Archivo de la etiqueta: South

25 de agosto de 1916: el Yelcho zarpa

nla.pic-an24039596-v blog shackleton jesus alcoba

“No había disponible ningún barco apropiado. El tiempo daba señales de mejoría, y le rogué al gobierno chileno que me prestara el Yelcho para un último intento de llegar a la isla. Era un vapor pequeño hecho de acero, muy inapropiado para trabajar en el hielo, pero prometí que no lo tocaría. El gobierno estaba dispuesto a darme otra oportunidad, y el 25 de agosto zarpé hacia el sur en el cuarto intento de rescate.” (Sur, p. 353).

Shackleton ya conocía el Yelcho, pues había servido para remolcar a la goleta Emma en el anterior intento. Este tipo de barcos (llamados escampavías), eran barcos pequeños y con gran capacidad de maniobra, pensados para realizar tareas sencillas, en general cerca de la costa, o para prestar apoyo a otros barcos.

El Yelcho no era por tanto un barco de exploración polar, como por otra parte se evidenciaba en su reducido tamaño – 35 metros de eslora- y en el hecho de que estaba hecho de acero, lo que junto con su proa sin refuerzo lo hacían inapropiado para el hielo. Sin embargo, Shackleton sabía muy bien que debía aprovechar la mejoría en el tiempo para intentar otro rescate.

El 25 de agosto el Yelcho zarpaba de Punta Arenas en un nuevo intento de llegar a Isla Elefante al mando del marino chileno Luis Pardo Villalón.


16 de agosto de 1916: calma chicha, silencio opresivo

“El 16 de agosto, se observó la línea de la banquisa en el horizonte y, al día siguiente, la bahía estaba llena de hielo suelto, que pronto se consolidó. Luego, enormes placas viejas y muchos témpanos llegaron a la deriva. La banquisa parece más densa que nunca. No se ven aguas abiertas, y el resplandor del cielo circunda el horizonte. El tiempo está horrible: una calma chicha del aire y del océano por igual, este último oscurecido por el denso hielo a través del cual el oleaje no puede penetrar, y una bruma húmeda cuelga como una cortina sobre la tierra y el mar. El silencio es opresivo. No hay nada que hacer, excepto permanecer en el saco de dormir o bien deambular en la nieve blanda y empaparse por completo” (Sur, pp. 374-375).

Para el 16 de agosto habían ocurrido ya tres intentos fallidos de llegar a isla Elefante. En los tres la isla estaba prácticamente rodeada por el hielo, y por tanto es difícil que los hombres fueran conscientes de que Shackleton estaba intentando rescatarles. En la segunda ocasión hicieron un disparo para que los hombres supieran que estaban a salvo y que estaban intentando llegar, pero en isla Elefante los estruendos causados por los glaciares eran frecuentes y nadie lo escuchó. Así que aquel 16 de agosto se cumplían aproximadamente tres meses sin noticias desde que Shackleton abandonara la isla en el minúsculo James Caird. Por otro lado, debido a una repentina subida de la temperatura, parte de los animales que habían cazado se habían echado a perder. Ahora, a la falta de noticias y a la escasez de provisiones se unía también la inactividad, pues en el diminuto espacio en el que se encontraban poco podían hacer.

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014

Isla Elefante (c) Jesús Alcoba 2014


10 de junio de 1916: el Instituto de Pesca Nº1

“El Almirantazgo británico me informó que no había ningún buque apropiado en Inglaterra y que no podía esperarse ninguna ayuda antes de octubre. Contesté que octubre sería demasiado tarde. Entonces, el ministro británico en Montevideo me telegrafió y me informó acerca de un buque de arrastres llamado Instituto de Pesca Nº1, perteneciente al Gobierno uruguayo. Era un barco pequeño y resistente, y el gobierno generosamente se había ofrecido a equiparlo con carbón, provisiones, ropa y otros elementos y enviarlo a las Islas Falkland para que yo lo llevara a isla Elefante. Acepté con gusto este ofrecimiento, y el barco llegó a Puerto Stanley el 10 de junio. Zarpamos hacia el sur de inmediato.” (Sur, pp .347-348).

“Zarpamos hacia el sur de inmediato.” Era en este tipo de frases donde se evidenciaba la determinación de Shackleton. Pese a haber atravesado el infierno, como él mismo escribió a su mujer tras regresar de la Antártida, no dudó ni un minuto ni en embarcarse en el Southern Sky, ni en aceptar la ayuda que le ofrecía el Instituto de Pesca Nº1, un pequeño vapor a carbón de 45 metros de eslora.

