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16 de agosto de 1916: calma chicha, silencio opresivo

“El 16 de agosto, se observó la línea de la banquisa en el horizonte y, al día siguiente, la bahía estaba llena de hielo suelto, que pronto se consolidó. Luego, enormes placas viejas y muchos témpanos llegaron a la deriva. La banquisa parece más densa que nunca. No se ven aguas abiertas, y el resplandor del cielo circunda el horizonte. El tiempo está horrible: una calma chicha del aire y del océano por igual, este último oscurecido por el denso hielo a través del cual el oleaje no puede penetrar, y una bruma húmeda cuelga como una cortina sobre la tierra y el mar. El silencio es opresivo. No hay nada que hacer, excepto permanecer en el saco de dormir o bien deambular en la nieve blanda y empaparse por completo” (Sur, pp. 374-375).

Para el 16 de agosto habían ocurrido ya tres intentos fallidos de llegar a isla Elefante. En los tres la isla estaba prácticamente rodeada por el hielo, y por tanto es difícil que los hombres fueran conscientes de que Shackleton estaba intentando rescatarles. En la segunda ocasión hicieron un disparo para que los hombres supieran que estaban a salvo y que estaban intentando llegar, pero en isla Elefante los estruendos causados por los glaciares eran frecuentes y nadie lo escuchó. Así que aquel 16 de agosto se cumplían aproximadamente tres meses sin noticias desde que Shackleton abandonara la isla en el minúsculo James Caird. Por otro lado, debido a una repentina subida de la temperatura, parte de los animales que habían cazado se habían echado a perder. Ahora, a la falta de noticias y a la escasez de provisiones se unía también la inactividad, pues en el diminuto espacio en el que se encontraban poco podían hacer.

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014


21 de julio de 1916: tercer intento fallido

“En la madrugada del viernes 21 de julio, nos encontrábamos a cien millas de la isla y nos topamos con el hielo a media luz. Esperé a que amaneciera del todo y luego intenté abrirnos paso.” (Sur, p. 351).

Shackleton intentaba por todos los medios abrirse paso hacia isla Elefante. El tiempo era realmente malo, y había un fuerte oleaje que agitaba la goleta Emma como si fuera un corcho en el agua. Shacketon intentó abrirse paso a través de la banquisa, pero en menos de diez minutos el barco chocó contra el hielo, y como resultado una de las piezas del mástil de proa resultó dañado. Tampoco tenían ya motor, así que únicamente podían navegar a vela. En esas condiciones lo mejor parecía evitar el hielo, pero cada vez que Shackleton lo intentaba, la banquisa volvía a aparecer impidiéndoselo.

Banquisa antártica (c) Jesús Alcoba 2015

Banquisa en la Antártida
(c) Jesús Alcoba 2015

Su diario refleja, con la brevedad y dramatismo de otras ocasiones, el momento en el que, por tercera vez, tuvo que abandonar su idea de rescatar a sus hombres:

“Era difícil tener que regresar por tercera vez, pero me di cuenta de que no podríamos llegar a la isla en esas condiciones, y debíamos dirigirnos hacia el norte a fin de que el barco no tuviera que navegar entre pesadas masas de hielo.” (Sur, p. 352).

 


25 de junio de 1916: tormentas de nieve y vientos del noreste

“Así continuó, alternando entre tormentas de nieve del suroeste, durante las cuales estaban todos confinados en la cabaña, y los vientos del noreste que traían tiempo frío, húmedo y brumoso. El 25 de junio, se registró una severa tormenta del noreste, acompañada de fuertes vientos y un mar revuelto que penetró en la pequeña playa hasta llegar a escasos cuatro metros de su cabaña.”

Isla Elefante era un lugar inhóspito. Como lo era en particular Point Wild, el lugar donde los hombres habían establecido su campamento. Hacia mediados de mayo se levantó una ventisca que soplaba con rachas de hasta ciento cincuenta kilómetros por hora, en eso muy parecida a la que les recibió cuando llegaron a la isla. Con la diferencia de que esta levantaba láminas de hielo del tamaño de una ventana y de un centímetro de grosor, que amenazaban con producir severos daños a quien encontraran caminando por ahí. Por extraño que parezca, sin embargo, este viento que venía del sur era bien recibido por los hombres, puesto que alejaba la banquisa de la isla haciendo más viable un posible rescate.

