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16 de agosto de 1916: calma chicha, silencio opresivo

“El 16 de agosto, se observó la línea de la banquisa en el horizonte y, al día siguiente, la bahía estaba llena de hielo suelto, que pronto se consolidó. Luego, enormes placas viejas y muchos témpanos llegaron a la deriva. La banquisa parece más densa que nunca. No se ven aguas abiertas, y el resplandor del cielo circunda el horizonte. El tiempo está horrible: una calma chicha del aire y del océano por igual, este último oscurecido por el denso hielo a través del cual el oleaje no puede penetrar, y una bruma húmeda cuelga como una cortina sobre la tierra y el mar. El silencio es opresivo. No hay nada que hacer, excepto permanecer en el saco de dormir o bien deambular en la nieve blanda y empaparse por completo” (Sur, pp. 374-375).

Para el 16 de agosto habían ocurrido ya tres intentos fallidos de llegar a isla Elefante. En los tres la isla estaba prácticamente rodeada por el hielo, y por tanto es difícil que los hombres fueran conscientes de que Shackleton estaba intentando rescatarles. En la segunda ocasión hicieron un disparo para que los hombres supieran que estaban a salvo y que estaban intentando llegar, pero en isla Elefante los estruendos causados por los glaciares eran frecuentes y nadie lo escuchó. Así que aquel 16 de agosto se cumplían aproximadamente tres meses sin noticias desde que Shackleton abandonara la isla en el minúsculo James Caird. Por otro lado, debido a una repentina subida de la temperatura, parte de los animales que habían cazado se habían echado a perder. Ahora, a la falta de noticias y a la escasez de provisiones se unía también la inactividad, pues en el diminuto espacio en el que se encontraban poco podían hacer.

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014


26 de Enero de 1916: escasez de agua y alimentos

“Hoy, 26 de enero, cazamos un pingüino de Adelia y apareció otra ballena en las cercanías, pero ninguna foca. Nos queda muy poca grasa y, por consiguiente, hay que clausurar una de las cocinas. Sólo recibimos una bebida caliente por día, el té del desayuno. Durante el resto del día bebemos agua helada. A veces, incluso, nos falta el agua, entonces nos llevamos a la cama unos pocos trozos de hielo en una lata de tabaco. Por la mañana, hay casi una cucharada de agua en el lata, y uno tiene que permanecer inmóvil para no derramarla.” (Sur, p. 195).

Con el año nuevo comenzaba la que posiblemente iba a ser una de las peores etapas de la expedición Endurance. La Antártida es el desierto más grande del mundo, con más de trece mil kilómetros cuadrados. Ello explica la terrible paradoja de que, a pesar de vivir sobre el hielo, los hombres experimentaran escasez de agua. Hay que hacer serios esfuerzos de imaginación para pensar en cómo es la vida cuando uno tiene que tener a su  lado mientras duerme un poco de hielo en una lata de tabaco, con cuidado para no verterla, con el único propósito de tener apenas un sorbo de agua por la mañana.

El otro gran peligro era la escasez de alimentos. De hecho, a causa de ello no hubo otro remedio que sacrificar a casi todos los perros, excepto dos grupos que de momento sobrevivieron. Ello debió suponer un impacto en el ánimo de la tripulación, puesto que estos animales, además de una fuente de actividad, también significaban una compañía para los hombres.

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29 de diciembre de 1915: Patience Camp

“Habíamos caminado doce kilómetros en línea recta y, a esta velocidad, nos llevaría más de trescientos días llegar a la tierra que se encontraba hacia el oeste. Como sólo teníamos alimentos para cuarenta y dos días, no había alternativa entonces, salvo acampar una vez más en la placa y armarnos de toda la paciencia posible hasta que las condiciones se vieran más favorables para renovar el intento de escape. (…) Llamamos a nuestro nuevo hogar, que ocuparíamos durante tres meses y medio, Patience Camp.” (Sur, p. 192).

El intento de Shackleton y sus hombres de intentar caminar de nuevo hacia el norte no dio resultado. Siete días después de comenzar se vieron en una situación en la que el hielo estaba demasiado blando como para avanzar con los trineos, pero sin vías de agua a través de las cuales lanzar los botes. Según Shackleton refleja en su diario, los hombres estaban débiles y no tenían muchas provisiones. Por otro lado, la tierra parecía inalcanzable. En esa situación, y mostrando una vez más su capacidad para aceptar las circunstancias, volvieron a instalar un campamento al que llamaron Paciencia, evidenciando así la cualidad que más les haría falta durante los meses que les esperaban.