Desafortunadamente, y como en el peor de los presagios, este segundo intento de rescate que comenzaría el 10 de junio de 1916 no tendría éxito. Tal y como Shackleton escribió en su diario, a menos de veinte millas de la isla encontraron una barrera de hielo que resultó impracticable. Ante el intento de Shackleton de atravesarla el hielo respondió capturando el barco, con lo que tuvieron que dar marcha atrás para salir de un atrapamiento cuyas fatales consecuencias conocían perfectamente. Las condiciones climatológicas y la limitada reserva de carbón que tenían les hizo regresar a puerto, pese a que podían divisar perfectamente la isla por la banda de estribor.

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)

El Instituto de Pesca nº1 (militar.org.ua)


23 de mayo de 1916: el Southern Sky

“La primera parte del viaje hasta la isla Elefante en el Southern Sky transcurrió sin incidentes. A mediodía del martes 23 de mayo, navegábamos a doce millas por hora en dirección suroeste. Avanzamos bastante, pero la temperatura bajó mucho, y los indicios me dieron motivo para preocuparme por la probabilidad de encontrarnos con el hielo.” (p. 345).

El presagio de Shackleton acabaría por cumplirse, y a escasas setenta millas de la costa de isla Elefante el Southern Sky tuvo que darse la vuelta por debido al hielo. Era un barco hecho de acero, y Shackleton calculaba que no resistiría los golpes del hielo. Como él mismo escribió, resultaba difícil aceptar el fracaso, pero no parecía haber nada que se pudiera hacer. Por otro lado, había que tomar una decisión rápida, pues el barco sólo tenía carbón para diez días. Como en aquel momento estaban más cerca de las Malvinas que de Georgia del Sur, Shackleton decidió poner rumbo a aquellas islas para intentar desde allí el rescate con otro barco.

Catcher ballenero similar al Southern Sky (histarmar.com)

Catcher ballenero similar al Southern Sky (histarmar.com)


20 de mayo de 1916: Stromness, al fin

Stromness (c) Jesús Alcoba 2014

Stromness (c) Jesús Alcoba 2014

“A las 6:30, pensé que había oído el sonido del silbato de un barco de vapor. No me atrevía a afirmarlo, pero sabía que los hombres de la estación ballenera se levantarían cerca de esta hora. Cuando bajé al campamento, se lo conté a los otros y, con intensa excitación, miramos el cronómetro esperando las 7:00, cuando los balleneros serían llamados a trabajar. Justo en ese minuto, el silbido llegó hasta nosotros, traído claramente por el viento a través de los kilómetros de roca y nieve que nos separaban. Ninguno de nosotros había oído jamás una música más dulce. Era el primer sonido creado por otros seres humanos que llegaba hasta nuestros oídos desde que partimos de la bahía Stromness en diciembre de 1914 (…) Fue un momento difícil de describir. El dolor y el sufrimiento, los viajes en bote, las caminatas, el hambre y la fatiga parecieron pertenecer al limbo de las cosas olvidadas, y sólo quedaba la satisfacción total que llega con la tarea cumplida” (Sur, p. 330).

Fueron momentos de una intensidad formidable. Aquellos tres hombres habían sufrido todo tipo de penurias, privaciones y adversidades, pero al fin lograron su recompensa. Tras oír el silbato, lo más apresuradamente que pudieron recorrieron el camino hasta Stromness. Al llegar buscaron al jefe de la estación, Thoralf Sorlle, a quien conocían, pero este no les reconoció. La leyenda dice que cuando al fin aquel andrajoso vagabundo se identificó como Ernest Shackleton, Sorlle se echó a llorar.

Los investigadores han querido ver en la prosa que Shackleton utilizó para recrear el momento de la llegada la intención de crear una narrativa de corte profundo y espiritual, como debió ser su vivencia. De hecho, los tres expedicionarios coincidieron en que durante todo el viaje habían sentido la presencia de un cuarto caminante a su lado. Es la idea del acompañante espiritual que aparecería más tarde en La tierra baldía del poeta T.S. Eliot, dentro del poema Lo que dijo el trueno: “¿Quién es ese tercero que camina siempre a tu lado? / Cuando cuento, solo somos dos, tú y yo, juntos / pero cuando miro delante de mí sobre el blanco camino / siempre hay otro que marcha a tu lado”. 

Esa narrativa intensa, llena de sentido, tiene su punto culminante en las frases que Shackleton escribió para expresar la profundidad de su vivencia. Es imposible escoger mejores palabras:

“Habíamos sufrido, pasado hambre y triunfado, nos habíamos arrastrado y nos habíamos aferrado a la gloria, habíamos crecido en la inmensidad del todo. Habíamos visto a Dios en Su esplendor, oído el texto que nos brinda la Naturaleza. Habíamos llegado al alma desnuda del hombre.” (Sur, p. 335).

