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1 de Mayo de 1915: el sol desaparece

“Nos despedimos del sol el 1 de mayo e ingresamos en un período de crepúsculo al que seguiría la oscuridad de pleno invierno.” (South, p. 105).

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A la incertidumbre causada por la deriva de los témpanos de hielo y a las temperaturas cada vez más frías por la llegada del invierno, se añadió la desaparición casi total de la luz del sol en los primeros días de mayo. Cuesta creer lo que un grupo de hombres perdidos e incomunicados en la Antártida debieron pensar en aquellos momentos en los que estaban a punto de enfrentarse a largos meses de casi completa oscuridad e inactividad. Y cuesta aún más creer que, contra todo pronóstico, combatieron sus penalidades de una forma insólita, que es provocando activamente momentos de entretenimiento y diversión. Una gran lección para todas aquellas personas que piensan que en los peores momentos no hay otro remedio que sentirse mal. Shackleton escribió:

“Sin embargo, la compañía del Endurance se negó a abandonar la jovialidad acostumbrada, y un concierto por la noche convirtió al Ritz en una escena de ruidoso regocijo, en extraño contraste con el mundo frío y silencioso del exterior.” (Ibíd.).


14 de Abril de 1915: la vida sobre los témpanos


“Un nuevo témpano que nos daría motivos de preocupación apareció el 14 (…) Desde lo alto del mástil podíamos ver que el banco se estaba apilando y era fácil imaginar cuál sería el destino del barco si entraba en el área de alteración. Quedaría aplastado como una cáscara de huevo entre las devastadoras masas.” (South, p. 103).

La vida sobre témpanos de hielo flotantes que derivaban y chocaban constantemente no debía ser fácil. Por un lado, Shackleton y su tripulación eran arrastrados de un lugar a otro con apenas control sobre lo que sucedería al día siguiente. Por otro, siempre podía ocurrir que los témpanos se agrietaran o partieran, dando lugar a fatales consecuencias. Por último, era también posible que una placa de hielo remontara a otra, provocando situaciones quizá aún peores. Aquel periodo es probablemente uno de los mejores ejemplos de la vida en la incertidumbre, en la que, por su propia serenidad y salud mental, los hombres debían necesariamente centrarse en el hoy sin hacerse demasiadas preguntas respecto al mañana.

 

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31 de Marzo de 1915: la deriva

“Nuestra deriva total entre el 19 de enero, cuando el barco quedó atrapado en el hielo, y el 31 de marzo, período de setenta y un días, había sido de ciento cincuenta y dos kilómetros en una dirección norte 80º oeste”. (Sur, p. 100).

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Muy pronto apareció uno de los más silenciosos y sin embargo peligrosos compañeros de camino en la expedición Endurance: la deriva. En el mar de Weddell, que se encuentra en una bahía circular, hay un constante movimiento de las aguas en el sentido de las agujas del reloj. Los témpanos de hielo se dejan arrastrar por esa corriente, llevando consigo todo lo que está en su superficie, como era el caso del barco, el campamento y la tripulación que lo habitaba. Esa deriva era incontrolable e impredecible, y de momento les estaba alejando del punto donde debían haber llegado, que es donde alguien enviaría ayuda en el caso de que nadie supiera de ellos durante un tiempo prolongado, haciéndola inservible. Por otro lado, la corriente podía también provocar cambios en la temperatura y la estructura del hielo que atentaran contra la integridad del barco. En ese contexto, la observación de la posición en la que se encontraban cada día, y por tanto del efecto de la deriva, se convirtió en una preocupación habitual para Shackleton y su tripulación.


14 de Febrero de 1915: segundo intento de liberar el Endurance

“La segunda mitad de febrero no produjo un cambio importante en nuestra situación. El 14, por la mañana temprano, ordené una buena carga de vapor a las máquinas y envié a todos los hombres a la placa con cinceles para hielo, punzones y piquetas.” (Sur, p. 86).

Poco más tarde de que se abriera la vía en el hielo, Shackleton intentó por segunda vez liberar el barco. La tripulación se esforzó a fondo en ello, pero resultaba una lucha imposible porque, a pesar de que lograron avanzar hasta un punto, cada metro que ganaban al hielo a partir de ahí, se volvía a congelar rápidamente. Cuando llevaban más de un día trabajando Shackleton se dio cuenta de que no lo conseguirían, y dio la orden para que se detuvieran. Esto constituyó una importante desilusión para los hombres, que se habían afanado a fondo. Sin embargo, pese al titánico esfuerzo que habían hecho, aún cuatrocientos metros de hielo separaban un barco de trescientas cincuenta toneladas de la vía más cercana.

Meses más tarde Shackleton tendría la sensación de que el barco jamás ganaría la desigual lucha contra el hielo, y pronunciaría unas certeras y premonitorias palabras que mostraban al tiempo su profundo conocimiento de la Antártida y el temor de que todo acabara en tragedia:

“lo que el hielo conquista, el hielo se lo queda”.