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2 de Septiembre de 1915: movimientos en el hielo

“Sabíamos que el Endurance era sólido y leal, pero ningún barco jamás construido por el hombre podría sobrevivir si era atrapado completamente por las placas y se le impedía que se elevara hasta la superficie del hielo que rechinaba. Fueron días muy angustiosos. Temprano por la mañana del 2 de septiembre, el barco saltó y se estremeció al acompañamiento de crujidos y gemidos, y algunos de los hombres que habían estado en sus cuchetas* se apresuraron a la cubierta. La presión cedió algo más tarde aquél día, cuando el hielo de la banda de babor se separó del barco hasta detrás de los aparejos principales.” (Sur, p. 127).

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Uno de los aspectos interesantes de la expedición Endurance es el que hace referencia al bloqueo del barco. En nota a pie de página del diario Sur de Interfolio, el editor hace referencia al Fram, el barco de Nansen y Amundsen, que podía ser rodeado por el hielo y derivar así durante meses (de hecho fue expresamente diseñado para ese propósito). Efectivamente, el casco del Fram tenía una sección redondeada que facilitaba su resistencia al atrapamiento, puesto que cuando la presión del hielo actuaba horizontalmente sobre él, ascendía hacia la superficie. Por el contrario, el Endurance era un barco de construcción más clásica, con paredes verticales que lo hacían más vulnerable al empuje de las placas. Si embargo, la sección redonda del Fram lo hacía poco ágil y complicado de gobernar. Si se tiene en cuenta que solo el camino de ida a la Antártida era de más de diez mil millas, y que ser atrapados por el hielo era una posibilidad a considerar, pero no era seguro que iba a ocurrir, es más bien evidente por qué Shackleton pudo no optar por un barco como el Fram.

 

* literas de un barco.


Agosto de 1915 en la Antártida

Tras la rotura de la placa el uno de Agosto, el resto del mes transcurrió sin demasiados incidentes. El barco seguía derivando, y los hombres se entretenían como podían realizando sondeos, entrenando a los perros, capturando pingüinos o realizando algún pequeño viaje para inspeccionar el terreno que se extendía a su alrededor.

De nuevo resulta sorprendente cómo el relato de Shackleton es simplemente descriptivo, por momentos dotado de una belleza literaria inusitada:

“El lejano témpano se yergue como una altísima barrera de acantilados que se reflejan en lagos azules y vías de agua en su base. Grandes ciudades blancas y doradas de aspecto oriental a breves intervalos a lo largo de estos acantilados muestran témpanos distantes, algunos que nunca habíamos visto. Flotando sobre estos, hay temblorosas líneas de color violeta y crema de témpanos de témpanos y bancos aún más remotos. Las líneas se elevan y caen, tiemblan, se disipan y reaparecen en una escena de interminable transformación. La branquias y los témpanos meridionales, que atrapan los rayos del sol, son dorados, pero hacia el norte, las masas de hielo son púrpuras. Aquí los témpanos adoptan formas cambiantes, primero un castillo, luego un globo alejado del horizonte, que se convierte rápidamente en un inmenso hongo, una mezquita o una catedral. La principal característica es el alargamiento vertical del objeto, un pequeño cordón de presión con el aspecto de una línea de almejas o altísimos acantilados. El espejismo es producido por la refracción y se intensifica por las columnas de aire relativamente caliente que sube de varias grietas y canales que se han abierto de diez a treinta kilómetros al norte y al sur.” (Sur, p. 125).

NSW State Library a090014p

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1 de Agosto de 1915: rotura de la placa

NSW State Library a285012p

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“La rotura de nuestra placa ocurrió, de pronto, el domingo 1 de agosto, justo un año después de que el Endurance zarpara del muelle South-West India en su viaje al lejano Sur. La posición era 72º 26′ latitud S, 48º 10′ longitud O. La mañana trajo un moderado vendaval del suroeste con copiosa nieve y, a las 8:00, después de algunos movimientos de advertencia del hielo, la placa se rajó treinta y seis metros frente a la proa de estribor” (Sur, p. 120).

Una coincidencia temporal hizo que el 1 de Agosto de 1915, justo cuando se cumplía un año de su partida, el témpano en el que el Endurance estaba atrapado, se quebrase. Este movimiento del hielo provocó que gran parte de los alojamientos para los perros (los dogloos) quedasen destruidos, algunos aplastados y otros engullidos al abrirse la placa bajo ellos y cerrarse de nuevo.

Pero quizá la consecuencia más relevante fue la importante escora a babor que sufrió el barco, lo que motivó que Shackleton estableciera una doble guardia y alertara a los hombres para que estuvieran preparados. La otra preocupación era la seguridad del timón, que recibía constantes ataques del hielo. En una de esas ocasiones un gran bloque se atascó entre el codaste y el timón, pero afortunadamente pudieron sacarlo.

