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Septiembre de 1915: fútbol sobre los témpanos

James Caird Society Journal Nº5

James Caird Society Journal Nº5

“La rutina de trabajo y de entrenamiento en el Endurance discurría en forma regular. Habíamos hecho nuestros planes y preparativos ante cualquier contingencia que pudiera surgir durante el verano que se aproximaba, pero siempre parecía que había mucho que hacer en el barco aprisionado y fuera de él. Las carreras con los perros y los vigorosos juegos de hockey y de fútbol en la placa cubierta con nieve dura mantenían a todos los hombres con buenos ánimos” (Sur, pp. 129-130).

Una de las imágenes más insólitas de la expedición de Shackleton es ver a los hombres jugando un partido de fútbol sobre la placa de hielo. Es una fotografía que sirvió de portada para el libro “Shackleton´s Way”, de Margot Morrell y Stephanie Capparell, y que aquí aparece en una versión dibujada menos conocida, que apareció en el volumen 5 de la revista de la James Caird Society.

Por extraño e increíble que pueda parecer, mientras esperaban el verano y por tanto el deshielo que potencialmente les liberaría de la presión de los témpanos, los hombres invertían su tiempo libre en aficiones como el hockey y el fútbol. Cuesta creer que alguien pueda pensar en hacer deporte a miles de kilómetros de su hogar mientras su barco permanece a la deriva atrapado por el hielo. Sin embargo, estas actividades, sin duda fruto de la mentalidad optimista de Shackleton y de la habilidad para el liderazgo, mantenían los hombres con buen ánimo y en forma. Y, lo que es más importante, ocupaban sus mentes para evitar que el desánimo se apoderara de ellos.


Agosto de 1915 en la Antártida

Tras la rotura de la placa el uno de Agosto, el resto del mes transcurrió sin demasiados incidentes. El barco seguía derivando, y los hombres se entretenían como podían realizando sondeos, entrenando a los perros, capturando pingüinos o realizando algún pequeño viaje para inspeccionar el terreno que se extendía a su alrededor.

De nuevo resulta sorprendente cómo el relato de Shackleton es simplemente descriptivo, por momentos dotado de una belleza literaria inusitada:

“El lejano témpano se yergue como una altísima barrera de acantilados que se reflejan en lagos azules y vías de agua en su base. Grandes ciudades blancas y doradas de aspecto oriental a breves intervalos a lo largo de estos acantilados muestran témpanos distantes, algunos que nunca habíamos visto. Flotando sobre estos, hay temblorosas líneas de color violeta y crema de témpanos de témpanos y bancos aún más remotos. Las líneas se elevan y caen, tiemblan, se disipan y reaparecen en una escena de interminable transformación. La branquias y los témpanos meridionales, que atrapan los rayos del sol, son dorados, pero hacia el norte, las masas de hielo son púrpuras. Aquí los témpanos adoptan formas cambiantes, primero un castillo, luego un globo alejado del horizonte, que se convierte rápidamente en un inmenso hongo, una mezquita o una catedral. La principal característica es el alargamiento vertical del objeto, un pequeño cordón de presión con el aspecto de una línea de almejas o altísimos acantilados. El espejismo es producido por la refracción y se intensifica por las columnas de aire relativamente caliente que sube de varias grietas y canales que se han abierto de diez a treinta kilómetros al norte y al sur.” (Sur, p. 125).

NSW State Library a090014p

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26 de julio de 1915: El primer amanecer

“Sería un alivio poder hacer un esfuerzo por nuestra cuenta; pero no podemos hacer nada hasta que el hielo libere el barco. Si las placas siguen aflojándose, tal vez podamos salir dentro de las próximas semanas y reanudar la lucha. Mientras tanto la presión sigue estando, y es difícil pronosticar el desenlace. Justo antes del mediodía de hoy, 26 de julio, la parte superior del sol apareció por refracción durante un minuto, setenta y nueve días después de nuestro último ocaso.” (Sur, p. 119).

Son muchas las ocasiones de nuestra vida en la que debemos esperar. Nos encantaría poder acelerar los acontecimientos, que llegara ya el día en el que tenemos que presentar un proyecto, hacer un examen o conocer los resultados de unas pruebas médicas. En ese trance muy pocos saben desconectarse de la ansiedad que produce no saber qué va a ocurrir, centrándose en el día a día y esperando pacientemente a que lleguen o cambien los acontecimientos. Shackleton y su tripulación dieron sobradas muestras de que dominaban esa rara habilidad para la espera en la incertidumbre. Sobre todo porque el hielo no seguía ninguna regla en particular: podía avanzar en una u otra dirección, quedarse quieto o partirse de golpe. Y en ese contexto, los hombres, simplemente o nada menos, esperaban en el hoy deseando que su mañana fuera mejor. Una espera larga y durísima, sobre todo teniendo en cuenta que vivían en la más absoluta oscuridad por debajo de la temperatura en la que el agua se congela.

NSW State Library a090007p

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10 de julio de 1915: la llegada del sol se acerca

“La cercanía del sol que regresaba fue indicada por los hermosos resplandores del amanecer que se vieron en el horizonte los primeros días de julio. El 10 tuvimos nueve horas de crepúsculo, y el cielo septentrional, cerca del horizonte, estuvo teñido de un color dorado durante unas siete horas. Numerosas grietas y canales se extendían en todas las direcciones hasta una distancia de casi trescientos metros del barco” (Sur, p. 115).

