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Frank Wild: el hombre clave en isla Elefante

“En gran medida, gracias a Wild y a su energía, iniciativa y recursos, el grupo se mantuvo alegre en todo momento y, de hecho, los hombres salieron vivos y coleando. Asistido por los dos cirujanos, los doctores McIlroy y Macklin, siempre cuidó muy de cerca la salud de cada uno. Su alegre optimismo nunca falló, ni siquiera cuando la comida era muy escasa, y la perspectiva de rescate parecía remota” (Sur, p. 381).

Frank Wild fue un hombre clave durante toda la expedición Endurance, pero sin duda mucho más en isla Elefante. Posiblemente Shackleton se hubiera sentido mucho mejor si le hubiera acompañado en la travesía hacia South Georgia, pero una vez más su conciencia y sentido de la responsabilidad le llevó a dejarle junto con los otros 21 hombres, pues sabía que solo él podría liderarlos durante el tiempo, en principio incierto, que debían esperar.

Frank Wild tenía conocimientos, experiencia y valor más que suficientes como para haber liderado cualquier misión, y sin embargo encontró su lugar como hombre de confianza de Shackleton. Su labor no fue quizá muy visible, pero fue decisiva. No en vano un conocido documental de la BBC llevó por título “Frank Wild, el héroe olvidado de la Antártida”, haciendo precisamente referencia al escaso tratamiento que ha tenido su figura pese a su significativa aportación a la exploración Antártica.

Los restos de Frank Wild descansan hoy en la remota South Georgia junto a los de Shackleton. Su lápida es mucho más sencilla que el monolito que señala el lugar donde reposa su jefe, y la inscripción recoge una vez más el admirable espíritu de un hombre que, pudiendo haber sido primero, escogió ser segundo: “Frank Wild 1873-1939. La mano derecha de Shackleton.”

(c) Jesús Alcoba 2014

(c) Jesús Alcoba 2014


12 de abril de 1916: Frank Wild, el hombre impasible

“Temprano por la mañana del 12 de abril, el tiempo mejoró y el viento se calmó. El amanecer llegó con un cielo claro, frío y temeroso. Paseé la mirada por los rostros de mis compañeros del James Caird y vi rasgos demacrados y ojerosos. La tensión estaba empezando a notarse. Wild estaba al timón con la misma expresión tranquila y confiada que habría tenido en condiciones más felices: sus ojos de color azul acero contemplaban el día que había por delante.” (Sur, p. 229).

Muy poco se ha escrito sobre Frank Wild, de las pocas personas a las que fue otorgada la Medalla Polar y seguramente el expedicionario que más tiempo pasó en el continente helado durante la época dorada de la exploración Antártica. Hombre de confianza de Shackleton y su segundo de a bordo, Wild llenaba el espacio de liderazgo que había entre su jefe y la tripulación.

Una de las noches de aquel horrible periplo en los tres botes salvavidas un hombre escribió que nunca se había sentido tan seguro de algo en su vida como aquella noche de su muerte. Frente a esa inquietante idea, contrasta la impasibilidad de Wild, que se encontraba tan sereno y confiado como siempre.

La amistad entre Shackleton y Wild se había comenzado a labrar mucho tiempo antes, y continuaría mucho tiempo después. Tanto que a día de hoy están los dos enterrados en la remota South Georgia, origen y destino último de aquellas legendarias expediciones.

Frank Wild

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