Por un lado estos movimientos del hielo encerraban peligros, pero por otro evidenciaban la progresiva subida de las temperaturas. Lo que a su vez conllevaba, seguramente, la esperanza de que el hielo liberase al fin el barco.


26 de julio de 1915: El primer amanecer

“Sería un alivio poder hacer un esfuerzo por nuestra cuenta; pero no podemos hacer nada hasta que el hielo libere el barco. Si las placas siguen aflojándose, tal vez podamos salir dentro de las próximas semanas y reanudar la lucha. Mientras tanto la presión sigue estando, y es difícil pronosticar el desenlace. Justo antes del mediodía de hoy, 26 de julio, la parte superior del sol apareció por refracción durante un minuto, setenta y nueve días después de nuestro último ocaso.” (Sur, p. 119).

Son muchas las ocasiones de nuestra vida en la que debemos esperar. Nos encantaría poder acelerar los acontecimientos, que llegara ya el día en el que tenemos que presentar un proyecto, hacer un examen o conocer los resultados de unas pruebas médicas. En ese trance muy pocos saben desconectarse de la ansiedad que produce no saber qué va a ocurrir, centrándose en el día a día y esperando pacientemente a que lleguen o cambien los acontecimientos. Shackleton y su tripulación dieron sobradas muestras de que dominaban esa rara habilidad para la espera en la incertidumbre. Sobre todo porque el hielo no seguía ninguna regla en particular: podía avanzar en una u otra dirección, quedarse quieto o partirse de golpe. Y en ese contexto, los hombres, simplemente o nada menos, esperaban en el hoy deseando que su mañana fuera mejor. Una espera larga y durísima, sobre todo teniendo en cuenta que vivían en la más absoluta oscuridad por debajo de la temperatura en la que el agua se congela.

NSW State Library a090007p

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10 de julio de 1915: la llegada del sol se acerca

“La cercanía del sol que regresaba fue indicada por los hermosos resplandores del amanecer que se vieron en el horizonte los primeros días de julio. El 10 tuvimos nueve horas de crepúsculo, y el cielo septentrional, cerca del horizonte, estuvo teñido de un color dorado durante unas siete horas. Numerosas grietas y canales se extendían en todas las direcciones hasta una distancia de casi trescientos metros del barco” (Sur, p. 115).

Poco a poco el verano antártico regresaba a las vidas de la tripulación del Endurance. Tras el Derby Antártico del 15 de junio los hombres volvieron a celebrar una competición de trineos, únicamente con los dos mejores equipos, el de Wild y el de Hurley, quien ganó de una forma extraña: el juez le adjudicó la victoria dado que el trineo de Wild había sido bruscamente aligerado tras la caída del propio Shackleton, quien era parte del lastre. En la narración del día 10 de julio, y aunque no haga mención explícita a ello, aparece la esperanza en forma de grietas y canales que iban poco a poco apareciendo. Significaban la subida desde las temperaturas, y desde luego la esperanza de escapar por fin del hielo.

NSW State Library a090031p

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22 de junio de 1915: sigue la espera

“Celebramos el solsticio de inverno el 22. El crepúsculo se extendió por un período de unas seis horas aquel día, y hubo buena luz de luna a mediodía y también un resplandor del norte con volutas de hermosas nubes a lo largo del horizonte.” (South, p. 114).

 

NSW State Library a090010p

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El tiempo pasaba lentamente durante el largo invierno antártico. Cuesta imaginar el día a día de aquellos hombres perdidos en la inmensidad blanca del hielo, moviéndose con rumbo incierto y sin mayores ocupaciones. Si se tiene en cuenta que la escasez de provisiones y la falta de comunicación, así como las temperaturas extremas y la larga oscuridad eran la tónica dominante, resulta extraordinario que Shackleton describiera el paisaje con tan bellas palabras. Siempre hay quien, por encima de todo, sabe apreciar lo positivo de cualquier situación.


15 de Junio de 1915: El Derby Antártico

nla.pic-an23478072-v blog shackleton jesus alcobaEl 15 de Junio de 1915 tuvo lugar una insólita competición, que fue bautizada como el “Derby Antártico”. Tal y como Shackleton refleja en su diario, continuaba la deriva del barco en la mas absoluta oscuridad, solo perturbada por alguna ocasional claridad hacia el mediodía.

En ese contexto “no se ganaba nada dejando que la mente luchara con los problemas del futuro, aunque por momentos era difícil evitar la ansiedad.” (Sur, p 112). Como en cualquier otra situación humana dominada por la incertidumbre, lo complicado pero a la vez recomendable era controlar la conciencia y fijarla en el hoy, evitando así conjeturas catastrofistas acerca de lo que vendrá mañana. Y de ahí la organización del Derby, una competición entre equipos de trineos tirados por perros, en la que hubo fuertes rivalidades que se reflejaron en las apuestas:”6 a 4 para Wild, doble apuesta para Crean, 2 a 1 contra Hurley, 6 a 1 contra Macklin y 8 a 1 contra McIlroy.” (ibíd, p. 113).

