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Enero de 1916: elogios para el cocinero

“El cocinero merece grandes elogios por la manera en que se ha comprometido con su trabajo en medio de toda esta severa ventisca. El espacio de su cocina consta solo de unas pocas cajas dispuestas a la manera de una mesa, con una pantalla de lona levantada a su alrededor sostenida sobre cuatro remos y las dos cocinas de grasa en el interior. La protección que brinda la pantalla es solo parcial, y los remolinos llevan el humo acre de la grasa en todas las direcciones.” (Sur, p. 194).

Shackleton no perdía oportunidad de elogiar a Charles Green, el cocinero. Siendo una época en la que la ciencia de la nutrición ni siquiera estaba en sus inicios, llama la atención la gran preocupación que Shackleton tenía en todo momento por la comida, debido sin duda a la importancia que le daba, no solo como alimento, sino también como regulador del estado de ánimo de los hombres.

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Green fue uno de los últimos reemplazos que hizo Shackleton en su tripulación, ya en Buenos Aires, debido a que la persona que ocupaba esa posición bebía demasiado. Su labor fue ejemplar durante toda la expedición, y resultó tan agotadora que en Isla Elefante un día simplemente se desplomó.

Su historia es igualmente curiosa y dramática, porque cuando por fin regresaron descubrió que su familia, pensando que había fallecido, se había gastado todo el dinero del seguro, y además su novia se había casado con otro hombre. Como no podía ser de otra manera, Charles Green se enroló de nuevo en una aventura con Shackleton: la expedición Quest.

 


Mediados de septiembre de 1915: las provisiones escasean

“Para mediados de septiembre, nos estábamos quedando sin carne fresca para los perros. Las focas y los pingüinos parecían haber abandonado nuestro vecindario por completo. Casi habían pasado cinco meses desde que matamos una foca, y los pingüinos habían sido escasos”. (Sur, p. 131).

La comida fue una constante en la expedición Endurance. A lo largo del diario de Shackleton son incontables las ocasiones en las que hace alusión a las raciones asignadas, a las provisiones almacenadas, a los horarios en los que se servía, y así sucesivamente. Durante el largo periplo que constituyó aquella arriesgada aventura, el suministro de comida estaba constantemente amenazado. En primer lugar, porque en sí las raciones que llevaban almacenadas desde la partida eran escasas en comparación con el esfuerzo que debían realizar. En segundo lugar porque, como ocurrió en  septiembre de 1915, el invierno antártico hizo difícil la caza y por tanto las provisiones escaseaban. Y en tercer lugar, y no menos importante, porque a pesar de que cazaban pingüinos y focas, ninguna dieta basada casi exclusivamente en proteínas puede ser satisfactoria.

 

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