Point Wild (c) Jesús Alcoba 2014

Point Wild (c) Jesús Alcoba 2014


10 de junio de 1916: el Instituto de Pesca Nº1

“El Almirantazgo británico me informó que no había ningún buque apropiado en Inglaterra y que no podía esperarse ninguna ayuda antes de octubre. Contesté que octubre sería demasiado tarde. Entonces, el ministro británico en Montevideo me telegrafió y me informó acerca de un buque de arrastres llamado Instituto de Pesca Nº1, perteneciente al Gobierno uruguayo. Era un barco pequeño y resistente, y el gobierno generosamente se había ofrecido a equiparlo con carbón, provisiones, ropa y otros elementos y enviarlo a las Islas Falkland para que yo lo llevara a isla Elefante. Acepté con gusto este ofrecimiento, y el barco llegó a Puerto Stanley el 10 de junio. Zarpamos hacia el sur de inmediato.” (Sur, pp .347-348).

“Zarpamos hacia el sur de inmediato.” Era en este tipo de frases donde se evidenciaba la determinación de Shackleton. Pese a haber atravesado el infierno, como él mismo escribió a su mujer tras regresar de la Antártida, no dudó ni un minuto ni en embarcarse en el Southern Sky, ni en aceptar la ayuda que le ofrecía el Instituto de Pesca Nº1, un pequeño vapor a carbón de 45 metros de eslora.

Desafortunadamente, y como en el peor de los presagios, este segundo intento de rescate que comenzaría el 10 de junio de 1916 no tendría éxito. Tal y como Shackleton escribió en su diario, a menos de veinte millas de la isla encontraron una barrera de hielo que resultó impracticable. Ante el intento de Shackleton de atravesarla el hielo respondió capturando el barco, con lo que tuvieron que dar marcha atrás para salir de un atrapamiento cuyas fatales consecuencias conocían perfectamente. Las condiciones climatológicas y la limitada reserva de carbón que tenían les hizo regresar a puerto, pese a que podían divisar perfectamente la isla por la banda de estribor.

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)


23 de mayo de 1916: el Southern Sky

“La primera parte del viaje hasta la isla Elefante en el Southern Sky transcurrió sin incidentes. A mediodía del martes 23 de mayo, navegábamos a doce millas por hora en dirección suroeste. Avanzamos bastante, pero la temperatura bajó mucho, y los indicios me dieron motivo para preocuparme por la probabilidad de encontrarnos con el hielo.” (p. 345).

El presagio de Shackleton acabaría por cumplirse, y a escasas setenta millas de la costa de isla Elefante el Southern Sky tuvo que darse la vuelta por debido al hielo. Era un barco hecho de acero, y Shackleton calculaba que no resistiría los golpes del hielo. Como él mismo escribió, resultaba difícil aceptar el fracaso, pero no parecía haber nada que se pudiera hacer. Por otro lado, había que tomar una decisión rápida, pues el barco sólo tenía carbón para diez días. Como en aquel momento estaban más cerca de las Malvinas que de Georgia del Sur, Shackleton decidió poner rumbo a aquellas islas para intentar desde allí el rescate con otro barco.

Catcher ballenero similar al Southern Sky (histarmar.com)

Catcher ballenero similar al Southern Sky (histarmar.com)


9 de abril de 1916: por fin, hacia Isla Elefante

“El día siguiente fue domingo 9 de Abril, pero no fue un día de descanso para nosotros. Muchos de los acontecimientos importantes de nuestra expedición ocurrieron los domingos, y este día en particular sería testigo de una partida obligada de la placa en donde habíamos vivido durante seis meses y del inicio de nuestro viaje en los botes.” (Sur, p. 216).

Por fin, de una manera ciertamente extraña, un poco por propia decisión, y otro poco impulsado por los acontecimientos, llegó el gran día de la partida. Como en tantas otras ocasiones, cuesta imaginar lo que debió ser para aquellos hombres abandonar la placa de hielo en la que, es cierto, de modo muy precario, habían encontrado refugio durante tanto tiempo. Lanzarse en aquellos pequeños botes al agua en medio de una Antártida siempre hosca e impredecible debió ser duro. En esos momentos, sin embargo, Shackleton encuentra fuerzas para reflexionar acerca de las cosas importantes en la vida:

“Los adornos de la civilización pronto se dejan de lado frente a realidades severas, y si el hombre tiene la mínima posibilidad de obtener comida y refugio, puede vivir e, incluso, descubrir que su risa es verdadera.” (Sur, p. 218).

