ de latitud S, 31o 30’ de longitud O. El tiempo era bueno, pero no pudimos avanzar. El hielo había encerrado el barco durante la noche y, desde cubierta, no se podía ver agua en ninguna dirección.” (Sur, p. 79).

76o 34’ S, 31o 30’ O

76o 34’ S, 31o 30’ O

Shackleton continuaba intentando abrirse paso hasta el punto en el que debía atracar para comenzar la expedición a pie a través de la Antártida. Sin embargo, como venía ocurriendo desde días atrás, la navegación era francamente difícil. En muchas ocasiones debían utilizar el Endurance como rompehielos, embistiendo placas de hasta un metro de grosor aprovechando todo su empuje para partirlas en dos y así proseguir el avance.

La noche del 18 de enero decidió detenerse y esperar a que las condiciones cambiaran debido a que el avance se hacía prácticamente imposible.

Sin embargo, la mañana del día 19 el Endurance amaneció atrapado por el hielo, apenas a 50 kilómetros en línea recta hacia la costa.

Este no era un problema del todo infrecuente en los viajes de exploración que se dirigían a la Antártida, dado que navegaban entre placas de hielo y en ocasiones estas se cerraban aprisionando a los navíos. Lo más aconsejable en esas circunstancias, y debido a que no parecía posible arrastrar todo el equipo hasta tierra firme, era esperar a que el hielo liberase el barco.

Como es conocido, el bergantín no saldría ya de su encierro nunca, y moriría engullido por las aguas heladas de la Antártida meses más tarde, tras una lenta agonía. Sin embargo, todas las veces que se ha contado esta historia se ha omitido un detalle importante: ellos no lo sabían.


25 de Diciembre de 1914: blanca Navidad

“La celebración de Navidad no fue olvidada. A medianoche se sirvió un ponche caliente para todos en la cubierta. Para el desayuno volvimos a tomar ponche, para beneficio de aquellos que habían estado en sus literas a medianoche. Lees había decorado la cámara de oficiales con banderas y un pequeño regalo de Navidad para cada uno de nosotros. Algunos teníamos regalos de nuestras casas para abrir.” (Sur, p. 58).

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El relato de la celebración de Navidad no parece dar pistas de las duras circunstancias que habían atravesado en días anteriores. Efectivamente, casi inmediatamente después de su partida de South Georgia, el 7 de Diciembre el Endurance había encontrado lo que constituye el mayor peligro en la navegación antártica: la banquisa. Enormes placas de hielo que flotan arrastradas por la corriente, en ocasiones dejando canales de navegación libres, y en otras cerrándose y atrapando lo que en ese momento flote entre ellas.

La presión de las placas es tan fuerte que, por ejemplo, en una ocasión actuó sobre la pala del timón transmitiéndose el impacto hacia la rueda, arrojando por encima de ella al marinero que estaba gobernando.

En esas circunstancias, y todavía sin ser conscientes de lo que les esperaba, la tripulación celebró la Navidad con una cena que consistió en sopa de tortuga, pescado frito variado, liebre estofada, budín de Navidad, pastel de picadillo de fruta, dátiles, higos y fruta confitada, acompañado de ron y cerveza negra. Sin duda un menú espléndido, tal y como Shackleton menciona en su diario.


5 de diciembre de 1914: Shackleton por fin pone rumbo a la Antártida

“El día de la partida llegó. Di la orden de levar anclas a las 8.45 del 5 de Diciembre de 1914, y el rechinamiento del cabrestante rompió el último vínculo que teníamos con la civilización. La mañana estaba gris y nublada, con ráfagas ocasionales de nieve y ventisca, pero los corazones estaban alegres a bordo del Endurance. Los largos días de preparativos quedaban atrás, y nos aguardaba la aventura.” (Sur, p. 41).

Shackleton se había detenido en South Georgia durante un tiempo, dado que las condiciones en el mar de Weddell no parecían ser favorables. De hecho el hielo estaba más al norte de lo esperado para la época del año en la que estaban. Por ello, en previsión de lo que pudiera pasar, se aprovisionaron bien en los almacenes de la zona, adquiriendo carbón, ropa adicional y una tonelada de carne de ballena para los perros.

Hay quien, analizando el hecho de que Shackleton pusiera rumbo a la Antártida a pesar de las circunstancias desfavorables, ha interpretado que fue un error. Evidentemente, dado el cariz que tomaron los acontecimientos en los meses sucesivos, es fácil afirmar retrospectivamente que si no se hubiera aventurado nada habría ocurrido, pero en general cuando se analiza un suceso del pasado con los datos del presente la perspectiva se distorsiona.