Hurley y Shackleton en Ocean Camp

Hurley y Shackleton en Patience Camp


21 de Noviembre de 1915: la pérdida definitiva del Endurance

“Esta tarde, cuando estábamos en nuestras tiendas, oímos al Jefe gritar: ‘¡Se está yendo, muchachos!’. Salimos en un segundo y llegamos a la estación de guardia y a otros puntos estratégicos y, efectivamente, allí estaba nuestro pobre barco a dos kilómetros y medio de distancia luchando en su agonía de muerte. Se hundió primero la proa, la popa se elevó en el aire. Luego se zambulló rápidamente y el hielo se cerró sobre él para siempre. Verlo nos dio una sensación espeluznante, puesto que, aunque no tenía mástiles y era inútil, parecía nuestro vínculo con el mundo exterior.” (Sur, pp. 182-182).

El relato del episodio de la pérdida del barco no detalla que debido a las bajas temperaturas el hielo cubrió de nuevo el lugar que antes ocupaba el Endurance en apenas unos pocos minutos. Debió de ser como una pesadilla, como si el barco jamás hubiera estado allí. Esto sin duda debió provocar sentimientos de desolación y abandono en los marineros, como así lo expresa el diario de Shackleton:

“Dudo que hubiera uno entre nosotros que no haya sentido alguna emoción personal cuando Sir Ernest, de pie en lo alto del puesto del vigía, dijo con cierta tristeza y voz queda: ‘se ha ido, muchachos’.” (Sur, p. 182).

 

NSW State Library a285017p

NSW State Library a285017p

 

 


7 de Noviembre de 1915 en Ocean Camp: observando la deriva

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“Los dos temas de mayor interés para nosotros eran nuestra velocidad de deriva y el clima (…). Un creciente viento del noroeste, que comenzó el 7 de noviembre y que duró doce días, nos desanimó durante un tiempo, hasta que descubrimos que sólo habíamos derivado cinco kilómetros hacia el sur, de modo que ahora estábamos veintisiete kilometros en buena dirección. Esto fortaleció nuestras teorías de que el hielo del mar de Weddell estaba derivando en círculos en sentido horario, y que si podíamos mantenernos en nuestro bloque el tiempo suficiente, terminaríamos siendo transportados hacia el norte, donde se extendía el mar abierto y el camino hacia una relativa seguridad.” (Sur, pp. 174-175).

Shackleton y sus hombres habían detenido su camino hacia el norte debido a que la tarea de empujar los botes salvavidas cargados con sus cosas era extenuante y bastante improductiva. Por otro lado, las condiciones eran constantemente cambiantes, y existía la posibilidad de que se abrieran canales que les permitieran remar en lugar de caminar, facilitando así su misión.

Se detuvieron en una placa de unos dos kilómetros y medio cuadrados y montaron un campamento al que llamaron Ocean Camp. Este témpano, que se iría reduciendo poco a poco como consecuencia del cambio en las condiciones climáticas, sería su hogar durante casi dos meses. Como no llevaban mucha distancia recorrida desde el lugar donde el barco yacía destrozado, regresaron allí para recoger todo cuanto les pudiera ser necesario.

Cuesta imaginar la constante vivencia de incertidumbre en la que se encontraban Shackleton y sus hombres. No sólo porque no sabían cuánto tiempo permanecerían en aquellas circunstancias en las que tanto las provisiones como el abrigo eran objeto de preocupación constante, sino porque las condiciones climatológicas, contra las que nada podían hacer, modificaban constantemente su posición y con ello su destino. Un viento del noroeste era siempre portador de malas noticias, puesto que les arrastraba hacia el sur cuando ellos pretendían ir al norte, empujados por la corriente circular del mar de Weddell. La paciencia, la aceptación de los hechos, el optimismo y la resistencia a la adversidad fueron nuevamente las constantes durante aquellas semanas en Ocean Camp.


Septiembre de 1915: fútbol sobre los témpanos

James Caird Society Journal Nº5

James Caird Society Journal Nº5

“La rutina de trabajo y de entrenamiento en el Endurance discurría en forma regular. Habíamos hecho nuestros planes y preparativos ante cualquier contingencia que pudiera surgir durante el verano que se aproximaba, pero siempre parecía que había mucho que hacer en el barco aprisionado y fuera de él. Las carreras con los perros y los vigorosos juegos de hockey y de fútbol en la placa cubierta con nieve dura mantenían a todos los hombres con buenos ánimos” (Sur, pp. 129-130).