 


10 de mayo de 1916: desembarco en Georgia del Sur

“Muchas veces me maravilló la delgada línea que divide el éxito del fracaso y el repentino cambio que conduce del desastre aparentemente seguro a una relativa seguridad (…) Deseábamos que llegara el día. Cuando al fin amaneció la mañana del 10 de mayo, casi no había viento, pero corría un fuerte mar cruzado. Avanzamos con lentitud hacia la costa (…) Grandes glaciares bajaban hasta el mar, pero no presentaban ningún lugar donde desembarcar. El mar se descargaba contra los arrecifes y explotaba contra la costa (…) Estaba oscureciendo. Una pequeña ensenada, con una playa cubierta por grandes rocas protegida por un arrecife, constituía un cambio en los acantilados del extremo sur de la bahía, y viramos en esa dirección (…) Salté a tierra con la boza corta y la sostuve cuando el bote volvió a alejarse con la marea que retrocedía (…) Un momento después, estábamos de rodillas bebiendo el agua pura, helada, a grandes tragos que nos devolvieron la vida. Fue un momento espléndido.” (Sur, pp. 298-300).

Shackleton dedica tres páginas de su diario al momento en el que por fin desembarcaron en South Georgia, poniendo fin con éxito a la que, a día de hoy, aún es la travesía en bote más arriesgada y heroica de toda la historia de la navegación, desde el comienzo de los tiempos. Frank Worsley, posiblemente uno de los mejores navegantes de la Historia, con un equipo de navegación mínimo, había cometido también un error mínimo, de unos 30 kilómetros en un trayecto de 1.300, lo que equivale aproximadamente a un 2%. Nunca tan pocos hombres han hecho tanto con tan poco. Es estremecedor pensar cómo debieron vivir aquellos días en los que navegaron entre la incertidumbre, y cómo se debieron sentir cuando al fin desembarcaron en la isla de la que habían salido casi dos años antes. Aquel día la bahía del Rey Haakon, en la remota South Georgia, les arropó y les proporcionó un consuelo difícil de describir con palabras.

nla.pic-an23478557-v blog shackleton jesus alcoba


8 de mayo de 1916: al fin, Georgia del Sur a la vista

“El 8 de mayo amaneció pesado y tormentoso, con chubascos del noroeste (…) Fijamos la mirada hacia adelante, con creciente entusiasmo y, a las 12:30, McCarthy logró ver los acantilados negros de Georgia del Sur, justo catorce días después de nuestra partida de la isla Elefante. Fue un momento agradable. A pesar de estar abatidos por la sed, congelados y débiles, irradiábamos felicidad. La tarea estaba casi lista.” (Sur, pp. 295-296).

nla.pic-an24039575-v blog shackleton jesus alcoba

Estaban a punto de llegar. Tras catorce días de terrible navegación, los oscuros acantilados de Georgia del Sur aparecieron al fin ante sus ojos.

Pero nada sería fácil para aquellos hombres. En esa latitud los vientos reciben nombres por su furia: en el paralelo 50, los raving fifties, y en el 60, los screaming sixties. En aquél momento el viento estaba soplando a unos 80 nudos en Georgia del Sur, y desembarcar iba a ser una empresa titánica. Dada la dificultad de la tarea Worsley, que llegó a temer por su vida, como seguramente en tantas otras veces, se lamentó. Pero, sorprendentemente, no del hecho de morir en sí mismo, sino de que si al final perdían sus vidas en el intento nadie sabría nunca lo cerca que habían estado.


5 de mayo de 1916: una poderosa conmoción del océano

“A medianoche, yo estaba al timón y de repente advertí una línea de cielo claro entre el sur y el suroeste. Les grité a los otros hombres que el cielo se estaba limpiando y luego, un momento después, me di cuenta de que lo que había visto no era una abertura en las nubes, sino la cresta de una ola enorme. En mi experiencia de ventiséis años en el oceáno en la que había sido testigo de todos sus estados de ánimo, nunca me había enfrentado a una ola tan gigantesca. Era una poderosa conmoción del océano, algo muy diferente de los inmensos mares de espuma blanca que habían sido nuestros incansables enemigos durante muchos días.” (Sur, p. 292).

 

nla.pic-an24039592-v blog shackleton jesus alcoba

Este episodio fue uno de los muchos en los cuales Shackleton y sus hombres estuvieron a punto de morir durante la expedición Endurance. Las aguas en esa latitud son las peores del mundo, según han afirmado marineros de todos los tiempos y de todos los países. Al no haber tierra en ningún punto alrededor del eje del globo, los vientos se realimentan en un giro circumpolar constante, con ráfagas de viento que pueden soplar a 300 kilómetros por hora.

