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21 de Noviembre de 1915: la pérdida definitiva del Endurance

“Esta tarde, cuando estábamos en nuestras tiendas, oímos al Jefe gritar: ‘¡Se está yendo, muchachos!’. Salimos en un segundo y llegamos a la estación de guardia y a otros puntos estratégicos y, efectivamente, allí estaba nuestro pobre barco a dos kilómetros y medio de distancia luchando en su agonía de muerte. Se hundió primero la proa, la popa se elevó en el aire. Luego se zambulló rápidamente y el hielo se cerró sobre él para siempre. Verlo nos dio una sensación espeluznante, puesto que, aunque no tenía mástiles y era inútil, parecía nuestro vínculo con el mundo exterior.” (Sur, pp. 182-182).

El relato del episodio de la pérdida del barco no detalla que debido a las bajas temperaturas el hielo cubrió de nuevo el lugar que antes ocupaba el Endurance en apenas unos pocos minutos. Debió de ser como una pesadilla, como si el barco jamás hubiera estado allí. Esto sin duda debió provocar sentimientos de desolación y abandono en los marineros, como así lo expresa el diario de Shackleton:

“Dudo que hubiera uno entre nosotros que no haya sentido alguna emoción personal cuando Sir Ernest, de pie en lo alto del puesto del vigía, dijo con cierta tristeza y voz queda: ‘se ha ido, muchachos’.” (Sur, p. 182).

 

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7 de Noviembre de 1915 en Ocean Camp: observando la deriva

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“Los dos temas de mayor interés para nosotros eran nuestra velocidad de deriva y el clima (…). Un creciente viento del noroeste, que comenzó el 7 de noviembre y que duró doce días, nos desanimó durante un tiempo, hasta que descubrimos que sólo habíamos derivado cinco kilómetros hacia el sur, de modo que ahora estábamos veintisiete kilometros en buena dirección. Esto fortaleció nuestras teorías de que el hielo del mar de Weddell estaba derivando en círculos en sentido horario, y que si podíamos mantenernos en nuestro bloque el tiempo suficiente, terminaríamos siendo transportados hacia el norte, donde se extendía el mar abierto y el camino hacia una relativa seguridad.” (Sur, pp. 174-175).

Shackleton y sus hombres habían detenido su camino hacia el norte debido a que la tarea de empujar los botes salvavidas cargados con sus cosas era extenuante y bastante improductiva. Por otro lado, las condiciones eran constantemente cambiantes, y existía la posibilidad de que se abrieran canales que les permitieran remar en lugar de caminar, facilitando así su misión.

Se detuvieron en una placa de unos dos kilómetros y medio cuadrados y montaron un campamento al que llamaron Ocean Camp. Este témpano, que se iría reduciendo poco a poco como consecuencia del cambio en las condiciones climáticas, sería su hogar durante casi dos meses. Como no llevaban mucha distancia recorrida desde el lugar donde el barco yacía destrozado, regresaron allí para recoger todo cuanto les pudiera ser necesario.

Cuesta imaginar la constante vivencia de incertidumbre en la que se encontraban Shackleton y sus hombres. No sólo porque no sabían cuánto tiempo permanecerían en aquellas circunstancias en las que tanto las provisiones como el abrigo eran objeto de preocupación constante, sino porque las condiciones climatológicas, contra las que nada podían hacer, modificaban constantemente su posición y con ello su destino. Un viento del noroeste era siempre portador de malas noticias, puesto que les arrastraba hacia el sur cuando ellos pretendían ir al norte, empujados por la corriente circular del mar de Weddell. La paciencia, la aceptación de los hechos, el optimismo y la resistencia a la adversidad fueron nuevamente las constantes durante aquellas semanas en Ocean Camp.


30 de Octubre de 1915: se tiraron los soberanos y se guardaron las fotografías

“Será mucho mejor para los hombres en general sentir que, aunque el progreso sea lento, están en camino hacia la tierra, en vez de simplemente permanecer sentados y esperar a que la ansiada deriva hacia el noroeste nos libere de este cruel desierto de hielo. Haremos el intento de avanzar. No depende de mí predecir o controlar.” (Sur, p. 157).