Poco a poco el verano antártico regresaba a las vidas de la tripulación del Endurance. Tras el Derby Antártico del 15 de junio los hombres volvieron a celebrar una competición de trineos, únicamente con los dos mejores equipos, el de Wild y el de Hurley, quien ganó de una forma extraña: el juez le adjudicó la victoria dado que el trineo de Wild había sido bruscamente aligerado tras la caída del propio Shackleton, quien era parte del lastre. En la narración del día 10 de julio, y aunque no haga mención explícita a ello, aparece la esperanza en forma de grietas y canales que iban poco a poco apareciendo. Significaban la subida desde las temperaturas, y desde luego la esperanza de escapar por fin del hielo.

NSW State Library a090031p

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22 de junio de 1915: sigue la espera

“Celebramos el solsticio de inverno el 22. El crepúsculo se extendió por un período de unas seis horas aquel día, y hubo buena luz de luna a mediodía y también un resplandor del norte con volutas de hermosas nubes a lo largo del horizonte.” (South, p. 114).

 

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El tiempo pasaba lentamente durante el largo invierno antártico. Cuesta imaginar el día a día de aquellos hombres perdidos en la inmensidad blanca del hielo, moviéndose con rumbo incierto y sin mayores ocupaciones. Si se tiene en cuenta que la escasez de provisiones y la falta de comunicación, así como las temperaturas extremas y la larga oscuridad eran la tónica dominante, resulta extraordinario que Shackleton describiera el paisaje con tan bellas palabras. Siempre hay quien, por encima de todo, sabe apreciar lo positivo de cualquier situación.


27 de Mayo de 1915: la incertidumbre

“Tiempo brillantemente  bueno y claro con una resplandeciente luz de luna en todo momento. Los rayos de la luna son maravillosos y fuertes y hacen que la medianoche esté tan iluminada como un mediodía normal nublado en climas templados.” (South, p.111).

El relato del mes de Mayo se parece más a la narración de unas vacaciones que a la historia de veintiocho hombres perdidos en la inmensidad blanca de la Antártida. Hubo una gran celebración el día 24, y los hombres ocupaban su tiempo en diversas tareas, como por ejemplo sacar a los perros a correr. El témpano en el que se encontraban, de unos cuatro por cinco kilómetros, seguía su paciente deriva en el sentido de las agujas del reloj a través del mar de Weddell.
Uno de los aspectos más significativos de esta parte de la expedición Endurance es sin duda la gestión de la incertidumbre. Shackleton y sus hombres parecieron simplemente aceptar que su destino final de momento quedaba en suspenso hasta que la situación cambiara. Y la situación podía cambiar al cabo de un día, un mes, un año, o nunca. Pero ellos no parecía importarles que ese desenlace no estuviera definido, y simplemente se dedicaron a esperar pacientemente, dando muestras de una inefable capacidad para tolerar lo incierto.

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1 de Mayo de 1915: el sol desaparece

“Nos despedimos del sol el 1 de mayo e ingresamos en un período de crepúsculo al que seguiría la oscuridad de pleno invierno.” (South, p. 105).

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A la incertidumbre causada por la deriva de los témpanos de hielo y a las temperaturas cada vez más frías por la llegada del invierno, se añadió la desaparición casi total de la luz del sol en los primeros días de mayo. Cuesta creer lo que un grupo de hombres perdidos e incomunicados en la Antártida debieron pensar en aquellos momentos en los que estaban a punto de enfrentarse a largos meses de casi completa oscuridad e inactividad. Y cuesta aún más creer que, contra todo pronóstico, combatieron sus penalidades de una forma insólita, que es provocando activamente momentos de entretenimiento y diversión. Una gran lección para todas aquellas personas que piensan que en los peores momentos no hay otro remedio que sentirse mal. Shackleton escribió:

“Sin embargo, la compañía del Endurance se negó a abandonar la jovialidad acostumbrada, y un concierto por la noche convirtió al Ritz en una escena de ruidoso regocijo, en extraño contraste con el mundo frío y silencioso del exterior.” (Ibíd.).


Competencias para una misión extrema en la Antártida

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Si tenemos en cuenta que la misión a cumplir era de una dificultad extraordinaria y requería de amplios conocimientos y experiencia, resulta chocante que no se haya documentado ninguna entrevista de selección llevada a cabo por Shackleton que superara los cinco minutos. La impresión que da es que su talento le permitía identificar rápidamente si un hombre debía o no formar parte de la tripulación. Y lo sorprendente es que, dentro de cada perfil y supuesto un nivel mínimo, la competencia técnica no parecía ser la parte que más pesaba en la decisión final puesto que había, al menos, dos características más importantes.

La primera era el optimismo. Shackleton sabía muy bien que a pesar de que los conocimientos eran imprescindibles, en una situación límite es fundamental que la tripulación supiera enfrentarse a lo desconocido, a lo impredecible, y por supuesto a las condiciones más adversas que pudieran imaginarse. En un contexto como ese, solo una actitud positiva podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

La segunda era la lealtad. Se ha escrito mucho sobre la forma que tenía Shackleton de liderar a sus hombres, y debido al espíritu de camaradería que reinaba en todas sus misiones se podría pensar, equivocadamente, que él se situaba como uno más del grupo. Nada más lejos de la realidad: quizá porque él era el responsable último de la misión y por tanto de las vidas de todos sus hombres, porque él poseía un conocimiento y experiencia únicos en la exploración antártica, o simplemente porque se había comprometido personalmente ante los patrocinadores, mantenía siempre la última palabra y no toleraba desacatos de ningún tipo una vez que una decisión estaba tomada. Para Shackleton la lealtad de sus hombres a la misión y a él mismo eran condiciones imprescindibles para el éxito.