Archivo de la etiqueta: antártida

30 de agosto de 1916: el rescate, al fin

“Nos acercamos a la isla en medio de una densa niebla. No me atreví a esperar a que levantara, y a las 10:00 del 30 de agosto pasamos cerca de algunos témpanos varados (…) Avancé hacia el este y, a las 11:40, la vista aguda de Worsley detectó el campamento, casi invisible bajo su cubierta de nieve (…) Vi una pequeña figura en una roca golpeada por el oleaje y reconocí a Wild. Al acercarme, grité: ¿Están todos bien? Y el contestó: Estamos todos bien, Jefe.” (Sur, pp. 353-354).

“El 30 de agosto de 1916 está descrito en sus diarios como un “día de las maravillas” (…) Desde quince días después de que yo me había ido, Wild enrollaba su saco de dormir con la observación: “Tengan sus cosas listas, muchachos, el Jefe puede venir hoy”. Y en efecto, un día la niebla se levantó y reveló el barco que habían estado esperando y deseando durante más de cuatro meses.” (Sur, pp.  382-383).

nla.pic-an24039585-v blog shackleton jesus alcoba

Shackleton partió de Londres el 1 de agosto de 1914, y el rescate en isla Elefante se produjo finalmente el 30 de agosto de 1916, es decir dos años después. El tiempo que media entre una fecha y otra constituye uno de los relatos de superación, liderazgo y éxito más importantes de la literatura sobre supervivencia y aventura. Triunfar con el viento a favor y cuando todo sale según lo planificado es siempre meritorio. Pero tener éxito cuando el destino se tuerce a cada paso es algo solo reservado a personajes de talla superlativa, como es el caso de Shackleton.

Aunque normalmente se tiende a identificar el 30 de agosto de 1916 como el día en que la expedición tocó a su fin, en realidad no sería así, ni mucho menos, puesto que en el otro extremo de la Antártida aún aguardaba el equipo del Aurora, el barco que Shackleton había enviado al mar de Ross para dar soporte a su expedición. Solo al final aquella tripulación se enteró de que sus esfuerzos para instalar los depósitos de aprovisionamiento, que dos de sus miembros pagaron con su vida, habían sido en vano, puesto que Shackleton nunca había cruzado la Antártida a pie, como era su plan.

A pesar de que se les conoce como los Hombres Perdidos, Shackleton nunca se olvidó de ellos, y tan pronto la tripulación de isla Elefante fue rescatada puso en marcha un plan en el que invertiría meses de esfuerzos, hasta que al fin logró rescatarlos en enero de 1917.

Años después de la expedición Endurance un periodista preguntó a uno de los miembros de la tripulación cómo habían logrado sobrevivir donde muchos otros habrían fracasado. La explicación de aquel hombre fue tan breve como rotunda:

“Shackleton”.


16 de agosto de 1916: calma chicha, silencio opresivo

“El 16 de agosto, se observó la línea de la banquisa en el horizonte y, al día siguiente, la bahía estaba llena de hielo suelto, que pronto se consolidó. Luego, enormes placas viejas y muchos témpanos llegaron a la deriva. La banquisa parece más densa que nunca. No se ven aguas abiertas, y el resplandor del cielo circunda el horizonte. El tiempo está horrible: una calma chicha del aire y del océano por igual, este último oscurecido por el denso hielo a través del cual el oleaje no puede penetrar, y una bruma húmeda cuelga como una cortina sobre la tierra y el mar. El silencio es opresivo. No hay nada que hacer, excepto permanecer en el saco de dormir o bien deambular en la nieve blanda y empaparse por completo” (Sur, pp. 374-375).

Para el 16 de agosto habían ocurrido ya tres intentos fallidos de llegar a isla Elefante. En los tres la isla estaba prácticamente rodeada por el hielo, y por tanto es difícil que los hombres fueran conscientes de que Shackleton estaba intentando rescatarles. En la segunda ocasión hicieron un disparo para que los hombres supieran que estaban a salvo y que estaban intentando llegar, pero en isla Elefante los estruendos causados por los glaciares eran frecuentes y nadie lo escuchó. Así que aquel 16 de agosto se cumplían aproximadamente tres meses sin noticias desde que Shackleton abandonara la isla en el minúsculo James Caird. Por otro lado, debido a una repentina subida de la temperatura, parte de los animales que habían cazado se habían echado a perder. Ahora, a la falta de noticias y a la escasez de provisiones se unía también la inactividad, pues en el diminuto espacio en el que se encontraban poco podían hacer.