En medio de la conmoción que supuso la pérdida del barco, Shackleton propuso el único plan que podía darles una oportunidad de sobrevivir. Cargarían un mínimo de pertenencias personales, en torno a un kilogramo por persona, en los tres botes salvavidas que tenían, y los empujarían hacia el norte, buscando mar abierto para navegar con ellos hasta una de las islas al norte del mar de Weddell.

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Si se tiene en cuenta que cada uno de los botes cargados pesaba en torno a una tonelada, y que el hielo sobre el que estaban no era una superficie lisa, es fácil concluir que la tarea era titánica. La otra opción era simplemente esperar a que la deriva les llevase hasta el norte. Pero Shackleton sabía que, al menos durante los primeros momentos, los hombres necesitaban un objetivo por el que luchar, pues de otro modo la desesperación acabaría con su moral y potencialmente con su vida.

Evidentemente la selección de los objetos que cada hombre portaría se hizo según un criterio afectivo, y así fue como los hombres de Shackleton comenzaron a aprender que la auténtica lucha por la supervivencia no acababa sino de empezar.

“Un hombre en tales condiciones necesita algo en que ocupar sus pensamientos, algún recuerdo tangible de su hogar y de las personas que dejó al otro lado del mar. Por lo tanto, se tiraron los soberanos y se guardaron las fotografías. Arranqué la guarda de la Biblia que la Reina Alejandra le había entregado al barco, escrita por ella misma, y también la hermosa página de Job que incluye el siguiente versículo:

«¿De qué seno sale el hielo?
Quién da a luz la escarcha del cielo,
cuando las aguas se aglutinan como piedra
y se congela la superficie del abismo?»
(Job 38: 29-20).”

(Ibíd., pp. 158-9).

 


28 de Octubre de 1915: Dump Camp, la mañana después

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Los hombres habían sacado todo lo que habían podido del barco y lo habían amontonado en un lugar cercano, en un campamento al que, debido al desorden provocado por la rapidez con la que había sucedido todo, bautizaron como Dump Camp. La mañana después al desastre del barco Frank Hurley inmortalizó ese provisional campamento en esta fotografía, que recoge el malogrado Endurance al fondo. Pronto, sin embargo, se detendrían en otro lugar que les serviría de hogar durante más tiempo, al que bautizarían como Ocean Camp.

 


27 de Octubre de 1915: un día fatídico

“Luego, llegó un día fatídico: miércoles 27 de octubre. La posición era 69º5′ latitud S, 51º30′ longitud O. La temperatura era -18,2ºC . Soplaba una brisa débil del sur, y el sol brillaba en un cielo claro.

Tras largos meses de incesante ansiedad y estrés, tras momentos en que teníamos grandes esperanzas y otros cuando las perspectivas eran en verdad lúgubres, el fin del Endurance ha llegado (…) Es difícil escribir lo que siento. Para un marino, su barco es más que un hogar flotante, y en Endurance había centrado mis ambiciones, mis esperanzas y mis deseos. Ahora, deformándose y gimiendo, con sus cuadernas rajándose y sus heridos abriéndose, lentamente está abandonando su sensible vida en el inicio mismo de su carrera.” (Sur, pp. 145-146).

Poco se puede comentar tras leer las palabras que Shackleton recogió en su diario aquel 27 de Octubre. Efectivamente, su barco era más, mucho más que un hogar flotante: era su sueño, su proyecto, su empresa, y desde luego su vía de escape. Como él mismo escribe en su diario, el Endurance aguantó 281 días de deriva en la que es probable que cubrieran más de 2400 kilómetros desde el punto en que quedaron atrapados. Cuesta creer cómo se debieron sentir todos, máxime cuando la subida progresiva de las temperaturas motivada por su movimiento hacia el norte y por la llegada del verano antártico sin duda presagiaban el deshielo, y por tanto la liberación del barco.

Ni quiera la fotografía del genial Frank Hurley, con un Frank Wild observando las ruinas del Endurance, es capaz de captar la desolación y el dramatismo de aquel 27 de Octubre en el que se esfumó todo lugar para la esperanza.