De hecho, tal y como seguramente él veía las cosas, la opción más lógica era seguir adelante. Primero, porque confiaba en su experiencia y en su equipo para vencer todo tipo de dificultades (ya había enfrentado problemas graves en expediciones anteriores y los había resuelto con éxito). Segundo, porque ni remotamente se podría imaginar lo que iba a ocurrir (nadie lo hubiera imaginado). Y tercero, porque la disyuntiva no acababa en decidir si debía continuar o no, sino en cuáles eran las opciones si no lo hacía. En ese sentido, no se debe olvidar que Europa había entrado en guerra, que se había comprometido con sus patrocinadores, y que él vivía de sus expediciones. En otras palabras, si no se hubiera hecho a la mar con rumbo a la Antártida, con toda probabilidad la misión habría acabado en ese mismo momento y, lo que es quizá peor, sin posibilidad alguna de respuesta ante los patrocinadores.

Pero por encima de estos tres planteamientos hay otro que refuerza la idea de que hacerse a la mar en aquellas circunstancias no fue una temeridad, y es el apodo con el que Shackleton era conocido: “old cautious” (el viejo cauteloso). Si se había ganado ese sobrenombre por ser precavido no cabe ninguna duda de que si hubiera albergado la más remota posibilidad de enfrentar un peligro insuperable, jamás hubiera levado anclas.

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26 de Octubre de 1914: Shackleton pone rumbo a Georgia del Sur

“El viaje hasta Buenos Aires transcurrió sin incidentes, y el 26 de Octubre zarpamos de aquel puerto hacia Georgia del Sur.” (Sur, p. 33).

Definitivamente Shackleton leva anclas y pone rumbo a Georgia del Sur, desde donde zarparía hacia la Antártida semanas después.

Pese a que en South da la impresión de que él iba en el Endurance, en realidad mientras el barco navegaba hacia Sudamérica él tuvo que dedicarse a otras cosas y no iba a bordo. Uno de los episodios más conocidos se dio cuando llegó a Buenos Aires y encontró que los hombres, bajo el mando del Worsley, se habían convertido en un grupo conflictivo e indisciplinado. Worsley era un capitán experimentado y ciertamente hábil, como más adelante se demostraría. Sin embargo, sus dotes de liderazgo eran más bien escasas. Afortunadamente Shackleton restableció el orden.

El otro movimiento que hizo fue destituir al cocinero y contratar a Charles Green, como prueba evidente de la importancia que le daba a la comida. Esta decisión, tal y como también se demostraría después, fue de las más acertadas que pudo tomar.

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8 de Agosto de 1914: Shackleton pone rumbo a Buenos Aires

“El sábado siguiente, 8 de Agosto, el Endurance zarpó de Plymouth, obedeciendo la orden directa del Almirantazgo” (Sur, p. 32).

Tras haberse detenido momentáneamente hasta esperar instrucciones Shackleton recibe  la orden de continuar con su misión, y abandona el Reino Unido rumbo a Buenos Aires, donde realizaría la primera parada.

Este gesto no estaría exento de polémica, como él mismo refleja en su diario, dado que fue criticado por haber abandonado su país cuando este entraba en guerra. En su descargo, además de mencionar que él obró siguiendo órdenes directas del Almirantazgo, Shackleton expone que desde el primer momento él se ofreció a abandonar la expedición poniendo  todos sus medios a disposición del país, sin siquiera haber consultado a sus patrocinadores. Su tercera razón en su defensa es ciertamente dramática, y es que al final de una expedición en la que la tripulación atravesó peligros constantes poniendo a menudo en riesgo su vida, casi todos sus miembros se enrolaron para ir al campo de batalla, donde muchos de ellos perecieron.

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1 de Agosto de 1914: la partida

Shackleton Expedition Map-Plan. Wikimedia Commons.

Shackleton Expedition Map-Plan. Wikimedia Commons.

“Zarpamos de Londres el viernes 1 de Agosto de 1914 y anclamos frente a Southend durante todo el sábado.” (Sur, p. 31).

Con esta breve entrada en su diario South, Shackleton da comienzo a una de las mayores gestas de todos los tiempos.

Había comenzado a planificar de su viaje a mediados de 1913, y atrás quedaban ya los largos meses de preparativos. Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial le detuvo tras leer aquel mismo lunes en un periódico la orden para la movilización general.

Shackleton reunió entonces a los hombres y tras acordarlo con ellos envió un telegrama al Almirantazgo para poner a su disposición sus dos barcos (el Endurance y el Aurora), la tripulación y las provisiones.

Aunque luego recibiría un telegrama más extenso de Churchill, la primera orden llegó de forma tan lacónica como clara, y esa palabra quedaría ya para siempre grabada en un lugar destacado dentro de la historia de Shackleton y el Endurance:

“Proceda”.