Una de las imágenes más insólitas de la expedición de Shackleton es ver a los hombres jugando un partido de fútbol sobre la placa de hielo. Es una fotografía que sirvió de portada para el libro “Shackleton´s Way”, de Margot Morrell y Stephanie Capparell, y que aquí aparece en una versión dibujada menos conocida, que apareció en el volumen 5 de la revista de la James Caird Society.

Por extraño e increíble que pueda parecer, mientras esperaban el verano y por tanto el deshielo que potencialmente les liberaría de la presión de los témpanos, los hombres invertían su tiempo libre en aficiones como el hockey y el fútbol. Cuesta creer que alguien pueda pensar en hacer deporte a miles de kilómetros de su hogar mientras su barco permanece a la deriva atrapado por el hielo. Sin embargo, estas actividades, sin duda fruto de la mentalidad optimista de Shackleton y de la habilidad para el liderazgo, mantenían los hombres con buen ánimo y en forma. Y, lo que es más importante, ocupaban sus mentes para evitar que el desánimo se apoderara de ellos.


26 de julio de 1915: El primer amanecer

“Sería un alivio poder hacer un esfuerzo por nuestra cuenta; pero no podemos hacer nada hasta que el hielo libere el barco. Si las placas siguen aflojándose, tal vez podamos salir dentro de las próximas semanas y reanudar la lucha. Mientras tanto la presión sigue estando, y es difícil pronosticar el desenlace. Justo antes del mediodía de hoy, 26 de julio, la parte superior del sol apareció por refracción durante un minuto, setenta y nueve días después de nuestro último ocaso.” (Sur, p. 119).

Son muchas las ocasiones de nuestra vida en la que debemos esperar. Nos encantaría poder acelerar los acontecimientos, que llegara ya el día en el que tenemos que presentar un proyecto, hacer un examen o conocer los resultados de unas pruebas médicas. En ese trance muy pocos saben desconectarse de la ansiedad que produce no saber qué va a ocurrir, centrándose en el día a día y esperando pacientemente a que lleguen o cambien los acontecimientos. Shackleton y su tripulación dieron sobradas muestras de que dominaban esa rara habilidad para la espera en la incertidumbre. Sobre todo porque el hielo no seguía ninguna regla en particular: podía avanzar en una u otra dirección, quedarse quieto o partirse de golpe. Y en ese contexto, los hombres, simplemente o nada menos, esperaban en el hoy deseando que su mañana fuera mejor. Una espera larga y durísima, sobre todo teniendo en cuenta que vivían en la más absoluta oscuridad por debajo de la temperatura en la que el agua se congela.

NSW State Library a090007p

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10 de julio de 1915: la llegada del sol se acerca

“La cercanía del sol que regresaba fue indicada por los hermosos resplandores del amanecer que se vieron en el horizonte los primeros días de julio. El 10 tuvimos nueve horas de crepúsculo, y el cielo septentrional, cerca del horizonte, estuvo teñido de un color dorado durante unas siete horas. Numerosas grietas y canales se extendían en todas las direcciones hasta una distancia de casi trescientos metros del barco” (Sur, p. 115).

Poco a poco el verano antártico regresaba a las vidas de la tripulación del Endurance. Tras el Derby Antártico del 15 de junio los hombres volvieron a celebrar una competición de trineos, únicamente con los dos mejores equipos, el de Wild y el de Hurley, quien ganó de una forma extraña: el juez le adjudicó la victoria dado que el trineo de Wild había sido bruscamente aligerado tras la caída del propio Shackleton, quien era parte del lastre. En la narración del día 10 de julio, y aunque no haga mención explícita a ello, aparece la esperanza en forma de grietas y canales que iban poco a poco apareciendo. Significaban la subida desde las temperaturas, y desde luego la esperanza de escapar por fin del hielo.

NSW State Library a090031p

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22 de junio de 1915: sigue la espera

“Celebramos el solsticio de inverno el 22. El crepúsculo se extendió por un período de unas seis horas aquel día, y hubo buena luz de luna a mediodía y también un resplandor del norte con volutas de hermosas nubes a lo largo del horizonte.” (South, p. 114).

 

NSW State Library a090010p

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El tiempo pasaba lentamente durante el largo invierno antártico. Cuesta imaginar el día a día de aquellos hombres perdidos en la inmensidad blanca del hielo, moviéndose con rumbo incierto y sin mayores ocupaciones. Si se tiene en cuenta que la escasez de provisiones y la falta de comunicación, así como las temperaturas extremas y la larga oscuridad eran la tónica dominante, resulta extraordinario que Shackleton describiera el paisaje con tan bellas palabras. Siempre hay quien, por encima de todo, sabe apreciar lo positivo de cualquier situación.