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En ese mismo momento, sin embargo, y haciendo gala de una increíble capacidad de regeneración, Shackleton intercambió su objetivo de cruzar la Antártida a pie por otro, que acaso era más difícil de alcanzar: “La tarea es llegar a tierra con todos los miembros de la expedición.” Más adelante, escribiría con convicción la idea que subyacía a aquel rápido giro en la formulación de sus objetivos:

“Un hombre debe abocarse a una nueva meta tan pronto como la anterior fracasa.”.


12 de Octubre de 1915: llega la primavera

“La temperatura permaneció relativamente alta durante varios días. Todos los hombres se pasaron a sus alojamientos de verano, en los camarotes superiores, el día 12, con el acompañamiento de mucho ruido y risas. La primavera se sentía en el aire, y si no había nada verde creciendo para alegrar nuestros ojos, al menos había muchas focas, pingüinos e, incluso, ballenas que se divertían en los canales. La época en que se renovaba la acción se acercaba, y aunque nuestra situación era bastante seria, hacíamos frente al futuro con esperanzas.” (Sur, p. 137).

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Cuando Shackleton habla de temperatura relativamente alta en general se refiere a una sensación térmica que ronda por abajo los cero grados. Poco antes en su diario refiere que en los últimos días la temperatura había ascendido de -23,3 ºC a -1,2ºC, provocando un deshielo incómodo por la humedad que generó.

Ese hecho aparte, lo cierto es que con la llegada de la primavera Shackleton y sus hombres se sentían con ánimos renovados, producidos entre otras cosas por la subida de las temperaturas, la creciente proporción de luz solar y la llegada de animales que suponían provisiones.

Es de suponer que Shackleton y sus hombres suponían que el hielo liberaría el barco. Primero por que parecía el lógico desenlace para compensar los largos meses de temperaturas extremas, completa oscuridad y escasez de provisiones.


30 de Septiembre de 1915: un mal día

“El 30 de Septiembre fue un mal día (…) El barco sostenía una terrible presión en la parte de babor hacia proa, pero las peores tensiones se soportaron en la zona del casco, por debajo de la jarcia prole. Fue el peor apretón que experimentamos. Las cubiertas se estremecieron y saltaron, los baos se arquearon y los candeleros se pandearon y estremecieron. Ordené a todos los hombres que estuvieran listos para cualquier emergencia que hubiera. Incluso los perros parecían sentir la tensa ansiedad del momento. No obstante, el barco resistió con valentía, y justo cuando parecía que llegaba al límite de su fortaleza, la enorme placa que nos presionaba hacia abajo se rajó a lo largo y nos alivió.” (Sur, p. 133).

El mes de septiembre, que había comenzado con fuertes movimientos en la placa, finalizó con un tremendo ataque de los témpanos contra el Endurance, que volvió a acusar el embiste. Los baos son las vigas que cruzan el barco de babor a estribor, sobre los que está colocada la cubierta. Si se tiene en cuenta que deben resistir presiones de todo tipo, entre ellas la producida por todos los objetos y personas que puede haber en cubierta, es obvio que el tamaño y grosor de estas vigas es considerable. Por ello es significativo que Shackleton relataba que los baos se arquearon. Eso da una idea de la terrible presión que estaba sufriendo el barco. En aquellos momentos la mezcla de sentimientos que albergaban los hombres debía ser altamente contradictoria: por un lado, los movimientos en la placa significaban que con el aumento de las temperaturas el hielo podría al fin liberar el barco. Por otro lado, los continuos ataques del hielo sobre el barco podrían destruirlo. Worsley escribió:

“Sería triste si una embarcación pequeña tan valiente es finalmente aplastada por las garras implacables de la banquisa de Weddell que lentamente la estrangulan después de diez meses del combate más audaz y valiente alguna vez presentado por un barco”.

 

NSW State Library a090017p

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Septiembre de 1915: fútbol sobre los témpanos

James Caird Society Journal Nº5

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“La rutina de trabajo y de entrenamiento en el Endurance discurría en forma regular. Habíamos hecho nuestros planes y preparativos ante cualquier contingencia que pudiera surgir durante el verano que se aproximaba, pero siempre parecía que había mucho que hacer en el barco aprisionado y fuera de él. Las carreras con los perros y los vigorosos juegos de hockey y de fútbol en la placa cubierta con nieve dura mantenían a todos los hombres con buenos ánimos” (Sur, pp. 129-130).