Es muy difícil imaginar cómo debe ser realizar un periplo de 1.300 kilómetros en un bote salvavidas de tan solo 6 metros de eslora, con un aparejo de fortuna y una instrumentación mínima. En ese contexto, el episodio que relata Shackleton toma una intensidad y un dramatismo difícilmente superables. La mayor ola de su vida le atrapó en el peor momento de su vida, tras meses de atravesar todos los infortunios imaginables.

A pesar de ello, Shackleton y sus hombres optaron claramente por la supervivencia, esforzándose al máximo por achicar el agua y retornar a una normalidad que solo era relativa, pues el incidente había dejado notar su efecto sobre la embarcación.

Afortunadamente, el fin de aquel penoso trayecto estaba ya muy cerca.

 


30 de abril de 1916: bien encaminados

“Cuando amaneció el séptimo día, no había mucho viento. Soltamos la mano de rizo de la vela y volvimos a poner rumbo, una vez más, hacia Georgia del Sur. El sol apareció resplandeciente y limpio, y en ese momento, Worsley pudo calcular la longitud. Esperábamos que el sol permaneciera claro hasta el mediodía, de modo que pudiéramos obtener la latitud. Habíamos pasado seis días sin hacer observaciones, y nuestro cálculo a ciegas era, naturalmente, incierto.” (Sur, p. 288).

Como Shackleton escribió, el relato del viaje en el James Caird hacia Georgia del Sur es del de una lucha suprema contra los elementos. La lista de todas y cada una de las dificultades que tuvieron que superar aquellos hombres es prácticamente infinita. Para empezar, el agua brava constantemente saltaba sobre el bote empapándolo todo. Como en esa latitud todo lo que se moja se congela, sus ropas y sacos de dormir también lo hacían. Por si eso fuera poco, una capa de hielo cada vez más gruesa se formaba en la cubierta, amenazando con hundir el bote. Jugándose la vida, los hombres tenían que subir a la resbaladiza cubierta manteniéndose como podían contra la zozobra para intentar picar el hielo y así aligerar el bote. Además habían lastrado la embarcación para mejorar su comportamiento con una tonelada de rocas, que yacían en el fondo y sobre las que tenían que dormir. Eso sin contar con que sus provisiones de agua eran escasas, dado que uno de los barriles se había golpeado, dejando entrar agua de mar.

James Caird Society-Thomson

James Caird Society-Thomson

A pesar de todo, el séptimo día salió el sol, y aquello fue como un bálsamo para los hombres. Shackleton, haciendo gala una vez más de su tenaz optimismo, escribió: “Ese día, nos deleitamos con el calor del sol. Después de todo, la vida no era tan mala. Sentimos que estábamos bien encaminados.”

Con todo ello, una de las mayores dificultades consistía en mantener el rumbo, dado que el material con el que contaban era mínimo. Georgia del Sur dista 1.300 kilómetros de Isla Elefante, y mide tan solo 150 kilómetros por su lado más ancho. Es decir, una mínima desviación provocaría que pasaran de largo la isla sin siquiera verla, perdiéndose para siempre en las aguas del océano.

Afortunadamente ese día al mediodía pudieron comprobar que la sensación de Shackleton era correcta. Las observaciones de Worsley determinaron que habían recorrido más de 380 millas y se estaban aproximando a la mitad del camino.

 


14 de abril de 1916: desembarco en Isla Elefante

nla.pic-an23478563-v blog shackleton jesus alcoba

 

“Remando con cuidado y evitando la marejada que mostraba dónde había rocas hundidas, llevamos el Stancomb Wills hacia la abertura en el acantilado. Luego, con unas pocas paladas, avanzamos por encima del oleaje y llevamos el bote hasta una playa rocosa. La siguiente 0la lo empujó un poco más lejos. Este era el primer desembarco jamás hecho en Isla Elefante.” (Sur, p. 246).

497 días después de haber abandonado tierra firme, en la ahora aún lejana South Georgia, los hombres de Shackleton arribaron por fin en Isla Elefante, una roca helada perdida en medio del océano, demasiado lejos de cualquier sitio habitado. El comportamiento de los hombres, debido al maltrecho estado en el que estaban, y a la alegría que sentían, fue cuando menos curioso:

“Algunos de los hombres se tambaleaban por la playa como si hubieran encontrado una fuente inagotable de alcohol en la desolada costa. Se reían ruidosamente, levantaban piedras y dejaban caer puñados de guijarros entre los dedos como avaros deleitándose frente al oro acumulado. Las sonrisas y las risas, que hacían que los labios resquebrajados se volvieran a partir, y las exclamaciones de júbilo al ver dos focas vivas en la playa me hicieron pensar, por un momento, en esa fastuosa hora de la infancia cuando por fin se abre la puerta y el árbol de Navidad en todo su esplendor aparece ante nuestros ojos.” (Sur, pp. 247-248).