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7 de abril de 1916: la soledad del liderazgo

“Confieso que sentí el gran peso de la responsabilidad sobre mis hombros; sin embargo, por otra parte, me sentía estimulado y animado por la actitud de los hombres. La soledad es el castigo del liderazgo, pero el hombre que tiene que tomar decisiones está asistido, en gran medida, si siente que no existe la incertidumbre en la mente de quienes lo siguen y que sus órdenes serán cumplidas con confianza y con la esperanza de alcanzar el éxito.” (Sur, p. 214).

La situación encima del témpano de hielo comenzaba a ser insostenible. Esa misma tarde, hacia las 18:30, los hombres sintieron un golpe fuerte en la placa. Cuando inspeccionaron el terreno, se dieron cuenta de que había aparecido una grieta debajo de uno de los botes salvavidas, el James Caird. Conforme avanzaban hacia el norte movidos por la corriente del mar de Weddell, la temperatura aumentaba y el hielo comenzaba a derretirse. El fragmento en el que ellos estaban era un triángulo que medía tan solo unos pocos metros por cada lado.

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Fotograma de la película “Shackleton”

 

En esa situación, Shackleton debía tomar la decisión de lanzar los botes al agua para escapar del hielo, pero no era una decisión sencilla. Y en ese momento, tal y como recoge en su diario, sintió todo el peso de la soledad del liderazgo. Una posición en la que, por mucho que el líder se deje asesorar, en el último momento sus decisiones siempre serán individuales, pues suya es al fin y al cabo la responsabilidad.

Sus hombres, sin embargo, mitigaban ese peso con la confianza que depositaban en él. Es en esos momentos de incertidumbre y dificultad cuando se ver con claridad que Shackleton no se equivocaba cuando buscaba hombres que destacaran por dos cualidades: una, el optimismo. La otra, la lealtad.

 

 


21 de Noviembre de 1915: la pérdida definitiva del Endurance

“Esta tarde, cuando estábamos en nuestras tiendas, oímos al Jefe gritar: ‘¡Se está yendo, muchachos!’. Salimos en un segundo y llegamos a la estación de guardia y a otros puntos estratégicos y, efectivamente, allí estaba nuestro pobre barco a dos kilómetros y medio de distancia luchando en su agonía de muerte. Se hundió primero la proa, la popa se elevó en el aire. Luego se zambulló rápidamente y el hielo se cerró sobre él para siempre. Verlo nos dio una sensación espeluznante, puesto que, aunque no tenía mástiles y era inútil, parecía nuestro vínculo con el mundo exterior.” (Sur, pp. 182-182).

El relato del episodio de la pérdida del barco no detalla que debido a las bajas temperaturas el hielo cubrió de nuevo el lugar que antes ocupaba el Endurance en apenas unos pocos minutos. Debió de ser como una pesadilla, como si el barco jamás hubiera estado allí. Esto sin duda debió provocar sentimientos de desolación y abandono en los marineros, como así lo expresa el diario de Shackleton:

“Dudo que hubiera uno entre nosotros que no haya sentido alguna emoción personal cuando Sir Ernest, de pie en lo alto del puesto del vigía, dijo con cierta tristeza y voz queda: ‘se ha ido, muchachos’.” (Sur, p. 182).

 

NSW State Library a285017p

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7 de Noviembre de 1915 en Ocean Camp: observando la deriva

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“Los dos temas de mayor interés para nosotros eran nuestra velocidad de deriva y el clima (…). Un creciente viento del noroeste, que comenzó el 7 de noviembre y que duró doce días, nos desanimó durante un tiempo, hasta que descubrimos que sólo habíamos derivado cinco kilómetros hacia el sur, de modo que ahora estábamos veintisiete kilometros en buena dirección. Esto fortaleció nuestras teorías de que el hielo del mar de Weddell estaba derivando en círculos en sentido horario, y que si podíamos mantenernos en nuestro bloque el tiempo suficiente, terminaríamos siendo transportados hacia el norte, donde se extendía el mar abierto y el camino hacia una relativa seguridad.” (Sur, pp. 174-175).

Shackleton y sus hombres habían detenido su camino hacia el norte debido a que la tarea de empujar los botes salvavidas cargados con sus cosas era extenuante y bastante improductiva. Por otro lado, las condiciones eran constantemente cambiantes, y existía la posibilidad de que se abrieran canales que les permitieran remar en lugar de caminar, facilitando así su misión.

Se detuvieron en una placa de unos dos kilómetros y medio cuadrados y montaron un campamento al que llamaron Ocean Camp. Este témpano, que se iría reduciendo poco a poco como consecuencia del cambio en las condiciones climáticas, sería su hogar durante casi dos meses. Como no llevaban mucha distancia recorrida desde el lugar donde el barco yacía destrozado, regresaron allí para recoger todo cuanto les pudiera ser necesario.