Una de las imágenes más insólitas de la expedición de Shackleton es ver a los hombres jugando un partido de fútbol sobre la placa de hielo. Es una fotografía que sirvió de portada para el libro “Shackleton´s Way”, de Margot Morrell y Stephanie Capparell, y que aquí aparece en una versión dibujada menos conocida, que apareció en el volumen 5 de la revista de la James Caird Society.

Por extraño e increíble que pueda parecer, mientras esperaban el verano y por tanto el deshielo que potencialmente les liberaría de la presión de los témpanos, los hombres invertían su tiempo libre en aficiones como el hockey y el fútbol. Cuesta creer que alguien pueda pensar en hacer deporte a miles de kilómetros de su hogar mientras su barco permanece a la deriva atrapado por el hielo. Sin embargo, estas actividades, sin duda fruto de la mentalidad optimista de Shackleton y de la habilidad para el liderazgo, mantenían los hombres con buen ánimo y en forma. Y, lo que es más importante, ocupaban sus mentes para evitar que el desánimo se apoderara de ellos.


Mediados de septiembre de 1915: las provisiones escasean

“Para mediados de septiembre, nos estábamos quedando sin carne fresca para los perros. Las focas y los pingüinos parecían haber abandonado nuestro vecindario por completo. Casi habían pasado cinco meses desde que matamos una foca, y los pingüinos habían sido escasos”. (Sur, p. 131).

La comida fue una constante en la expedición Endurance. A lo largo del diario de Shackleton son incontables las ocasiones en las que hace alusión a las raciones asignadas, a las provisiones almacenadas, a los horarios en los que se servía, y así sucesivamente. Durante el largo periplo que constituyó aquella arriesgada aventura, el suministro de comida estaba constantemente amenazado. En primer lugar, porque en sí las raciones que llevaban almacenadas desde la partida eran escasas en comparación con el esfuerzo que debían realizar. En segundo lugar porque, como ocurrió en  septiembre de 1915, el invierno antártico hizo difícil la caza y por tanto las provisiones escaseaban. Y en tercer lugar, y no menos importante, porque a pesar de que cazaban pingüinos y focas, ninguna dieta basada casi exclusivamente en proteínas puede ser satisfactoria.

 

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2 de Septiembre de 1915: movimientos en el hielo

“Sabíamos que el Endurance era sólido y leal, pero ningún barco jamás construido por el hombre podría sobrevivir si era atrapado completamente por las placas y se le impedía que se elevara hasta la superficie del hielo que rechinaba. Fueron días muy angustiosos. Temprano por la mañana del 2 de septiembre, el barco saltó y se estremeció al acompañamiento de crujidos y gemidos, y algunos de los hombres que habían estado en sus cuchetas* se apresuraron a la cubierta. La presión cedió algo más tarde aquél día, cuando el hielo de la banda de babor se separó del barco hasta detrás de los aparejos principales.” (Sur, p. 127).

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Uno de los aspectos interesantes de la expedición Endurance es el que hace referencia al bloqueo del barco. En nota a pie de página del diario Sur de Interfolio, el editor hace referencia al Fram, el barco de Nansen y Amundsen, que podía ser rodeado por el hielo y derivar así durante meses (de hecho fue expresamente diseñado para ese propósito). Efectivamente, el casco del Fram tenía una sección redondeada que facilitaba su resistencia al atrapamiento, puesto que cuando la presión del hielo actuaba horizontalmente sobre él, ascendía hacia la superficie. Por el contrario, el Endurance era un barco de construcción más clásica, con paredes verticales que lo hacían más vulnerable al empuje de las placas. Si embargo, la sección redonda del Fram lo hacía poco ágil y complicado de gobernar. Si se tiene en cuenta que solo el camino de ida a la Antártida era de más de diez mil millas, y que ser atrapados por el hielo era una posibilidad a considerar, pero no era seguro que iba a ocurrir, es más bien evidente por qué Shackleton pudo no optar por un barco como el Fram.

 

* literas de un barco.