Frank Hurley, orgulloso del líder de su equipo, un bellísimo ejemplar canadiense llamado Shakespeare, lo inmortalizó en esta espléndida fotografía.


27 de Mayo de 1915: la incertidumbre

“Tiempo brillantemente  bueno y claro con una resplandeciente luz de luna en todo momento. Los rayos de la luna son maravillosos y fuertes y hacen que la medianoche esté tan iluminada como un mediodía normal nublado en climas templados.” (South, p.111).

El relato del mes de Mayo se parece más a la narración de unas vacaciones que a la historia de veintiocho hombres perdidos en la inmensidad blanca de la Antártida. Hubo una gran celebración el día 24, y los hombres ocupaban su tiempo en diversas tareas, como por ejemplo sacar a los perros a correr. El témpano en el que se encontraban, de unos cuatro por cinco kilómetros, seguía su paciente deriva en el sentido de las agujas del reloj a través del mar de Weddell.
Uno de los aspectos más significativos de esta parte de la expedición Endurance es sin duda la gestión de la incertidumbre. Shackleton y sus hombres parecieron simplemente aceptar que su destino final de momento quedaba en suspenso hasta que la situación cambiara. Y la situación podía cambiar al cabo de un día, un mes, un año, o nunca. Pero ellos no parecía importarles que ese desenlace no estuviera definido, y simplemente se dedicaron a esperar pacientemente, dando muestras de una inefable capacidad para tolerar lo incierto.

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31 de Marzo de 1915: la deriva

“Nuestra deriva total entre el 19 de enero, cuando el barco quedó atrapado en el hielo, y el 31 de marzo, período de setenta y un días, había sido de ciento cincuenta y dos kilómetros en una dirección norte 80º oeste”. (Sur, p. 100).

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Muy pronto apareció uno de los más silenciosos y sin embargo peligrosos compañeros de camino en la expedición Endurance: la deriva. En el mar de Weddell, que se encuentra en una bahía circular, hay un constante movimiento de las aguas en el sentido de las agujas del reloj. Los témpanos de hielo se dejan arrastrar por esa corriente, llevando consigo todo lo que está en su superficie, como era el caso del barco, el campamento y la tripulación que lo habitaba. Esa deriva era incontrolable e impredecible, y de momento les estaba alejando del punto donde debían haber llegado, que es donde alguien enviaría ayuda en el caso de que nadie supiera de ellos durante un tiempo prolongado, haciéndola inservible. Por otro lado, la corriente podía también provocar cambios en la temperatura y la estructura del hielo que atentaran contra la integridad del barco. En ese contexto, la observación de la posición en la que se encontraban cada día, y por tanto del efecto de la deriva, se convirtió en una preocupación habitual para Shackleton y su tripulación.


24 de Febrero de 1915: Shackleton convierte el Endurance en una estación de invierno

Para el 24 de Febrero había quedado claro que no se liberarían del hielo, así que Shackleton decidió hacer planes para convertir el barco en una estación de invierno. Esto incluía cambiar la rutina de la tripulación, acondicionar espacios para la vida a bordo (una serie de cubículos que llamarían The Ritz) y construir habitáculos para los perros sobre el hielo (dogloos). A partir de entonces el trabajo consistiría esencialmente en el entrenamiento de los equipos y el aprovisionamiento.

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Sin embargo, lo más difícil no era establecer un sistema para afrontar los meses venideros, sino comunicar a los hombres que, hasta que las circunstancias cambiaran, el barco quedaría detenido en un mar de hielo e incertidumbre. Peor aún, que el invierno se acercaba, y con él las bajas temperaturas, la noche eterna y la escasez de provisiones.

Macklin, uno de los médicos, recogió  en su diario la forma en que su jefe gestionó aquella situación:

“Shackleton mostró en ese momento uno de sus destellos de verdadera grandeza. No se enfureció en absoluto, ni mostró el más ligero signo externo de disgusto; simplemente nos comunicó con calma que pasaríamos el invierno en la banquisa, nos explicó los peligros y posibilidades; nunca perdió su optimismo, y se preparó para el invierno”.

Este es uno de los ejemplos más claros de la impresionante capacidad que Shackleton tenía para el liderazgo: no solo fue completamente consciente de la situación y afrontó la adversidad con verdadero realismo, sino que transmitió el mensaje de una manera sosegada, explicando con detalle las amenazas y las oportunidades, y se dispuso a enfrentar con serenidad lo que el futuro traería. Y, por encima de todo, brillaba su legendario optimismo, una emoción positiva que era capaz de contagiar a sus hombres y que, en gran medida, fue una clave del éxito de la expedición Endurance.