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014


21 de julio de 1916: tercer intento fallido

“En la madrugada del viernes 21 de julio, nos encontrábamos a cien millas de la isla y nos topamos con el hielo a media luz. Esperé a que amaneciera del todo y luego intenté abrirnos paso.” (Sur, p. 351).

Shackleton intentaba por todos los medios abrirse paso hacia isla Elefante. El tiempo era realmente malo, y había un fuerte oleaje que agitaba la goleta Emma como si fuera un corcho en el agua. Shacketon intentó abrirse paso a través de la banquisa, pero en menos de diez minutos el barco chocó contra el hielo, y como resultado una de las piezas del mástil de proa resultó dañado. Tampoco tenían ya motor, así que únicamente podían navegar a vela. En esas condiciones lo mejor parecía evitar el hielo, pero cada vez que Shackleton lo intentaba, la banquisa volvía a aparecer impidiéndoselo.

Banquisa antártica (c) Jesús Alcoba 2015

Banquisa en la Antártida
(c) Jesús Alcoba 2015

Su diario refleja, con la brevedad y dramatismo de otras ocasiones, el momento en el que, por tercera vez, tuvo que abandonar su idea de rescatar a sus hombres:

“Era difícil tener que regresar por tercera vez, pero me di cuenta de que no podríamos llegar a la isla en esas condiciones, y debíamos dirigirnos hacia el norte a fin de que el barco no tuviera que navegar entre pesadas masas de hielo.” (Sur, p. 352).

 


18 de junio de 1916: 900 terrones de azúcar

“Para el 18 de junio, quedaban solo 900 terrones de azúcar, es decir, apenas algo más de cuarenta piezas por persona (…) En estas circunstancias, no es sorprendente que todos sus pensamientos y conversaciones se centraran en la comida, en banquetes pasados y futuros, y en segundas porciones que alguna vez habían rechazado.” (Sur, p. 378).

Son muchos los lugares del diario de Shackleton en los que se hace alusión a la comida: inventarios, cálculos, ingredientes, recetas, y un sinfín de detalles más dan muestra de que realmente la alimentación constituía una gran preocupación.

Sin embargo, lejos de intentar no pensar en ello, de todos los temas  de conversación que surgían en aquel grupo de náufragos antárticos la comida ocupaba un lugar preponderante. Los hombres se entregaban a entretenidos diálogos sobre sus platos favoritos, dando la la impresión de que aquellas conversaciones saciaban en parte su necesidad de comida. En aquel mes de junio en el que se hizo recuento de los terrones de azúcar que restaban se realizó un censo según el cual cada hombre debía decir qué le gustaría comer, si fuera posible conseguir cualquier tipo de comida. El plato más votado fue  budín de sebo. A partir de ahí los marineros fueron aportando sus ideas por turno y aquello acabó en una animada conversación sobre  diferentes platos y preferencias culinarias.

Marston, uno de los artistas de la expedición, había traído consigo un libro de cocina. Otro de los entretenimientos favoritos de los marineros era leerlo por la noche, pero solo una receta cada vez, a fin de poder disfrutarlo más tiempo. La receta era comentada por todos, y se realizaban aportaciones y sugerencias, con lo que al final los hombres se dormían pensando en suculentas recetas que servían de compensación imaginaria a la precaria situación alimenticia en la que se encontraban.

 

sugar blog shackleton jesus alcoba

 


10 de junio de 1916: el Instituto de Pesca Nº1

“El Almirantazgo británico me informó que no había ningún buque apropiado en Inglaterra y que no podía esperarse ninguna ayuda antes de octubre. Contesté que octubre sería demasiado tarde. Entonces, el ministro británico en Montevideo me telegrafió y me informó acerca de un buque de arrastres llamado Instituto de Pesca Nº1, perteneciente al Gobierno uruguayo. Era un barco pequeño y resistente, y el gobierno generosamente se había ofrecido a equiparlo con carbón, provisiones, ropa y otros elementos y enviarlo a las Islas Falkland para que yo lo llevara a isla Elefante. Acepté con gusto este ofrecimiento, y el barco llegó a Puerto Stanley el 10 de junio. Zarpamos hacia el sur de inmediato.” (Sur, pp .347-348).