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La primera noche, sin embargo, el infortunio volvería a golpearles. Lograron subir a uno de los témpanos de hielo para hacer noche, pero desafortunadamente éste se abrió en dos dejando caer a un hombre al agua. Afortunadamente Shackleton, haciendo gala de una rapidez y de una fortaleza formidables, logró sacarle antes de que su vida estuviera gravemente comprometida. Sin embargo, se quedó solo en uno de los dos fragmentos de hielo en los que quedó dividido el témpano, y a punto estuvo de perderse en la inmensidad oscura de aquel mar si no llega a ser porque lanzaron un bote para rescatarle. Escribió:

“Por un momento, sentí que el trozo de placa sobre el que yo estaba y que no cesaba de moverse era el lugar más solitario del mundo.” (Sur, p. 221).

Aquella noche aprendieron algo terrible, y es que no podrían intentar ese tipo de desembarco para pernoctar y descansar nunca más. A partir de ahí, deberían hacer noche en los botes salvavidas.


23 de marzo de 1916: tierra a la vista

Joinville Island blog shackleton jesus alcoba

Isla Joinville

 

“Esta mañana se informó de que había tierra a la vista. Nos sentíamos escépticos, pero esta tarde se la vio en forma inequívoca hacia el oeste, y no puede haber más dudas al respecto. Se trata de la isla Joinville y de sus cordilleras dentadas, todas cubiertas de nieve, visibles en el horizonte. Esta tierra que se veía yerma e inhóspita sería un lugar de refugio para nosotros si pudiéramos llegar a ella. No obstante, sería ridículo hacer el intento, con el hielo roto como está, demasiado suelto y quebrado para avanzar sobre él, aunque no demasiado abierto para poder botar las embarcaciones.” (Sur, p. 207).

Los hombres de Shackleton habían seguido su deriva hacia el norte siguiendo la corriente que, en el sentido de las agujas del reloj, circula en el mar de Weddell. Y en un momento dado, apareció frente a ellos la isla Joinville, cuya posición es 63°15′S 55°45′O, en la punta de la península antártica. Mide tan solo unos sesenta por veinte kilómetros y está casi por completo cubierta de hielo, pero a un así a los hombres les pareció un refugio más seguro que el témpano de hielo sobre el que estaban derivando.

En ese momento apareció uno de los grandes dilemas de esta fase de la expedición. Con las islas de la península antártica a una distancia razonable, aparecía de manera cada vez más clara la oportunidad de bajar los botes al agua para intentar ganar tierra firme.

El momento de lanzar las embarcaciones, sin embargo, no parecía sencillo de determinar. Si lo hacían demasiado pronto, es decir, con excesivo hielo, no podrían abrirse paso a través de la banquisa y quedarían atrapados en el agua, con todas sus pertenencias en tres pequeños botes salvavidas, pues subirlos a un témpano de hielo era una tarea de extraordinaria dificultad, debido a su peso y a las condiciones de hielo. Por el contrario, si esperaban demasiado, el témpano de hielo sobre el que vivían podría partirse en dos, dejándoles caer al agua con el consiguiente riesgo de muerte por hipotermia.


Marzo de 1916: el incidente de la foca leopardo

“Ahora nuestras comidas consistían casi por completo en carne de foca, con una galleta al mediodía, y calculé que a esa velocidad, previendo que se cazaría un cierto número de focas y pingüinos, podríamos durar casi seis meses.” (Sur, pp. 200-201).

Marzo de 1916 no fue un mes especialmente intenso en cuanto a incidencias, pues en el diario de Shackleton apenas ocupa unas pocas páginas. Fundamentalmente continúan las constantes alusiones a la comida y al hambre que estaban pasando. Aún quedaban raciones para cuarenta días que estaban destinadas a los viajes en trineo (que nunca llegarían a realizarse), pero Shackleton eran consciente de que de momento no podían tocarlas, pues en el momento en que por fin pudieran lanzar los botes al agua para escapar del hielo tendría que aumentar las raciones considerablemente.