Cuesta imaginar la constante vivencia de incertidumbre en la que se encontraban Shackleton y sus hombres. No sólo porque no sabían cuánto tiempo permanecerían en aquellas circunstancias en las que tanto las provisiones como el abrigo eran objeto de preocupación constante, sino porque las condiciones climatológicas, contra las que nada podían hacer, modificaban constantemente su posición y con ello su destino. Un viento del noroeste era siempre portador de malas noticias, puesto que les arrastraba hacia el sur cuando ellos pretendían ir al norte, empujados por la corriente circular del mar de Weddell. La paciencia, la aceptación de los hechos, el optimismo y la resistencia a la adversidad fueron nuevamente las constantes durante aquellas semanas en Ocean Camp.


26 de julio de 1915: El primer amanecer

“Sería un alivio poder hacer un esfuerzo por nuestra cuenta; pero no podemos hacer nada hasta que el hielo libere el barco. Si las placas siguen aflojándose, tal vez podamos salir dentro de las próximas semanas y reanudar la lucha. Mientras tanto la presión sigue estando, y es difícil pronosticar el desenlace. Justo antes del mediodía de hoy, 26 de julio, la parte superior del sol apareció por refracción durante un minuto, setenta y nueve días después de nuestro último ocaso.” (Sur, p. 119).

Son muchas las ocasiones de nuestra vida en la que debemos esperar. Nos encantaría poder acelerar los acontecimientos, que llegara ya el día en el que tenemos que presentar un proyecto, hacer un examen o conocer los resultados de unas pruebas médicas. En ese trance muy pocos saben desconectarse de la ansiedad que produce no saber qué va a ocurrir, centrándose en el día a día y esperando pacientemente a que lleguen o cambien los acontecimientos. Shackleton y su tripulación dieron sobradas muestras de que dominaban esa rara habilidad para la espera en la incertidumbre. Sobre todo porque el hielo no seguía ninguna regla en particular: podía avanzar en una u otra dirección, quedarse quieto o partirse de golpe. Y en ese contexto, los hombres, simplemente o nada menos, esperaban en el hoy deseando que su mañana fuera mejor. Una espera larga y durísima, sobre todo teniendo en cuenta que vivían en la más absoluta oscuridad por debajo de la temperatura en la que el agua se congela.

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15 de Junio de 1915: El Derby Antártico

nla.pic-an23478072-v blog shackleton jesus alcobaEl 15 de Junio de 1915 tuvo lugar una insólita competición, que fue bautizada como el “Derby Antártico”. Tal y como Shackleton refleja en su diario, continuaba la deriva del barco en la mas absoluta oscuridad, solo perturbada por alguna ocasional claridad hacia el mediodía.

En ese contexto “no se ganaba nada dejando que la mente luchara con los problemas del futuro, aunque por momentos era difícil evitar la ansiedad.” (Sur, p 112). Como en cualquier otra situación humana dominada por la incertidumbre, lo complicado pero a la vez recomendable era controlar la conciencia y fijarla en el hoy, evitando así conjeturas catastrofistas acerca de lo que vendrá mañana. Y de ahí la organización del Derby, una competición entre equipos de trineos tirados por perros, en la que hubo fuertes rivalidades que se reflejaron en las apuestas:”6 a 4 para Wild, doble apuesta para Crean, 2 a 1 contra Hurley, 6 a 1 contra Macklin y 8 a 1 contra McIlroy.” (ibíd, p. 113).

Frank Hurley, orgulloso del líder de su equipo, un bellísimo ejemplar canadiense llamado Shakespeare, lo inmortalizó en esta espléndida fotografía.


27 de Mayo de 1915: la incertidumbre

“Tiempo brillantemente  bueno y claro con una resplandeciente luz de luna en todo momento. Los rayos de la luna son maravillosos y fuertes y hacen que la medianoche esté tan iluminada como un mediodía normal nublado en climas templados.” (South, p.111).

El relato del mes de Mayo se parece más a la narración de unas vacaciones que a la historia de veintiocho hombres perdidos en la inmensidad blanca de la Antártida. Hubo una gran celebración el día 24, y los hombres ocupaban su tiempo en diversas tareas, como por ejemplo sacar a los perros a correr. El témpano en el que se encontraban, de unos cuatro por cinco kilómetros, seguía su paciente deriva en el sentido de las agujas del reloj a través del mar de Weddell.
Uno de los aspectos más significativos de esta parte de la expedición Endurance es sin duda la gestión de la incertidumbre. Shackleton y sus hombres parecieron simplemente aceptar que su destino final de momento quedaba en suspenso hasta que la situación cambiara. Y la situación podía cambiar al cabo de un día, un mes, un año, o nunca. Pero ellos no parecía importarles que ese desenlace no estuviera definido, y simplemente se dedicaron a esperar pacientemente, dando muestras de una inefable capacidad para tolerar lo incierto.

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