“Zarpamos hacia el sur de inmediato.” Era en este tipo de frases donde se evidenciaba la determinación de Shackleton. Pese a haber atravesado el infierno, como él mismo escribió a su mujer tras regresar de la Antártida, no dudó ni un minuto ni en embarcarse en el Southern Sky, ni en aceptar la ayuda que le ofrecía el Instituto de Pesca Nº1, un pequeño vapor a carbón de 45 metros de eslora.

Desafortunadamente, y como en el peor de los presagios, este segundo intento de rescate que comenzaría el 10 de junio de 1916 no tendría éxito. Tal y como Shackleton escribió en su diario, a menos de veinte millas de la isla encontraron una barrera de hielo que resultó impracticable. Ante el intento de Shackleton de atravesarla el hielo respondió capturando el barco, con lo que tuvieron que dar marcha atrás para salir de un atrapamiento cuyas fatales consecuencias conocían perfectamente. Las condiciones climatológicas y la limitada reserva de carbón que tenían les hizo regresar a puerto, pese a que podían divisar perfectamente la isla por la banda de estribor.

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)


23 de mayo de 1916: el Southern Sky

“La primera parte del viaje hasta la isla Elefante en el Southern Sky transcurrió sin incidentes. A mediodía del martes 23 de mayo, navegábamos a doce millas por hora en dirección suroeste. Avanzamos bastante, pero la temperatura bajó mucho, y los indicios me dieron motivo para preocuparme por la probabilidad de encontrarnos con el hielo.” (p. 345).

El presagio de Shackleton acabaría por cumplirse, y a escasas setenta millas de la costa de isla Elefante el Southern Sky tuvo que darse la vuelta por debido al hielo. Era un barco hecho de acero, y Shackleton calculaba que no resistiría los golpes del hielo. Como él mismo escribió, resultaba difícil aceptar el fracaso, pero no parecía haber nada que se pudiera hacer. Por otro lado, había que tomar una decisión rápida, pues el barco sólo tenía carbón para diez días. Como en aquel momento estaban más cerca de las Malvinas que de Georgia del Sur, Shackleton decidió poner rumbo a aquellas islas para intentar desde allí el rescate con otro barco.

Catcher ballenero similar al Southern Sky (histarmar.com)

Catcher ballenero similar al Southern Sky (histarmar.com)


Medianoche del 19 al 20 de mayo de 1916: la risa estaba en nuestros corazones

“Worsley y Crean entonaron sus viejas canciones mientras que el Primus ardía alegremente. La risa estaba en nuestros corazones, aunque no en nuestros labios agrietados y cortados.” (Sur, pp. 327-328).

P1000359 blog shackleton jesus alcoba

Crean Lake (c) Jesús Alcoba 2014

El relato de la travesía de South Georgia es, nuevamente, el de una lucha suprema contra la adversidad. Sin mapas del interior de la isla y con un equipo mínimo, Shackleton, Worsley y Crean debían llegar al otro lado para pedir rescate y salvar la vida de sus compañeros.

Uno de los episodios más mencionados relata que, con la llegada de la noche, la temperatura empezaba a bajar bruscamente, y Shackleton y sus compañeros debían perder altura o morirían congelados. La única posibilidad era dejarse deslizar por la pendiente, pecho contra espalda, esperando que ningún obstáculo o zanja les detuviera de forma letal. Lo dramático del asunto es que no había alternativa. O lo hacían así, o si se entretenían buscando otros planes, morirían poco a poco de congelación. Como es de suponer, asumieron el riesgo y, por suerte, el destino premió su audacia. Sobrevivieron.

Al llegar la medianoche de aquel extenuante día encendieron su hornillo Primus para calentar algo de comida, descansar y cantar. Pero no dormirían, pues no se lo podían permitir, sino que seguirían su camino. Poco más tarde, estaban tan cansados que Shackleton dejó dormir a sus compañeros, pero a los cinco minutos les despertó diciéndoles que habían dormido media hora. El motivo era simple: si les dejaba más tiempo, él mismo se quedaría dormido de agotamiento y morirían.

Debían seguir avanzando. A toda costa.

 


10 de mayo de 1916: desembarco en Georgia del Sur

“Muchas veces me maravilló la delgada línea que divide el éxito del fracaso y el repentino cambio que conduce del desastre aparentemente seguro a una relativa seguridad (…) Deseábamos que llegara el día. Cuando al fin amaneció la mañana del 10 de mayo, casi no había viento, pero corría un fuerte mar cruzado. Avanzamos con lentitud hacia la costa (…) Grandes glaciares bajaban hasta el mar, pero no presentaban ningún lugar donde desembarcar. El mar se descargaba contra los arrecifes y explotaba contra la costa (…) Estaba oscureciendo. Una pequeña ensenada, con una playa cubierta por grandes rocas protegida por un arrecife, constituía un cambio en los acantilados del extremo sur de la bahía, y viramos en esa dirección (…) Salté a tierra con la boza corta y la sostuve cuando el bote volvió a alejarse con la marea que retrocedía (…) Un momento después, estábamos de rodillas bebiendo el agua pura, helada, a grandes tragos que nos devolvieron la vida. Fue un momento espléndido.” (Sur, pp. 298-300).

