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26 de Enero de 1916: escasez de agua y alimentos

“Hoy, 26 de enero, cazamos un pingüino de Adelia y apareció otra ballena en las cercanías, pero ninguna foca. Nos queda muy poca grasa y, por consiguiente, hay que clausurar una de las cocinas. Sólo recibimos una bebida caliente por día, el té del desayuno. Durante el resto del día bebemos agua helada. A veces, incluso, nos falta el agua, entonces nos llevamos a la cama unos pocos trozos de hielo en una lata de tabaco. Por la mañana, hay casi una cucharada de agua en el lata, y uno tiene que permanecer inmóvil para no derramarla.” (Sur, p. 195).

Con el año nuevo comenzaba la que posiblemente iba a ser una de las peores etapas de la expedición Endurance. La Antártida es el desierto más grande del mundo, con más de trece mil kilómetros cuadrados. Ello explica la terrible paradoja de que, a pesar de vivir sobre el hielo, los hombres experimentaran escasez de agua. Hay que hacer serios esfuerzos de imaginación para pensar en cómo es la vida cuando uno tiene que tener a su  lado mientras duerme un poco de hielo en una lata de tabaco, con cuidado para no verterla, con el único propósito de tener apenas un sorbo de agua por la mañana.

El otro gran peligro era la escasez de alimentos. De hecho, a causa de ello no hubo otro remedio que sacrificar a casi todos los perros, excepto dos grupos que de momento sobrevivieron. Ello debió suponer un impacto en el ánimo de la tripulación, puesto que estos animales, además de una fuente de actividad, también significaban una compañía para los hombres.

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29 de diciembre de 1915: Patience Camp

“Habíamos caminado doce kilómetros en línea recta y, a esta velocidad, nos llevaría más de trescientos días llegar a la tierra que se encontraba hacia el oeste. Como sólo teníamos alimentos para cuarenta y dos días, no había alternativa entonces, salvo acampar una vez más en la placa y armarnos de toda la paciencia posible hasta que las condiciones se vieran más favorables para renovar el intento de escape. (…) Llamamos a nuestro nuevo hogar, que ocuparíamos durante tres meses y medio, Patience Camp.” (Sur, p. 192).

El intento de Shackleton y sus hombres de intentar caminar de nuevo hacia el norte no dio resultado. Siete días después de comenzar se vieron en una situación en la que el hielo estaba demasiado blando como para avanzar con los trineos, pero sin vías de agua a través de las cuales lanzar los botes. Según Shackleton refleja en su diario, los hombres estaban débiles y no tenían muchas provisiones. Por otro lado, la tierra parecía inalcanzable. En esa situación, y mostrando una vez más su capacidad para aceptar las circunstancias, volvieron a instalar un campamento al que llamaron Paciencia, evidenciando así la cualidad que más les haría falta durante los meses que les esperaban.

Hurley y Shackleton en Ocean Camp

Hurley y Shackleton en Patience Camp


21 de Noviembre de 1915: la pérdida definitiva del Endurance

“Esta tarde, cuando estábamos en nuestras tiendas, oímos al Jefe gritar: ‘¡Se está yendo, muchachos!’. Salimos en un segundo y llegamos a la estación de guardia y a otros puntos estratégicos y, efectivamente, allí estaba nuestro pobre barco a dos kilómetros y medio de distancia luchando en su agonía de muerte. Se hundió primero la proa, la popa se elevó en el aire. Luego se zambulló rápidamente y el hielo se cerró sobre él para siempre. Verlo nos dio una sensación espeluznante, puesto que, aunque no tenía mástiles y era inútil, parecía nuestro vínculo con el mundo exterior.” (Sur, pp. 182-182).

El relato del episodio de la pérdida del barco no detalla que debido a las bajas temperaturas el hielo cubrió de nuevo el lugar que antes ocupaba el Endurance en apenas unos pocos minutos. Debió de ser como una pesadilla, como si el barco jamás hubiera estado allí. Esto sin duda debió provocar sentimientos de desolación y abandono en los marineros, como así lo expresa el diario de Shackleton:

“Dudo que hubiera uno entre nosotros que no haya sentido alguna emoción personal cuando Sir Ernest, de pie en lo alto del puesto del vigía, dijo con cierta tristeza y voz queda: ‘se ha ido, muchachos’.” (Sur, p. 182).

 

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27 de Octubre de 1915: un día fatídico

“Luego, llegó un día fatídico: miércoles 27 de octubre. La posición era 69º5′ latitud S, 51º30′ longitud O. La temperatura era -18,2ºC . Soplaba una brisa débil del sur, y el sol brillaba en un cielo claro.

Tras largos meses de incesante ansiedad y estrés, tras momentos en que teníamos grandes esperanzas y otros cuando las perspectivas eran en verdad lúgubres, el fin del Endurance ha llegado (…) Es difícil escribir lo que siento. Para un marino, su barco es más que un hogar flotante, y en Endurance había centrado mis ambiciones, mis esperanzas y mis deseos. Ahora, deformándose y gimiendo, con sus cuadernas rajándose y sus heridos abriéndose, lentamente está abandonando su sensible vida en el inicio mismo de su carrera.” (Sur, pp. 145-146).