Quizá uno de los episodios más llamativos ocurrió el día en el que una foca leopardo saltó al témpano sobre el que estaban y atacó a uno de los hombres. Las focas leopardo son animales grandes, dotados de dientes afilados y altamente peligrosos para los seres humanos. La que atacó a Orde-Lees medía casi cuatro metros y pesaba en torno a los 500 kilos. Afortunadamente Wild se dio cuenta y, de manera sorprendente, en el mismo lapso en el que la foca saltó a la placa y amenazó a Orde-Lees, a él le dio tiempo a coger su rifle, apuntar, disparar y abatirla de un solo tiro. Una prueba más de la experiencia, preparación y valor de Frank Wild, hombre de confianza de Shackleton y sin duda uno de los grandes héroes de la expedición Endurance.

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26 de Enero de 1916: escasez de agua y alimentos

“Hoy, 26 de enero, cazamos un pingüino de Adelia y apareció otra ballena en las cercanías, pero ninguna foca. Nos queda muy poca grasa y, por consiguiente, hay que clausurar una de las cocinas. Sólo recibimos una bebida caliente por día, el té del desayuno. Durante el resto del día bebemos agua helada. A veces, incluso, nos falta el agua, entonces nos llevamos a la cama unos pocos trozos de hielo en una lata de tabaco. Por la mañana, hay casi una cucharada de agua en el lata, y uno tiene que permanecer inmóvil para no derramarla.” (Sur, p. 195).

Con el año nuevo comenzaba la que posiblemente iba a ser una de las peores etapas de la expedición Endurance. La Antártida es el desierto más grande del mundo, con más de trece mil kilómetros cuadrados. Ello explica la terrible paradoja de que, a pesar de vivir sobre el hielo, los hombres experimentaran escasez de agua. Hay que hacer serios esfuerzos de imaginación para pensar en cómo es la vida cuando uno tiene que tener a su  lado mientras duerme un poco de hielo en una lata de tabaco, con cuidado para no verterla, con el único propósito de tener apenas un sorbo de agua por la mañana.

El otro gran peligro era la escasez de alimentos. De hecho, a causa de ello no hubo otro remedio que sacrificar a casi todos los perros, excepto dos grupos que de momento sobrevivieron. Ello debió suponer un impacto en el ánimo de la tripulación, puesto que estos animales, además de una fuente de actividad, también significaban una compañía para los hombres.

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22 de Diciembre de 1915: nuevo intento de escapar del hielo

“El 22 de diciembre, por lo tanto, fue considerado el día de Navidad, y consumimos la mayor parte de nuestras restantes reservas de lujos en la fiesta de Navidad. No podíamos llevarnos todo con nosotros, de modo que por última vez durante ocho meses, tuvimos una comida realmente buena: todo lo que pudimos comer. Anchoas en aceite, alubias en salsa y liebre estofada hicieron una gloriosa combinación con la que no soñábamos desde nuestros días de estudiantes. Todos trabajaban bajo presión, empaquetando y volviendo a empaquetar trineos y almacenando las provisiones que íbamos a llevar con nosotros en las diversas bolsas y cajas. Al mirar a mi alrededor y ver los preocupados rostros de los hombres, sólo pude esperar que esta vez los hados fueran más amables que en nuestro último intento de marchar a través del hielo hacia la seguridad.” (Sur, p. 185).

La constante deriva del hielo, los cambios en la dirección del viento y la necesidad de ocupar a los hombres, llevaron a Shackleton, tras consultarlo con Wild y Hurley, a proponer una nueva marcha. Aunque Shackleton no lo refleja en su diario, es muy probable que el festín del que disfrutaron no fuera enteramente debido a que no podían llevarse todas las provisiones, sino también a su acertada idea de que la abundancia de comida en ciertas circunstancias contribuía a elevar la moral de la tripulación. En este caso, sin embargo, es posible que el copioso banquete no contrarrestara completamente el efecto de la noticia, pues tal y como Shackleton refleja su diario, la nueva marcha no era una buena idea para todos los hombres, pues muchos de los cuales posiblemente preferirían no moverse, entre otras cosas porque el hielo se había reblandecido y la travesía se haría ciertamente dura.

 

Ocean Camp

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