Shackleton dedica tres páginas de su diario al momento en el que por fin desembarcaron en South Georgia, poniendo fin con éxito a la que, a día de hoy, aún es la travesía en bote más arriesgada y heroica de toda la historia de la navegación, desde el comienzo de los tiempos. Frank Worsley, posiblemente uno de los mejores navegantes de la Historia, con un equipo de navegación mínimo, había cometido también un error mínimo, de unos 30 kilómetros en un trayecto de 1.300, lo que equivale aproximadamente a un 2%. Nunca tan pocos hombres han hecho tanto con tan poco. Es estremecedor pensar cómo debieron vivir aquellos días en los que navegaron entre la incertidumbre, y cómo se debieron sentir cuando al fin desembarcaron en la isla de la que habían salido casi dos años antes. Aquel día la bahía del Rey Haakon, en la remota South Georgia, les arropó y les proporcionó un consuelo difícil de describir con palabras.

nla.pic-an23478557-v blog shackleton jesus alcoba


17 de abril de 1916: Cabo Wild

Desafortunadamente la playa donde habían inicialmente desembarcado Shackleton y sus hombres no era apta para establecer allí su campamento, pues era demasiado pequeña y tarde o temprano sería cubierta por el agua. Así que, sin apenas descanso, tuvieron que afanarse en buscar otro lugar. Frank Wild, acompañado de cuatro hombres, fue el encargado de localizar el nuevo y definitivo lugar, que sería bautizado con su nombre, Cabo Wild, y que aparece descrito así:

“Un banco de arena once kilómetros al oeste, de unos doscientos metros de largo, que formaba un ángulo recto con la costa y terminaba en el extremo que daba al mar en una masa de rocas.” (Sur, p. 253).

nla.pic-an24039600-v (cape wild) blog shackleton jesus alcoba

El 17 de abril Shackleton y su tripulación, en los pequeños botes salvavidas, se dirigieron a Cabo Wild y se establecieron allí. Pese a que, como en la peor de las pesadillas, la ventisca que les recibió duró dos semanas soplando entre los 100 y los 150 kilómetros por hora, los hombres de Shackleton se encontraron felices de estar al fin seguros en tierra firme:

“Cuando nos apiñamos alrededor de la cocina de grasa, con el humo acre que volaba hacia nuestras caras, nos sentimos un grupo feliz.” (Sur, p. 258).

 


14 de abril de 1916: desembarco en Isla Elefante

nla.pic-an23478563-v blog shackleton jesus alcoba

 

“Remando con cuidado y evitando la marejada que mostraba dónde había rocas hundidas, llevamos el Stancomb Wills hacia la abertura en el acantilado. Luego, con unas pocas paladas, avanzamos por encima del oleaje y llevamos el bote hasta una playa rocosa. La siguiente 0la lo empujó un poco más lejos. Este era el primer desembarco jamás hecho en Isla Elefante.” (Sur, p. 246).

497 días después de haber abandonado tierra firme, en la ahora aún lejana South Georgia, los hombres de Shackleton arribaron por fin en Isla Elefante, una roca helada perdida en medio del océano, demasiado lejos de cualquier sitio habitado. El comportamiento de los hombres, debido al maltrecho estado en el que estaban, y a la alegría que sentían, fue cuando menos curioso:

“Algunos de los hombres se tambaleaban por la playa como si hubieran encontrado una fuente inagotable de alcohol en la desolada costa. Se reían ruidosamente, levantaban piedras y dejaban caer puñados de guijarros entre los dedos como avaros deleitándose frente al oro acumulado. Las sonrisas y las risas, que hacían que los labios resquebrajados se volvieran a partir, y las exclamaciones de júbilo al ver dos focas vivas en la playa me hicieron pensar, por un momento, en esa fastuosa hora de la infancia cuando por fin se abre la puerta y el árbol de Navidad en todo su esplendor aparece ante nuestros ojos.” (Sur, pp. 247-248).