Poco se puede comentar tras leer las palabras que Shackleton recogió en su diario aquel 27 de Octubre. Efectivamente, su barco era más, mucho más que un hogar flotante: era su sueño, su proyecto, su empresa, y desde luego su vía de escape. Como él mismo escribe en su diario, el Endurance aguantó 281 días de deriva en la que es probable que cubrieran más de 2400 kilómetros desde el punto en que quedaron atrapados. Cuesta creer cómo se debieron sentir todos, máxime cuando la subida progresiva de las temperaturas motivada por su movimiento hacia el norte y por la llegada del verano antártico sin duda presagiaban el deshielo, y por tanto la liberación del barco.

Ni quiera la fotografía del genial Frank Hurley, con un Frank Wild observando las ruinas del Endurance, es capaz de captar la desolación y el dramatismo de aquel 27 de Octubre en el que se esfumó todo lugar para la esperanza.

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En ese mismo momento, sin embargo, y haciendo gala de una increíble capacidad de regeneración, Shackleton intercambió su objetivo de cruzar la Antártida a pie por otro, que acaso era más difícil de alcanzar: “La tarea es llegar a tierra con todos los miembros de la expedición.” Más adelante, escribiría con convicción la idea que subyacía a aquel rápido giro en la formulación de sus objetivos:

“Un hombre debe abocarse a una nueva meta tan pronto como la anterior fracasa.”.


30 de Septiembre de 1915: un mal día

“El 30 de Septiembre fue un mal día (…) El barco sostenía una terrible presión en la parte de babor hacia proa, pero las peores tensiones se soportaron en la zona del casco, por debajo de la jarcia prole. Fue el peor apretón que experimentamos. Las cubiertas se estremecieron y saltaron, los baos se arquearon y los candeleros se pandearon y estremecieron. Ordené a todos los hombres que estuvieran listos para cualquier emergencia que hubiera. Incluso los perros parecían sentir la tensa ansiedad del momento. No obstante, el barco resistió con valentía, y justo cuando parecía que llegaba al límite de su fortaleza, la enorme placa que nos presionaba hacia abajo se rajó a lo largo y nos alivió.” (Sur, p. 133).

El mes de septiembre, que había comenzado con fuertes movimientos en la placa, finalizó con un tremendo ataque de los témpanos contra el Endurance, que volvió a acusar el embiste. Los baos son las vigas que cruzan el barco de babor a estribor, sobre los que está colocada la cubierta. Si se tiene en cuenta que deben resistir presiones de todo tipo, entre ellas la producida por todos los objetos y personas que puede haber en cubierta, es obvio que el tamaño y grosor de estas vigas es considerable. Por ello es significativo que Shackleton relataba que los baos se arquearon. Eso da una idea de la terrible presión que estaba sufriendo el barco. En aquellos momentos la mezcla de sentimientos que albergaban los hombres debía ser altamente contradictoria: por un lado, los movimientos en la placa significaban que con el aumento de las temperaturas el hielo podría al fin liberar el barco. Por otro lado, los continuos ataques del hielo sobre el barco podrían destruirlo. Worsley escribió:

“Sería triste si una embarcación pequeña tan valiente es finalmente aplastada por las garras implacables de la banquisa de Weddell que lentamente la estrangulan después de diez meses del combate más audaz y valiente alguna vez presentado por un barco”.

 

NSW State Library a090017p

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14 de Febrero de 1915: segundo intento de liberar el Endurance

“La segunda mitad de febrero no produjo un cambio importante en nuestra situación. El 14, por la mañana temprano, ordené una buena carga de vapor a las máquinas y envié a todos los hombres a la placa con cinceles para hielo, punzones y piquetas.” (Sur, p. 86).

Poco más tarde de que se abriera la vía en el hielo, Shackleton intentó por segunda vez liberar el barco. La tripulación se esforzó a fondo en ello, pero resultaba una lucha imposible porque, a pesar de que lograron avanzar hasta un punto, cada metro que ganaban al hielo a partir de ahí, se volvía a congelar rápidamente. Cuando llevaban más de un día trabajando Shackleton se dio cuenta de que no lo conseguirían, y dio la orden para que se detuvieran. Esto constituyó una importante desilusión para los hombres, que se habían afanado a fondo. Sin embargo, pese al titánico esfuerzo que habían hecho, aún cuatrocientos metros de hielo separaban un barco de trescientas cincuenta toneladas de la vía más cercana.

Meses más tarde Shackleton tendría la sensación de que el barco jamás ganaría la desigual lucha contra el hielo, y pronunciaría unas certeras y premonitorias palabras que mostraban al tiempo su profundo conocimiento de la Antártida y el temor de que todo acabara en tragedia:

“lo que el hielo conquista, el hielo se lo queda”.